¿Qué es la poesía? #25 – Irene Gruss: “La mala poesía pasa en todas las generaciones”

por Gustavo Yuste

“El poema es ficción. Ficcionar no es inventar, es hacer un objeto estético con lo que te pasa o con lo que pasa en general”, sostiene Irene Gruss, una de las poetas claves dentro de la literatura nacional. Parte de una generación con grandes autoras,  afirma: “En mi generación también hubo poetas mediocres y fueron publicadas. Yo quiero remarcar la creación y la calidad”. Además, su visión sobre el movimiento feminista actual y los recuerdos de la época de la dictadura cívico militar, en la siguiente entrevista.



Sobre la autora

Irene GrussIrene Gruss nació en Buenos Aires en 1950. Formó parte del grupo de poetas que fundó, a comienzos de los años 70, el taller «Mario Jorge De Lellis», desde el que actuó un movimiento que significó, a la vez, la continuación y el replanteo del coloquialismo que animó la poesía de los ’60. Publicó El mundo incompleto (1987), La calma (1991), Sobre el asma (1995), En el brillo de uno en el vidrio de uno (2000), entre otros libros.


“Hay que hablar de creación sobre todo, yo no escribo porque soy mujer únicamente”

Irene Gruss ocupa un lugar central dentro de la poesía argentina. Parte de la generación de los 80’s que dio una vuelta de tuerca al género, y con una gran presencia de autoras mujeres, su obra es leída a través de las generaciones. En ese sentido, remarca el carácter de ficción que carga la poesía, en contra de las lecturas más confesionales a las que se la suele asociar. “Ficcionar no es inventar, es hacer un objeto estético con lo que te pasa o con lo que pasa en general. No es algo que te sale todos los días”, señala a La Primera Piedra.

En esa dirección, su célebre poema “Mientras tanto” fue leído de múltiples maneras, remarcando tanto su costado literario como el trasfondo político que se logra ver.  Sin pelos en la lengua, asegura: “Me chupa un huevo que ese poema haya sido mal leído, han llegado a tratarme de cómplice por ese poema o por quedarme en el país durante la dictadura. También me dijeron que era una genia por ese poema, pero tampoco me importa”. A continuación, un diálogo extenso y más que interesante con una autora que no le tiene miedo a decir lo que piensa.

— En entrevistas que realizaste antes, relacionás mucho el concepto de musicalidad en relación con la poesía, sobre todo teniendo en cuenta tu pasado como coreuta. Por ejemplo, dijiste que “la poesía es música pero con la boca cerrada”. ¿Seguís pensando lo mismo?
— Sí, yo dije que ahora canto con la boca cerrada. Sigo pensando lo mismo, porque el no cantar es una reverenda cagada, una maldición. Es algo que me pasa como cuando era chica, que me llevaban a ver a los títeres o al teatro: yo no podía meterme en el juego, no podía participar. Y el canto hace eso, participar, poner el cuerpo y la voz.

— ¿La poesía te permitió meterte en el juego en cierto punto?
— No, al contrario, es una incomodidad terrible, porque no estás con el otro, hablás sola con el otro.

— ¿Y en tu rol de lectora? ¿Ahí sí podés meterte en el juego del otro?
Ah, ahí entro. Si no entro, me pregunto qué me pasa a mí que no puedo hacerlo. También puede ser que el texto tenga la intención de que el otro no entre, porque al autor no le interesa. Eso es lo contrario, creo, a lo que se debería hacer, porque escribir es generoso. Si bien cuando yo escribo, escribo para mí, también lo hago para el lector de la manera menos explícita posible. No me gusta lo literal tampoco.

“Escribir es generoso. Si bien cuando yo escribo, escribo para mí, pero también para el lector lo menos explícitamente posible. No me gusta lo literal tampoco”

— El recurso de lo literal, ¿lo ves como una marca de la poesía contemporánea?
— Sí, joven y no tan joven. Libros de gente que tiene cuarenta y largos y, al leerlos, pienso “¿Y qué querés que le haga?”. Es una marca que viene desde los 90’s, ¿no? La mala poesía pasa en todas las generaciones.

—En relación a eso, me interesa rescatar un concepto que vos nombras varias veces, que es meter la ficción dentro de un poema. ¿Cómo trabajás eso?
— Claro, más que meter ficción en un poema, el poema es ficción. Vos podés contar la muerte de tu madre, pero no es un poema. Ficcionar no es inventar, es hacer un objeto estético con lo que te pasa o con lo que pasa en general. No es algo que te sale todos los días. La literatura es ficción, salvo los ensayos, claro, pero vos leés a Ricardo Piglia y el ficciona, es un tramposo (risas).

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Irene Gruss


— Retomando lo que decías de escribir para uno y para el otro, declaraste sobre el uso de la ironía dentro de tu poesía y cómo eso puede afectar la entrada del lector a un poema. ¿Qué hacer ante ese doble filo que tiene la ironía?
— La ironía yo la usé a la manera de Juana Bignozzi, pero a mí personalmente me sale escribir de esa manera. Ella lo hacía para alejarse y, encima, para ponerse por encima. Yo me di cuenta de eso muchos años después. El trabajo de la ironía no es solo ir en contra de la autocompasión, sino que hay que preguntarse: “¿Vos quién sos para ponerte por encima de las cosas y usar gags?“. Eso te aleja. Yo me río y lloro dentro de mis poemas, pero trato de evitar lo último, porque sino me pondría demasiado dramática. Por ejemplo, hace poco me convocaron para un estudio sobre mujeres en la dictadura. Yo contesté que tanto yo como Daniel Freidemberg, por entonces mi marido, la pasamos muy mal, no empecemos a separar a los nenes con con los nenes y las nenas con las nenas.

El trabajo de la ironía no es solo ir en contra de la autocompasión, sino que hay que preguntarse: “¿Vos quién sos para ponerte por encima de las cosas y usar gags?“. Eso te aleja.

— En referencia a la dictadura, es conocida la polémica que se generó con el poema “Mientras tanto”, ¿por qué pensás que se leyó de mala manera?
— Encima eso, fue el único poema que escribí sobre el tema. Ni siquiera era un poema explícitamente contra la dictadura, lo escribí porque era mi realidad. A mí no me sale escribir programáticamente, es como los cuervos que van buscando la carroña. Me chupa un huevo que ese poema haya sido mal leído, han llegado a tratarme de cómplice por ese poema o por quedarme en el país durante la dictadura. También me dijeron que era una genia por ese poema, pero tampoco me importa. La persiana realmente no andaba, pero tampoco la queríamos abrir porque teníamos un cagazo tremendo. Yo nunca sabía si mi marido podría volver.

— María Moreno hace un rescate de ese poema en Oración (Random House, 2018), sobre cómo era vista la militancia de la mujer en esa época. Ella se detiene en los versos que hacen referencia a lavar la ropa.
— 
Mirá, qué hija de puta (risas), todavía no lo pude leer. Nos queremos mucho con ella. Yo detesto las tareas de la casa, incluso cocinar y mirá que me gusta comer rico, está a la vista, pero lavar la ropa se transformó en un leitmotiv dentro de mi literatura. Igual, repito, me importa tres carajos lo que decían.

(Leer nota relacionada: La deconstrucción de la memoria: Rodolfo y Victoria Walsh, por María Moreno)

— ¿Estás en contra de los planes programáticos dentro de la poesía?
— Uf, no te puedo explicar. Yo tengo varias series de poemas, pero no fueron programáticas. Me salía un poema detrás de otro y hasta que no los terminaba, no podía parar.

El feminismo superficial me está agotando, porque yo lo considero útil si tenés en cuenta la conciencia de clase. Las pitucas que te hablan de violencia de género en la televisión, no saben lo que pasa en las villas y si lo saben, se hacen las boludas.

– En estos últimos años, hubo una mayor visibilización de la lucha feminista y la conquista de más espacios, ¿cómo ves ese movimiento?
– Yo soy adicta a las series, con la indemnización de Clarín me compré un televisor enorme. Ahora está de moda de The handmaid’s tale y me da bronca, porque es un morbo pseudofeminista y efectista. Si hay algo que a mí me hizo feminista fueron las mujeres de la inquisición. El feminismo superficial me está agotando, porque yo lo considero útil si tenés en cuenta la conciencia de clase. Las pitucas que te hablan de violencia de género en la televisión, no saben lo que pasa en las villas y si lo saben, se hacen las boludas. Lo mismo con las mujeres que están presas. Por supuesto que están saliendo a la luz cosas terribles, como pasa con las chicas trans. Hay que ir más a los bifes, con conciencia de clase.


Irene Gruss


— Hace poco, hablando con Paula Jiménez España, me dijo que ella se encontró en los 80’s y 90’s con un gran matriarcado dentro de la poesía argentina, del que vos eras parte. ¿Pensás que se abrió la puerta a una mejor lectura de esa obra?
— Hay que hablar de creación sobre todo, yo no escribo porque soy mujer únicamente. Dio la causalidad en que una misma generación coincidimos y Luis Mangieri, que era el editor, dijo “clink caja” y nos usó para sacar provecho dentro del mercado, yo no me hago la boluda con eso. Se trata de una camada muy buena -hablo por el resto de las chicas, no por mí-, pero ahí yo pensé que eso estaba muy centralizado, que faltaban las de las provincias. Años después hice la antología de poetas argentinas. En mi generación también hubo poetas mediocres y fueron publicadas. Yo quiero remarcar la creación y la calidad, a mí me gusta el punto de vista femenino, claro, pero siempre a la par. No escribo con el cuerpo, sino con la mano y un lápiz. Tampoco es un parto sacar un libro, a lo sumo lo es porque te sale un huevo y después no lo distribuyen.

(Leer nota relacionada: ¿Qué es la poesía? #24 – Paula Jiménez España: “Hay una posición mas asentada con respecto al género”)

En mi generación también hubo poetas mediocres y fueron publicadas. Yo quiero remarcar la creación y la calidad, a mí me gusta el punto de vista femenino, claro, pero siempre a la par. No escribo con el cuerpo, sino con la mano y un lápiz. Tampoco es un parto sacar un libro, a lo sumo lo es porque te sale un huevo y después no lo distribuyen.

— A la hora de escribir, ¿tenés alguna rutina o mecanismo?
— Sí, ¿podés creer que no consigo papel cuadriculado en ninguna parte? (risas) Puedo escribir donde sea y cómo sea.

— En relación a Música amable al fin (mágicas naranjas, 2012), ¿cómo tomaste que un poema tuyo pueda ser leído por un público infantil?
— A mí me lo ofrecieron, fue Osvaldo Bossi sobre todo. La gente de esa editorial es un encanto, a mi me gustó mucho la intención y el riesgo de hacer un libro así. Ahora, qué le pasa a un chico cuando lee eso, no tengo la más puta idea, porque yo soy muy dura.

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— ¿Te ha pasado tener momentos de silencio en tu escritura? ¿Cómo los llevaste?
— Sí, meses e incluso años. Hubo una época en la que me pesaba no poder escribir, pero ahora no me tortura para nada. Con la lectura puedo compensarlo.

— Por último, ¿tenés algún consejo para alguien que está empezando a escribir?
— Que lea mucho. Como decía Borges, que lo que no te entusiasme al leer tiralo, al menos por el momento. También le diría que se apasione a la hora de escribir, que tenga conciencia que lo que quiere hacer es un objeto estético y no un diario íntimo. Después de todo, hubo mucha gente que lo hizo mejor que vos y yo. Lo mejor que te puede pasar es ser personal, no escribir como lo hace una generación. Se está escribiendo mucho y al pedo.



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#1 Fabián Casas ; #2 Fernando Bogado;  #3 Washington Cucurto; #4 Diego Arbit;
#5 Osvaldo Vigna; #6 Hernán; #7 Margarita Roncarolo; #8 Mariano Blatt;
#9 Juan Desiderio; #10 Gabriela Bejerman; #11 Walter Lezcano; #12 Facundo Soto;
#13 Osvaldo Bossi; #14 Gabriela Luzzi; #15 Rodolfo Edwards; #16 Cecilia Pavón;
#17 Mariela Gouiric; #18 Fernanda Laguna; #19 Carlos Battilana #20 Griselda García;  #21 Andi Nachon; #22 Laura Wittner; #23 Horacio Fiebelkorn #24 Paula Jiménez España

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