Entrevista a Morbo y Mambo: “Fuimos degenerados desde el principio”

por Alejandra M. Zani

Nacida en Mar del Plata a fines de 2006, Morbo y Mambo es una banda que transita numerosos géneros, desde el afro-beat y el afrodub hasta el hard rock, y que no tiene intenciones de estancarse en ninguno de ellos. En 2008, los músicos marplatenses se mudaron a Capital Federal y comenzaron a tocar en los escenarios porteños. En 2009 grabaron su primer EP, Das Papier, al que luego sumaron una serie de producciones: Handleness (2011), Morbo y Mambo (2011), su disco debut, y Boa (2014). En 2013 fueron teloneros de la banda australiana Tame Impala, y hoy cuentan con más de 19 mil seguidores en Facebook.



En una entrevista exclusiva para BOALa Primera Piedra, Mateo G. Aguilar nos abre las puertas de La Fábrica, lugar de ensayo y de creación artística de la banda, y nos adelanta de qué se tratará el ciclo llamado “Noches de Morbo” que tendrá su apertura el próximo sábado 9 de abril en el Club Cultural Matienzo“Nunca estuvo el prejuicio de etiquetarnos en un género. Fuimos degenerados desde el principio”.

Morbo y Mambo son:  MATEO: Batería MANUEL: Bajo NACHO: Guitarra MAURO: Teclado BARREY: Percusión MAXI: Trombón ANDRES: Trompeta.

─¿Cuándo empezaron a tocar todos los que forman parte de Morbo y Mambo?

─Nacimos en Mar del Plata, de donde somos todos. En ese momento, los que nos juntábamos a tocar, antes de ser Morbo y Mambo, eramos Manuel, mi hermano, Carla TuVieja Flores, que es su pseudónimo de diseñadora gráfica y siempre se encargó de los visuales, aunque era la guitarrista, Noelia Pollini, Fermín Echeveste y yo. Esa fue la formación del primer show. Nos empezamos a juntar a tocar en el verano de 2006, sin idea de nombre o de banda, sólo a groovear. Ese año, Manuel, Carla y Fermín se vinieron a Buenos Aires a estudiar, y al siguiente verano sacamos una fecha en la Biblioteca Pública Municipal Leopoldo Marechal de Mar del Plata. Sólo después de tener la fecha empezamos a componer. Desde el principio a contrarreloj, ese es el modo de componer de Morbo, con la soga al cuello.

─¿Fue ese día, entonces, que descubrieron que querían tomárselo más en serio?

─Ese día nos dimos cuenta de que había pasta para algo. Ese año tocamos en Mar del Plata, y a fin de ese año, también, tocamos en Buenos Aires. Tocamos un montón para ser una banda nueva. Y a nuestros shows iba bastante gente. Nunca estuvo el prejuicio de etiquetarnos en un género. Fuimos degenerados desde el principio. Ya para febrero de 2008 nos vinimos a vivir acá. En ese momento ya estaba integrado Mauro en percusión y efectos. No teníamos sala de ensayo, ensayábamos sólo para los shows, pero yo trabajaba en un hostel de un pibe de Mar del Plata, acá en Buenos Aires, y era un hostel muy de joda, entonces tocábamos ahí y era como un ensayo en vivo. Había que entretener. La diferencia era que había que curtir como banda de entretenimiento, tocábamos nuestra música, y a la performance había que quitarle la impronta de ensayo. Eso nos curtió del vivo. Nos marcó mucho la manera de componer para siempre. Salían cosas muy buenas de esperar lo mejor del otro.

─Y esta idea de ser una banda sin género, degenerados desde el principio, como dijiste, ¿fue una decisión premeditada o decantó por los diferentes estilos de cada integrante?

Al principio, Manu y yo éramos los que por ahí teníamos el bagaje musical más parecido, habíamos hecho hard rock, punk, stoner, ese viaje los dos, pero Noelia era una pianista con formación clásica, Fermín venía más del jazz pero tocaba vientos en una banda de ska, y Carla venía de una onda un poquito más alternativa, le gustaba mucho Pez, por ejemplo. No nos gustaba a ninguno una banda que se casar con un solo género. Es decir, nos gustan esas bandas, pero no queríamos ser ninguna de esas. En ese sentido sí, fue bastante premeditado, pero con la cuota de incertidumbre de “a ver qué ponemos en la mesa”. La batería y la percusión es lo que más define un estilo. Los demás pueden estar tocando lo mismo, pero si el percusionista o yo cambiamos la clave rítmica,  ya estamos en otro universo. Eso pesa, a veces.

─¿Siempre que componen empiezan zapando?

─No siempre, pero es algo que ha estado siempre, y los residuos van quedando. En el estudio han salido cosas zapando que después terminaron siendo caballitos de batalla del repertorio. También hay cosas que están compuestas y las llevamos más trabajadas, pero siempre nos dejamos un momento, cuando vamos al estudio, para improvisar. Sabemos que pueden salir cosas buenas. De hecho, todas las grabaciones de Morbo han sido con todos tocando al mismo tiempo. Aunque marcamos lo que cada uno tiene que hacer, hay espacio para la imaginación y nadie le dice nada al otro si no lo sigue al pie de la letra. Pero estamos no queriendo repetir las fórmulas, así que las próximas grabaciones no vamos a hacerla todos juntos, sino que va a ser una idea más redondeada y le vamos a dar una forma más como banda.

Es muy difícil no repetirse y hacer otra cosa igual de interesante saliendo de tu zona de confort. Dejamos atrás las peleas entre nosotros que están un poco más aplacadas. Éramos bastante cabrones, yo sobre todo, que llegué a irme de la banda. No por decisión propia, obvio. Musicalmente, tiene que pasar algo que sea un quiebre en la vida de Morbo, pero todavía no dimos con la tecla. Estamos viendo qué puede pasar con un tema cantado. Yo creo que todavía no abrimos el abanico lo suficiente para que la gente que no escucha Morbo nos escuche, pero no creo que sea algo ‘perseguible’, sino que tiene que ser natural.

─¿Por qué eligieron el nombre Morbo y Mambo?

Es una música un poco subjetiva. Cada persona le agrega su significado. Toda la música es así, pero tenemos la gran diferencia de ser una banda que no es de un solo género, y en ese punto estamos buscando un nombre que representara cosas muy abiertas para cada persona. Mi morbo no es el mismo que el tuyo, y mi mambo no es el mismo que el tuyo. Y mambo no se refiere al ritmo latino, sino a la connotación argenta de ‘tener un mundito en la cabeza’. Nos salió por eso y nos sentó bien. Queríamos un nombre que fuera pseudomisterioso y al mismo tiempo que fuera medio pícaro.

─Después de tantos años de trabajo juntos, ¿es un desafío tener que producir cosas nuevas?

─Estamos arañando los diez años y tenemos sólo dos discos y cinco canciones entre dos EP. Nos gustaría que nuestra producción fuera mayor. Estamos trabajando en cosas nuevas, por supuesto, pero no puedo adelantar mucho todavía. La banda cambió de formación casi todos los años. Manu y yo estuvimos desde el comienzo, pero tampoco te diría que nosotros somos el núcleo duro, porque siempre hubo otra gente.

─Desde su primer EP, Das Papier (2009), hasta su segundo disco, Boa (2014), ¿qué sentís que permanece intacto y qué sentís que cambió drásticamente?

─Hay cosas que hemos dejado atrás y eso está bueno. A veces somos presos de nosotros mismos. Esas cosas que cambiamos son las que a veces no nos daban resultado, pero otras veces si nos daban resultado, y muy buenos. Pero somos muy inconformistas en el sentido de decir “esto ya lo hicimos”. Es muy difícil no repetirse y hacer otra cosa igual de interesante saliendo de tu zona de confort. Dejamos atrás las peleas entre nosotros que están un poco más aplacadas. Éramos bastante cabrones, yo sobre todo, que llegué a irme de la banda. No por decisión propia, obvio. Musicalmente, tiene que pasar algo que sea un quiebre en la vida de Morbo, pero todavía no dimos con la tecla. Estamos viendo qué puede pasar con un tema cantado. Yo creo que todavía no abrimos el abanico lo suficiente para que la gente que no escucha Morbo nos escuche, pero no creo que sea algo ‘perseguible’, sino que tiene que ser natural. 

─Ahora están arrancando un ciclo en el Matienzo, “noches de Morbo”, ¿de qué se trata?

─Para este ciclo de un solo género estamos tomando la idea en hacer foco en un solo género. Hay más muestras de ese universo. Somos nosotros haciendo un solo género, pero cada fecha va a ser diferente, y ese es el gustito extra del ciclo.

─Otra gran distinción de Morbo y Mambo es que es una banda sin cantante, es decir, que no respeta la típica formación. ¿Fue una apuesta, como banda, por la instrumentalización?

─Primero fue una imposibilidad. No podíamos cantar lo que nos gustaría cantar. No era la liga en la que estábamos jugando al principio. Cuando recién empezábamos, no queríamos que nos condicionara la idea de ser una banda a la que la gente iba a ver sólo porque les gustaba el cantante. Nos gustaba nuestra música. En este momento estamos sintiendo que estamos tocando el techo de la cantidad de gente que puede escuchar la música instrumental, pese a que la música electrónica dio un avance en romper la estructura del cantante estrella ahí adelante. Pero tener un cantante siempre garpa, y a nosotros nos encanta. Yo no escucho más música instrumental que con voz, sino al contrario. Le estamos buscando la vuelta. En el principio no nos preocupaba, ahora un poco más. Es muy difícil ganarse un lugar siendo una banda instrumental, y el lugar que nosotros hemos ganado, todavía me sorprende.

─Al no seguir la formación típica, en vivo, ¿tienen espacio para la improvisación en escenario?

─En otro momento, a mí, se me dejaban hacer más cosas. Siguen pasando cosas, por supuesto. En el ciclo “noches de Morbo” vamos a hacer dos sets, uno de improvisación y otro de la lista reversionada, pero yo soy el que la tiene más complicada porque si cambio mucho el piso de lo que va a pasar, a veces se asustan, jajaja.

─¿Cómo es la relación que mantienen con su público?

─Por suerte vemos gente muy diferente en cada show porque tocamos en diferentes instancias con diferentes puestas en escena. Antes, Carla era la que más interactuaba con el público, y ahora es Maxi, que la re agita. La gente espera una cosa de un cantante y espera otra cosa de nosotros. Por suerte ya rompimos ese prejuicio de “ah, ¿no cantan?”, pero por otro lado para pasarte en la radio, por ejemplo, se necesita un tema cantado, sino te ponen de cortina.

─¿Cuál fue el salto que pensás que pegó la banda y que los condujo a donde están ahora?

─Capital es un lugar mucho más factible para que pasen cosas que Mar del Plata. En un momento dejamos de tocar en cualquier lado. Ya no tocábamos en lugares donde el sonido fuera malo o el arreglo fuera medios choto, y nos empezamos a mover en un ambiente menos hippie que en nuestros comienzos. Siempre se cortaban tickets, la cosa andaba y la gente siempre venía.

El volumen del subte, que te deja sordo, es más fuerte que el sonido que te permiten tocar en lugares que se supone son insignes de la cultura independiente, como para ponerte un ejemplo, el Konex.Ese tipo de dicotomías están por todos lados. Nuestro gasto de producción en una sola fecha se traduce en un subsidio, si es que te lo dan, anual. Políticas de maquillaje que no tienen el mínimo alcance y que estimula una mala producción.

─Trabajan mucho, también, con lo visual en algunos shows. ¿Qué es lo que agrega eso a Morbo?

 Tenemos un video, Taguzaz, que es bastante ominoso. Lo hizo el hermano de Pacheco, Julian González. También para el show de Caras y Caretas usamos material de una película que hizo él para el detrás de la banda. La presentación de Boa fue sólo con luces. La de este año fue con bloques de pantallas led desacopladas en escenario. Pero es difícil estandarizarlo y tenerlo siempre. Pero creemos que hoy la imagen tiene gran importancia en la cultura, y para una banda, la imagen y lo visual que acompaña el audio muchas veces construye la imagen. Otras veces eso le quita, también, un poco de peso a la música. A Morbo, en particular, la gente nos conoce porque nos escucha en vivo, y eso es lo que hay que rescatar.

─¿Cómo ves el escenario político de hoy para las bandas emergentes de Capital?

─Horrible. Lo veo muy feo. El volumen del subte, que te deja sordo, es más fuerte que el sonido que te permiten tocar en lugares que se supone son insignes de la cultura independiente, como para ponerte un ejemplo, el Konex. Ese tipo de dicotomías están por todos lados. Nuestro gasto de producción en una sola fecha se traduce en un subsidio, si es que te lo dan, anual. Políticas de maquillaje que no tienen el mínimo alcance y que estimula una mala producción. Nosotros, siendo una banda que al principio no tenía disco, los flyers o las tarjetas que diseñaba Carla nos abrió mucho el juego. Cosas así no están estimuladas. Los clubes culturales donde podemos tocar son cagados a palos, los clausuran todo el tiempo, y los lugares para tocar en general son malos. Hay algunos que han mejorado, pero progresar, acá, es muy difícil. Los colegas se cagan el trabajo entre sí. Y desde el Estado, no están presentes ni un poco. Yo trabaja en el mejor lugar del Estado, el Centro Cultural Kirchner, y ahí sí había cosas muy bien hechas para incluir artistas independientes. El INAMU funcionaba bárbaro, recibimos subsidios para pasajes al interior, y funcionaba, esas cosas existían, y hoy ya no. Nada que no de un crédito enorme publicitario no existe para ellos.

Dónde escuchar Morbo y Mambo:
Facebook
Bandcamp
Youtube
Otras entrevistas que pueden interesarte:
Otro Mambo
Las Taradas
Paula Maffía
Nahuel Briones
La Familia de Ukeleles

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

7 Comentarios

Dejá tu comentario