Entrevista a Silvina Giaganti: “La literatura es la posibilidad de encontrar procesos lentos”

por Gustavo Yuste

“Prefiero practicar lo provisional a la convicción, el matiz al contraste fuerte”, afirma Silvina Giaganti, que este año publicó su tan esperado primer libro: Tarda en apagarse (Caleta Olivia, 2017). Una poesía potente, precisa y a la vez reveladora recorre los versos de la autora. “Es necesario salir a conquistar otros mundos y eso puede aplicarse a la poesía, a irse del barrio, a dejar atrás mandatos de la sociedad sobre lo que sería una “vida normal”, señala al respecto. 



Sobre la autora

Silvina Giaganti nació en Avellaneda en 1976. Estudió la carrera de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Además es docente y brinda talleres literarios. Publicó sus textos literarios y periodísticos en numerosos medios de comunicación argentinos e internacionales. Tarda en apagarse (Caleta Olivia, 2017) es su primer libro publicado.

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En búsqueda de la tensión

Tarda en apagarse de Silvina Giaganti (Caleta Olivia, 2017) es un libro que habla de la vida sin rodeos: de la vida en particular o en general, como hacen los libros que están escritos en los límites de lo autobiográfico -y si decimos en los límites, y no autobiográfico del todo, es simplemente porque es un libro de poesía y la poesía también es ficción aunque esconda una verdad. En esa dirección, puede verse como un recorrido que abarca la infancia, los amores y todo lo que hace a la identidad de una persona.

Con una potencia puntutal y, a la vez, reveladora, la poesía de Giaganti tiene un fuerte componente narrativo, donde hay historias en cada poema y en el libro, como si cada página fuera la perla de un collar: brillante por sí misma, más brillante en su conjunto. Eso, que es algo difícil de lograr con un libro de poemas, es lo que generó que la autora decidiera demorar tanto la aparición de su primer libro, tal como cuenta a La Primera Piedra.

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La poesía de Giaganti tiene un fuerte componente narrativo, donde hay historias en cada poema y en el libro, como si cada página fuera la perla de un collar: brillante por sí misma, más brillante en su conjunto.

“Antes de Tarda en apagarse no había visto un libro en mi producción literaria. No me parecía que valiera la pena publicar hasta no estar segura de que hubiera una integridad dentro del libro, lo mismo con la presencia de una tensión”, señala al respecto. ¿Cómo pensar a la poesía en este momento histórico? ¿Es posible salir a conquistar nuevos públicos fuera del ambiente poético? Además, ¿cómo dejar atrás las clasificaciones machistas dentro del ambiente literario? A continuación, Giaganti da su punto de vista.


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La poesía como una derrota anticipada

— Solés tener una mirada crítica sobre el mundo poético, ¿por qué?
— A veces veo al mundo poético, que es pequeño, conformado por pequeños grupos que arman trincheras -a mi modo de ver innecesarias- para defender sus proyectos literarios y a la vez negar o criticar con bastante malicia otros proyectos. Hay poco liberalismo, en el buen sentido de la palabra, en el mundo poético.

— Eso que mencionás con respecto a la fragmentación en pequeños grupos, ¿atenta contra la búsqueda de ampliar el público lector? Muchas veces hay una sensación de derrota autoinfringida.
— Sí, veo dos cosas: por un lado lo que te mencionaba con respecto a esos grupos, que en vez de expandir su producción para buscar más lectores, intentan reproducir un discurso que los abroquela bajo determinadas ideas. Eso para buscar lectores es contraproducente, porque no tiene ventanas abiertas al mundo. Y, en segundo lugar, hay un discurso autoelogiosamente peligroso y falso que tiene que ver con atribuirle a la poesía un rol, como vos decís, de “auto derrota”.

El mundo poético se encarga de repetir esa idea de que la “poesía es para pocos”. Es una derrota anticipada: te da miedo ser leído y es un lugar cómodo decir que es para pocos.

— ¿En qué sentido es un discuro autoelogiosamente peligroso?
— Muchas veces se resalta como virtuoso que la poesía “no se lee”. Eso es decretar el certificado de muerte de la poesía. Además, se suele señalar que la poesía intimida, es para pocos, no para todos. Como el disco de Depeche Mode, no es música para las masas. Ahí reside el alejamiento de la poesía con respecto a los lectores. Hay que quitarle ese velo de dificultad, porque tampoco es cierto. No hace falta ser un experto para acercarse. Con la filosofía, en cambio, sí pasa eso.

— ¿Ese prejuicio de la poesía como algo inaccesible puede nacer de malas experiencias con el género? Pienso en el contenido curricular en el secundario, donde se ve poesía muy solemne y quizás poco o nada de corrientes más contemporáneas.
— Sí, coincido con vos. Muchas personas se quedan con eso, sobre todo los que no siguieron cosas relacionadas con las Letras. Lo poético no pasa de moda, pero sí las formas de decir, y eso puede alejar. Con la narrativa no pasa eso. De todas formas, hay una colaboración importante del mundo poético que se encarga de repetir esa idea de que la “poesía es para pocos”. Es una derrota anticipada: te da miedo ser leído y es un lugar cómodo decir que es para pocos.


Silvina Giaganti


Irse del barrio para poder mirar con distancia

— Pasando a Tarda en apagarse, se puede decir que es el caso contrario: es un libro que se leyó mucho y por fuera del ambiente poético. ¿Sentís que es un libro tardío como dice Santiago Llach?
— Mucho consideran que es un libro tardío, como Santiago Llach, que hizo un prólogo que me parece brillante. Lo dice por mi edad también (tengo 41 años) y en el mundo de la poesía contemporánea se suele arrancar antes. Pero antes de Tarda en apagarse no había visto un libro en mi producción literaria. No me parecía que valiera la pena publicar hasta no estar segura de que hubiera una integridad dentro del libro, lo mismo con la presencia de una tensión. En ese sentido, Tarda en apagarse puede leerse narrativamente, como una historia, hay una conexión entre los poemas.

— ¿La idea de publicar un libro o no nunca debilitó tu escritura?
— No, si bien publicar es un gran motor para publicar y, sobre todo, para corregir, yo escribo hace mucho tiempo y en varios formatos. A la hora de publicar quería ver algo con las características que te decía antes, no tenía una ansiedad muy grande y eso no me debilitó. Escribo siempre cuando y dónde puedo. Publicar, a su vez, genera que dejes de ser vos solo con tu escritura: un editor, alguien que haga un prólogo, los medios. Tarda en apagarse junta poemas que fueron escritos en los últimos cuatro años y llevó nueves meses de corrección.

Me tuve que ir del barrio para decir las cosas que antes no podía, aunque el barrio también me constituye, al igual que todos los lugares de los que en algún momento me fui.

— Lo primero que se puede leer en el libro es tu idea de “irse rápido del barrio”. ¿Cómo explicarías esa idea?
—  En principio, el barrio es el barrio, pero también es la casa paterna y materna, es el colegio que te mandaron y los amigos y las amigas que se te impusieron no por elección sino por localización geográfica. E “irse del barrio” es más que cruzar el riachuelo, es hacer el viaje de la vida para ir a buscarte a vos y a las personas y las cosas con las que te querés relacionar. A mí me gusta explorar las voces contradictorias que hay dentro mío y usarlas como material para la escritura. Me tuve que ir del barrio para decir las cosas que antes no podía, aunque el barrio también me constituye, al igual que todos los lugares de los que en algún momento me fui. Eso incluye relaciones, trabajos, el mundo universitario. A mí  me cuesta dar opiniones tajantes sobre lo que el otro debería hacer, por que fui criada en un contexto donde eso se me aplicaba constantemente, pero siempre creo que es saludable descubrir nuevos mundos por elección o necesidad. El barrio, ese mundo de 5 manzanas, en mi adolescencia temprana me empezó a quedar chico por cosas que me pasaban con mi sexualidad, mi sensibilidad, mi curiosidad. Ese lugar, que es todo lo que dije antes se convirtió en un claustro caracterizado por la homogeneidad: todo cortado con la misma tijera.

— Otra concepto que aparece al principio del libro es el de un cuerpo que puede atacar por error sus células sanas. No es difícil aplicar eso a lo que hablábamos antes sobre el ambiente poético, ¿no?
 Exáctamente (risas). Por más que el poema está ligado a la experiencia puntual de una enfermedad autoinmune como la esclerosis múltiple en el caso de una expareja. El ataque viene del propio cuerpo. Pienso que el boicot también es una enfermedad autoinmune y que probablemente el mundo poético del que hablábamos antes se genera esas enfermedades autoinmunes, creyendo incluso que eso es una fortaleza. También tiene que ver lo que te decía antes: es necesario salir a conquistar otros mundos. Y eso puede aplicarse a la poesía, a irse del barrio, a dejar atrás mandatos de la sociedad sobre lo que sería una “vida normal”.


Silvina Giaganti


— No tenés problemas en reconocer el fuerte componente autobiográfico que tiene Tarda en apagarse. ¿Creés que la literatura femenina estuvo históricamente mal leída y vista como una simple catarsis?
 Hace dos semanas leí un ensayo de Marina Mariasch sobre el feminismo que sostiene que lo doméstico en el hombre varón es pensado como universal. Cuando un hombre escribe un libro donde da cuenta de una experiencia amorosa, por ejemplo, es un “tratado universal sobre el amor”, pero cuando escribe una mujer es “cosa de chicas”, autobiografía o catarsis. Nunca lo que pueda llegar a tener de doméstico es pensado como universal. Esa es una manera sesgada y machista de leer la literatura, al igual que sucede en otros ámbitos, donde un gesto ejercido por una mujer es visto como doméstico.

— ¿Creés que ahora eso está cambiando?
 El hombre blanco tiene que entender que es una voz más entre tantas otras voces y, sobre todo, que no es la voz universalizable. Lo que sucede es que durante años se le otorgó ese carácter. Entonces, si bien no tengo problema en decir que este libro se apoya en historias propias, hay que dejar de pensar la literatura de las mujeres como algo autobiográfico. Es otra voz con la misma categoría, como una identidad más entre muchas otras. Además, lo personal es político.

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El hombre blanco tiene que entender que es una voz más entre tantas otras voces y, sobre todo, que no es la voz universalizable. Lo que sucede es que durante años se le otorgó ese carácter.

— ¿Cómo influyen en tu literatura tu historia dentro de la filosofía y tu militancia activa en el feminismo? En Tarda en apagarse pueden verse ambos factores reflejados.
 En principio, lo que puedo decir es que no creo elegir los temas, sino que más bien se me imponen. La escritura es un proceso de mediación de distintas experiencias, no es una foto. Yo escribo sobre lo que conozco de una manera más o menos íntima. Otra cosa no me sale, por más que escribir es adentrarse en aguas desconocidas. A mí me da pudor llamarme feminista, hay otras mujeres que merecen mucho más esa palabra por su compromiso y su conocimiento. Hay planteos sobre la amistad entre las mujeres, que para mí eso es una clave del feminismo. Con respecto al cómo decirlo, hay una intención de que nada suene demasiado definitivo, sino más bien provisional, como tanteando. Imaginate que todos los días me levanto pensando una cosa y a la noche me voy a dormir pensando otra, o la misma, pero en el medio la pensé diez veces. Prefiero practicar lo provisional a la convicción, el matiz al contraste fuerte. Igual, no sé si me sale.


Volver a pasar por los mismos lugares sin hacerse tanto daño

— En una entrevista reciente explicabas que para vos la poesía es una forma de poder entender el daño pasado.
 Sí, creo que la literatura en general tiene como magnetismo la posibilidad de volver a pasar por el mismo lugar haciendo un control de daños. Es una nueva oportunidad con respecto a la anterior, seguramente desperdiciada.

— En ese sentido, así termina el libro: “volver a pasar/ por el mismo lugar/ sin hacerse tanto daño”.
 Exactamente. Por más que en el poema no hablo de la escritura, pienso que es eso: comprender a la distancia lo que hiciste, lo que te hicieron, lo que fue atravesar un lugar o conocer a alguien. Es poder decir la verdad con control de daños. Yo no tengo programas poéticos, pero creo que la literatura que conmueve es en la que el autor dice su verdad. Eso no tiene por qué ser autobiográfico. Por ejemplo, uno de mis escritores favoritos es Richard Ford, y en general fabricó personajes ficticios.

La literatura en general tiene como magnetismo la posibilidad de volver a pasar por el mismo lugar haciendo un control de daños. Es una nueva oportunidad con respecto a la anterior, seguramente desperdiciada.

— Hace poco, hablando con Gabriela Cabezón Cámara, me señalaba que la literatura “ya no hace ningún ruido”, sobre todo en comparación con otros formatos como las películas o las series. ¿Cómo puede competir la literatura con otros consumos culturales en tiempos de Internet?
 Por lo general estoy bastante conectada con las redes, pero no soy una gran consumidora de series. Tengo una pata adentro y otra afuera de este mundo hiperconectado y creo que eso es lo que me permite seguir escribiendo. Coincido que es la era de las imágenes, por que generan un impacto mucho mayor, pero a la vez más efímero y segmentado. Muchos creemos que la literatura es la posibilidad de encontrar procesos lentos. Escribir y leer son procesos lentos. Eso permite la posibilidad de pensar.

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Silvina Giaganti


— Después de tanto tiempo de espera, ¿qué sentiste con el libro publicado?
 Hace apenas un mes y medio que lo presentamos en Casa Brandon y para mí es como si hubiera pasado un año. Además de lo cuantitativo, que es que el libro ya va a entrar en su tercera reimpresión, recibí muchos comentarios positivos. El libro se sigue moviendo como cualquier libro de poesía: de manera silenciosa. Sin embargo estoy contenta con los ecos personales. Tampoco sé si me lo esperaba.

 ¿Estás pensando en un publicar un nuevo libro?
— Sí, a mediados del año que viene la editorial Rosa Iceberg va a publicar un libro de relatos que vengo trabajando y corrigiendo hace años.

 Por último, ¿qué consejos le darías a alguien que está dando sus primeros pasos en la literatura?
 Si alguien quiere escribir que lo haga y si quiere publicar, que sepa que existe esa posibilidad. Ambas cosas dependen de un estado de ánimo especial, ya sea escribir como publicar. El mundo de la literatura es abierto y tiene que serlo, nadie le quita el lugar a nadie. En ese sentido, va a contrapelo del dicho “menos es más”, acá siempre es “más es más”, porque cada nuevo libro trae a un nuevo lector. Siento que eso pasa con Tarda en apagarse, por más que no siento que haya nada especialmente novedoso en ese libro en particular.



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