Entrevista a Juanga: “Somos diamantes en un cuerpo”

por Alejandra M. Zani

Juan Gavioli (Juanga), compositor, cantante, guitarrista y arreglador cordobés, estudió composición en La Colmena, Escuela de Músicos de Córdoba. Durante su adolescencia formó parte de The Greets, banda tributo de los Beatles que en 2009 ganó un concurso que les permitió tocar en el mítico The Cavern (Liverpool, Inglaterra). En 2010 presentó “Todos los días más”, disco de gran repercusión de su banda de rock-pop, Avant-Premiére, y un año más tarde decidió mudarse a Buenos Aires para vivir nuevas experiencias que le permitieron comenzar su camino como solista.

En 2013 comenzó un arduo proceso de composición que culminaría en la grabación de su nuevo disco, Elemento, en el que cuenta con la participación de músicos como Niko Garay en el Teclado, su hermano Santi Gavioli en los sintentizadores, Joaquín Muro en trompetas, Gabriel Lanatti en el Bajo, Violeta García en los cellos, Kaco Cornacchione en la Batería, Tomás Susevich en  percusión electrónica y más sintes, Aimé Cantilo en los coros. En una entrevista exclusiva para La Primera Piedra, Juanga nos acerca a  la presentación de Elemento que tendrá lugar el próximo 8 de julio en el Centro Cultural Matienzo. 


¿Cuándo arrancaste con la música?

Soy de Córdoba y estuve haciendo música desde muy pibe allá. La música es algo que estuvo en mi familia siempre. Cuando éramos chicos, mis viejos ponían música clásica para que escucháramos cuando nos sentábamos frente al fuego. Ese es uno de mis recuerdos más viejos con la música. De chico me gustaba cantar. Mi viejo me enseñó a tocar la viola, y después agarré un poquito el piano. Cuando mis viejos me preguntaron qué quería estudiar, dije que iba a ser músico, y ellos me apoyaron. Mi hermano toca conmigo, es tremendo músico, y va a tocar también en la presentación del disco.

¿Qué te trajo para Capital?

Las ganas de conocer experiencias nuevas. En Córdoba hice un montón de cosas. Con una banda que tuvimos allá, The Greets, hacíamos temas de los Beatles y fuimos a tocar a Liverpool. Concursamos en Buenos Aires, así también descubrí esta ciudad con tantas posibilidades, y ganamos el concurso y fuimos a tocar a Inglaterra. Más adelante tuve Avant-Premiere, que fue mi primer banda posta con la que pude compartir mi música. Tocamos en la sala de la Ciudad de las Artes, en Córdoba, y quedó un hermoso registro. Pero con ambas bandas pasó la típica. Cada uno empieza a seguir caminos separados, y yo decidí venir para acá. Al principio estuve viviendo más la calle, que sentí que me faltaba, y dejé de estar bastante en el núcleo familiar. Me separé de mis viejos, de mis tíos, amigos, a veces hasta de la música, y ahí me curtí bastante. Eso se vio reflejado, dos años después, en la música que empecé a componer. Era música nueva y tenía de qué hablar. Todo lo que había vivido esos dos años desde el 2011 al 2013, necesitaba contarlo en ese momento.

¿Empezaste a componer como solista por decisión propia o porque así se dio?

En el fondo, siempre supe que iba a terminar siendo solista. No sé si tiene que ver con que soy escorpiano, o qué, pero siempre tuve algo solitario. Si hay algo que quiero decir o sacar, lo tengo que hacer, y a veces en las bandas eso no está permitido porque hay que ponerse de acuerdo en algo que represente a todos. En el 2013 lo decidí realmente. Me quedé sin Avant-Premiére, ya no tocaba en The Greets y era hora de armar un nuevo proyecto. Arranqué tocando en bares con la compu, loopeando y con la guitarra, y en un momento ese proyecto empezó a caminar piola. Conocí músicos zarpados que se coparon con los temas, y empecé a armar mi banda, que es la que me acompaña hoy. Son grandes músicos y amigos. Niko Garay, Ernani Iuso, Gabriel Lanatti, mi hermano Santi, Nico Vélez y Juli Malosetti.

¿Todas las canciones de Elemento fueron compuestas, producidas y grabadas por vos?

Me di cuenta de que si quería crecer con el proyecto, tenía que tener material sólido, y grabé mi primer disco. Arranqué sólo en mi casa. En Córdoba ya había laburado como técnico: grababa y mezclaba a los alumnos de primer y segundo año en los estudios de La Colmena. Ahí aprendí cómo manejar los programas de grabación y cómo lograr un buen sonido. Como no tenía mucha guita, porque siempre viví de la música, y hace un tiempo ya que me banco solo, me di cuenta de que me podía ahorrar mucha plata usando los programas por mi cuenta. Por eso tardé un año y medio, también, y cuando juntaba algún dinero, iba a un estudio bien equipado para regrabar con mejor calidad. Mi hermano grabó todos los sintetizadores, Niko Garay varias teclas, Gabi Lanatti un par de bajos, y después hubo varios invitados tremendos. Aimé Cantilo, Joaquín Muro, Violeta García, Kaco Cornacchione y Tomás Susevich. Después pasaba lo grabado en casa por las máquinas del Estudio Bulo, de Nacho de la Riega, y se adquirió una sonoridad mucho más piola.

¿Cómo fue llevar ese proceso de producción sólo?

No fue del todo sano. Me puse un poco loco y tuve que ponerlo en pausa mucho tiempo porque me sentaba y ya no entendía lo que estaba pasando. Hacía mi vida durante esa pausa y después lo retomaba con la cabeza fresca. Pero quedé muy contento con el resultado. Lo ponés al lado de cualquier disco y no se queda atrás. Lo terminé el año pasado y lo lancé online en Bandcamp, Youtube, y para descarga gratuita en mi página. Ahora se encuentra también subido a todas las plataformas más usuales, como Spotify o Itunes. Este año en el verano fuimos a tocar a Uruguay, y pude hacer algunos discos físicos gracias a Juan Sánchez, que es un amigo copado de la música y que está ahí siempre ayudando a los músicos emergentes. Él labura con Ulises Butrón y me dijo “loco, no puede ser que no tengas un físico”, y me ayudó con el tema de ubicar los diseños, que son de una gran artista que admiro y quiero mucho, Aymará Mont. Gracias a Juancito pude arrancar este año con un par de discos en la mano. Sólo quedaba pendiente la presentación, el cierre artístico, que no solo se escuche, sino que se vea en vivo a toda la banda tocando los temas con ese calor del momento, y de ahí sacar un buen material audiovisual.

¿Cuáles son los músicos que te marcaron?

Tuve muchas etapas. Toda mi infancia y mi adolescencia me la marcaron los Beatles. Me gustaba Fito. Y también muchas bandas que se ponían de moda como Oasis. A partir de los 20 años, cuando empecé a abrir un poquito la cabeza, ya la entré a flashear fuerte con Spinetta, Cerati, Charly. Que obviamente me gustaban de siempre, pero de más grande pude comprender sus obras desde un lugar más profundo. Cuando me gusta un artista, me saco los temas, me los aprendo y los canto todo el día. Estoy teniendo una época con Radiohead que me voló la peluca desde hace un tiempo y que ahora con el disco nuevo estoy en trance. Me siento cómodo escuchando música que me gusta. Es una ciudad jodida, Buenos Aires, y a veces me pongo los auriculares, voy escuchando al Flaco, Piazzolla, Chet Baker o Radiohead, y está todo bien. Me siento protegido por toda esa música.

Tus letras, ¿cuentan tus historias?

Me gustaría a veces poder crear canciones que sean como una obra de teatro, poder separarlas de lo personal, pero todavía no pude. Mis letras siguen reflejando mis historias. Mis primeras canciones, en el nivel de la letra, eran espantosas. Después con el tiempo, empecé a escuchar de qué hablaban las canciones de los grandes (y cómo), y comencé a prestar más atención y a escribir cosas más lindas. Cuento situaciones reales, relaciones que tuve, viajes, las cosas que me gustaría que pasen, cosas que me digo y me recuerdo a mí mismo. Nosotros, cuando escuchamos a un artista, solemos pensar que el loco lo tiene todo súper resuelto, pero a veces pienso que capaz que no. Capaz que el loco está cantando eso porque lo quiere resolver. A mí me pasa eso. Hay muchas letras que siento que bajaron así. Me llega la info de un nuevo camino que debo seguir, y ahora hay que recorrerlo, hacerle caso y ser coherente con eso. El arte no se puede explicar.

¿Qué es lo más duro de vivir en la ciudad, como músico?

En Córdoba estaba más cómodo. Es mi ciudad, estaba mi familia. Acá vinimos un gran grupo de amigos músicos y al principio estuvimos muy unidos. Eso nos ayudó mucho. En Buenos Aires el ambiente es bastante hostil si no le metes el pecho. Hay que luchar todos los días con un montón de cosas. Yo lucho con seguir laburando de sonidista, dando clases de guitarra, y algún día vivir de mi música genuina. Estoy agradecido de estar laburando de la música, y no en una oficina.  Uno es lo que hace. Más allá de los ideales, somos lo que hacemos día a día y en cada momento, así que no quiero hacer algo que se contradiga con lo que pienso o con lo que espero. Me banco no ganar un mango y llegar con lo justo, porque es lo que elijo. Me quiero dedicar a mi arte, y si todo sale bien, pienso vivir de eso. Estoy haciendo música, y eso es lo más importante.

¿Elemento tiene algo que ver con dejar correr esa energía?

El otro día leí una frase que decía que no somos seres humanos teniendo experiencias espirituales, sino que somos seres espirituales teniendo una experiencia humana. Somos mucho más que lo que vemos. Damos por hecho muchas cosas, pero la conciencia está mucho más arriba de lo mundano. En el disco quise dejar en claro la idea de que somos elementos, como el agua, el fuego y el viento, estamos compuestos de eso, y cada uno de nosotros es un elemento. Somos personas distintas, particulares, un engranaje. Cuando estamos unidos y cada uno desarrolla bien su función, las cosas fluyen y siempre salen bien. Cuando empezamos a cagarnos entre nosotros, cuando uno trata de acaparar todo, ahí empezamos a fallar, y ese es quizás uno de los graves problemas que tenemos como raza. Podríamos vivir todos más felices y mejor de lo que estamos. Pero estamos en este momento de la evolución, por eso quiero que estas ideas queden en el arte, ya sea en la música o en la pintura o cualquier tipo de obra. Yo lo siento así. Nos veo como un diamante dentro del cuerpo. Eso es lo que visualizaba cuando pensaba en el elemento: lo elemental de cada uno. Son cosas de las que ya habló Spinetta, y ya hablaron muchos otros artistas y pensadores. Hay que seguir creyendo en esa idea divina.

¿Cómo ves el escenario actual en Capital para las bandas emergentes?

Hay lugares súper piolas para mostrar lo que uno hace, pero esta complicada la situación en todos los ámbitos. En la cultura se puso difícil porque con los precios de las cosas muchos lugares tuvieron que cerrar o no pueden mantenerse. Igual creo que la cultura siempre estuvo y estará. Si tuvimos una dictadura en la que Charly estaba cantando Alicia en el País en medio de tal espantosa situación, y lo pudo hacer y trascender, así como él tantos otros, es una de las pruebas de que la cultura no se puede derrotar. Se le puede poner trabas, pero el arte siempre se termina escapando, no se puede silenciar. Ahora es un momento complicado, pero no me preocupa. No me quita el sueño. Si el arte es bueno, en algún momento va a salir a la luz. Como dice Atahualpa en el poema “Destino del canto”, la tierra señala a sus artistas, son elegidos de la tierra. Podés ponerle trabas o ignorarlo, pero eso tarde o temprano va a crecer igual, porque así fue señalado por el cosmos, que es algo mucho más grande, que aún ni comprendemos.

¿Cómo estás con el próximo Matienzo?

Como loco. Me tengo que encargar de muchas cosas juntas. El 8 de julio se presenta el disco en vivo en el Matienzo a las 9 de la noche. Se va a grabar con 4 cámaras así que va a quedar registro de todo. Vamos a poner visuales, van a haber luces, va a ser un show decorado. Venimos bien, pero falta un mes. Cuando falte una semana voy a tener que estar tomando té de jengibre todos los días y meditando todo el tiempo (risas). Hay que hacer toda una lucha para llegar al momento donde alguien pueda moverse por vos y que vos puedas dedicarte sólo a tu música. Por ahora, yo estoy encargándome de muchas cosas, y por eso los tiempos son más lentos. Estamos en una época independiente, todos hacen un poquito de todo, y en esa estamos.

Foto de portada: Jade Sivori

Pintura / Aymará Mont

 Body Art / Flor Esquibel
No te pierdas a JUANGA el próximo viernes 8 de julio en el Centro Cultural Matienzo. 
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