La fiesta de la vida: donde todo puede ocurrir

por Laura Gómez

Una fiesta puede ser el mejor momento de una vida o el peor. Pierre y Helena van a casarse y, tras meses de planificación y deliberación, han decidido celebrar su boda en un imponente château francés del siglo XVIII. Max —wedding planner profesional con una gran compañía de empleados a su cargo— será el elegido para hacer de esta una noche inolvidable. La fiesta de la vida es el nuevo film de Olivier Nakache y Eric Toledano, creadores de películas como Amigos intocables y Samba.


El contexto de la fiesta es el primer acierto por parte de Nakache y Toledano, porque en una fiesta puede ocurrir casi cualquier cosa: lo mejor, lo peor, el hecho más insólito, la salida menos esperada, la anécdota cómica o el episodio trágico. El segundo acierto es el punto de vista elegido para contar este relato, que no es el de la dichosa pareja de recién casados sino el de los trabajadores responsables de la organización del evento, liderados por Max Angély (Jean-Pierre Bacri).

En esta clase de eventos, un wedding planner de la talla de Max pone —como quien dice— toda la carne al asador. El imponente castillo situado en la campiña francesa amerita la mejor recepción, de modo que el equipo de catering se prepara algunas horas antes y entra en acción para hacer de esta noche “la noche inolvidable”, aunque nada será tan sencillo. En el camino intervienen los personajes típicos que todos se han cruzado alguna vez en una fiesta de estas magnitudes: mozos, cocineros, lavaplatos, DJs, músicos, fotógrafos.

El film es divertido, tiene ritmo, cuenta con buenas actuaciones e incluye algunas escenas desopilantes como la de la sorpresa que el novio ha planeado para Helena y todos sus invitados (mayor sorpresa se llevará él) […] Las escenas más desopilantes tienen lugar en los entretelones de la cocina, detrás de bambalinas, en esa zona difusa y completamente negada para los invitados en donde se decide su suerte, al menos por esa noche.

El punto de vista es prioritariamente el de Max, quien además de ocuparse del evento enfrenta una crisis matrimonial, vive un affaire con una de sus empleadas y, ya un poco hastiado de la vida en estado de fiesta permanente, baraja la posibilidad del retiro. En medio de esas turbulencias personales debe organizar la boda de Pierre (un ególatra insoportable) y Helena, un personaje que tiende a diluirse en la trama aunque tiene algunos elementos que hubiesen podido profundizarse un poco más, como la relación que arrastra del pasado con uno de los mozos.

El film es divertido, tiene ritmo, cuenta con buenas actuaciones e incluye algunas escenas desopilantes como la de la sorpresa que el novio ha planeado para Helena y todos sus invitados (mayor sorpresa se llevará él). Los personajes de James, el DJ (Gilles Lellouche) y Guy, fotógrafo profesional (Jean-Paul Rouve), aportan buena parte de la comicidad que desparrama esta historia.  Las escenas más desopilantes tienen lugar en los entretelones de la cocina, detrás de bambalinas, en esa zona difusa y completamente negada para los invitados en donde se decide su suerte, al menos por esa noche.

La fiesta de la vida, una comedia francesa que ofrece un tono diferente del que solemos ver en la pantalla grande con los exponentes americanos del género. Gran opción para visitar las salas en verano y reírse con ganas.


FICHA TÉCNICA
Título original: Le Sens de la fête (La fiesta de la vida)
País: Francia
Año: 2017
Duración: 115 minutos
Género: Comedia | Bodas
Guión/Dirección: Eric Toledano, Olivier Nakache
Reparto: Jean-Pierre Bacri, Vincent Macaigne, Kévin Azaïs, Suzanne Clément,Gilles Lellouche, Judith Chemla, Jean-Paul Rouve
Música: Avishai Cohen
Fotografía: David Chizallet
Productora: Gaumont / Quad Productions

 

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