Entrevista a Malén Denis: “Antes de la visibilización del feminismo, mi obra fue leída para la mierda”

por Gustavo Yuste

“La autoreferencialidad ocupa un gran espacio dentro de las redes. Todos son productores de contenido, porque todos tienen su propio canal”, afirma Malén Denis, que acaba de publicar Brillante (Ludwig, 2017). Con respecto a la lectura que se hizo de sus primeros libros, señala: “Yo fui cacheteadísima por ser una chica y ser moderna”. El fenómeno de Futurock, la escena literaria actual y mucho más, en la siguiente entrevista. 



Sobre la autora

Malén Denis nació en Buenos Aires en 1989. Es magister en Escritura Creativa por la Universidad de Tres de Febrero. También estudia filosofía y estudió producción de televisión y fotografía. Publicó  Con una remera de Sonic Youth (Nulú Bonsai, 2009), Buscar drogas en Wikipedia (Nulú Bonsai, 2014) y Un gran incendio de vidrios (Nulú Bonsai, 2017), además de varias plaquetas. Brillante (Ludwig, 2017) es su cuarto libro.


Encontrar una luz particular

Pocos libros hicieron tanto ruido en la poesía contemporánea argentina como los de Malén Denis. Su aparición con Una remera de Sonic Youth, en el 2009, la depositó en el medio de la escena por su tono disruptivo en relación a los estilos poéticos que más circulaban por ese momento. Actualmente, además de seguir escribiendo poesía, trabaja en Futurock en el programa A los botes, donde no solo hace periodismo cultural, sino que además se mueve por los terrenos de la política y la lucha de género.

Con la reciente publicación de Brillante, se puede ver otra búsqueda en la obra de Denis, aunque eso no significa que el camino tomado sea otro. Poemas breves, que dialogan entre sí, muestran a una autora que no se aprovecha del impulso tomado con sus anteriores libros y que elige ir hacia la búsqueda de transmitir, a través del concepto de lo brillante, la luz particular de la sentimentalidad.  

(Leer nota relacionada: Reseñas Caprichosas – “Brillante” de Malén Denis: sobre la falsa luminosidad)

“Es cierto que una ola del feminismo logró más visibilización en estos años y si eso hubiera pasado antes, las lecturas sobre mi obra hubieras sido muy distinta”

Sin embargo, cabe preguntarse cómo hubieran sido leídos sus primeros libros sin los prejuicios de un periodismo cultural repleto de lugares comunes machistas. “Es cierto que una ola del feminismo logró más visibilización en estos años y si eso hubiera pasado antes, las lecturas sobre mi obra hubieran sido muy distintas”, afirma al respecto Denis para La Primera Piedra. ¿Cómo conviven en ella sus distintos intereses como la comunicación, la filosofía y la literatura? ¿Qué particularidades tiene la producción de su obra poética?

“Todo el tiempo estoy en duda de mi propia obra”

— ¿Cómo surgieron los poemas de Brillante? Sobre todo teniendo en cuenta que este año ya habías publicado Un gran incendio de vidrios.
— Yo produzco poesía de una manera particular: escribo mucho y voy guardando poemas en la computadora. Después los voy agrupando. Cada cierta cantidad de tiempo, releo los poemas y los acomodo de una manera un poco intuitiva. De ahí sale lo que es el germen del libro. Eso pasó con Un gran incendio de vidrios, que fue un poco como un decantamiento.  Es particular haber sacado dos un mismo año, pero son trabajos distintos que se complementan y dialogan.

—¿Con Brillante fue distinto? 
— Sí, porque primero había todo un poemario que se llamaba Versus, que la mayoría ahora están en “El filo” dentro de Brillante. Sin embargo, lo sentía como algo bastante cerrado, rígido, que había perdido cierta zona oscura de la poesía. Se la di a leer a Lucas Soares, que es un gran amigo mío y me hizo unas devoluciones que tomé, pero lo dejé por un tiempo. Después, Enzo Campos Córdoba y María Ludwig me escribieron para ver si tenía algún material para publicar con ellos y yo justo había escrito un poema con el que empieza “Lo dorado” y que pensaba que tenía que ser un libro que se llama Brillante. Les conté que tenía ese libro, por más de que no estaba terminado, y ahí me puse a trabajarlo.

También la noche tiene su costado glamoroso, pero cuando te pasás de noche, empieza a tener su lado angustiante, como la salida del sol. En cierto sentido, uno decide cuando termina la noche cuando se va a dormir, incluso aunque ya haya luz natural.

— ¿Cómo es tu forma de trabajo con la poesía?
— Yo trabajo con mucho tiempo, no es que hay un acto de inspiración, voy trabajando pieza a pieza y van apareciendo las ideas. En Brillante, por ejemplo, pude ver que aparecía el brillo en la oscuridad, cierta pulsión de muerte, las cosas idealizadas. Si bien eso aparecía en otros libros míos, de otras formas, me puse a pensar qué es lo que me fascina de lo brillante, pero es justamente por el contraste. Es una suerte de álbum mental de fotos que está ahí todo el tiempo.

— En ese sentido, en el libro hablás de lo brillante no tanto como el lujo, sino como algo tan vital como el agua, ¿no?
— Hay algo de eso para mí: es vital y también puede ser mortuorio. Me interesaba ver la vida y la muerte como dos cosas que pueden estar muy pegaditas. Por ejemplo, pienso en el mercurio: es una sustancia brillante que podés usarla para medirte la fiebre y también es tóxico si se rompe el termómetro. También la noche tiene su costado glamoroso, pero cuando te pasás de noche, empieza a tener su lado angustiante, como la salida del sol. En cierto sentido, uno decide cuando termina la noche cuando se va a dormir, incluso aunque ya haya luz natural. Eso es algo que reconozco en mí, trabajar casi de un modo fílmico para encontrar una luz particular.


Malén Denis


— ¿Qué diferencias ves entre Brillante y tus anteriores libros?
— Tuve un desafío interno de ir más por el lado de la sensación y no por lo explicativo, algo que sí pasa en otros momentos de mi poesía, donde intenté ser muy transaparente para mostrar todo lo que soy, todo lo que pienso. Acá quise mostrar una sensación, era algo que necesitaba poner en palabras y quería que el lector lo sintiera. En un punto siento que está logrado y en otro lo siento como un desafío para el próximo libro, ver qué carajo estoy queriendo decir. Tampoco siento que sea un divorcio de mi obra anterior, sigue una misma línea, solo que leerla en vivo no es tan carismático, ni tan gracioso. Brillante da cuenta de esos lugares que siempre me llamaron la atención, pero quizás no estaba lista para abrir determinadas puertas, como es todo el universo de la naturaleza que aparece. También tengo mucha parte de lo que escribo sin ser mostrado, no todo está hecho para ser expuesto. Creo que muestro una décima parte, quizás menos.

— ¿Puede ser más importante lo que no se publica?
— Es bastante importante lo que no se publica, aunque para mí sacar un libro es algo muy serio, no me lo tomo a la ligera. La escritura es altamente grupal, yo no estoy en ninguna torre. Todo el tiempo estoy en duda con mi propia obra. Lo que no publico tiene esa característica de ser mi lugar de experimentación máximo, donde me permito un montón de cosas. Por ejemplo, poemas de Buscar drogas en Wikipedia no son del 2014, sino del 2009, pero que no iban con Con una remera de Sonic Youth. Otro caso son los poemas que capaz leo mucho en ciclos, como “¿Sos de cuidarte?”, que tal vez no sean escritos para publicar en papel.

Que más gente se acerque a la poesía siempre es bueno, porque se expande y no son solo escritores que leen a otros escritores. Obviamente, cuando se expande, se puede caer en la banalización de ciertos espacios.

— ¿Hacés mucha diferencia entre un poema para ser leído en público y otro en silencio? ¿Pensás en eso a la hora de escribir?
— No lo pienso cuando lo escribo, sí me doy cuenta después. Yo corrijo por la música a los poemas, los leo, los escucho, me doy cuenta si algo sobra o falta desde el sonido, no desde el sentido. Ahí me doy cuenta los que son más escuchables, que permiten que te queden cosas al oírlos, y los que requieren otro tipo de lectura. Brillante me parece que es ese caso: es mucho más rico si se lee en silencio, en una casa, para pensar flashes totalmente distintos. Sí me pasa que muchos de esos poemas más orales todavía no siento que tengan que formar parte de un libro. Capaz se hace como el budín esponjoso de Hebe Uhart y se van elevando de una manera particular hasta encontrar su forma. Tampoco necesito tener un hit, ese narcisismo contemporáneo de que esté todo bien arriba, porque la literatura es un trabajo más minucioso, de orfebrería. Eso implica mucha lectura.


Malén Denis


— ¿Cómo ves la escena poética contemporánea?
— Es muy amplia, hay que tener una mirada generosa. Hay de todo, al igual que en la música, el arte visual o el cine: muchos se dedican por la pasión y gente que no, gente que lee más y gente que lee menos. Yo veo que hay micromundos, mundillos dentro de la poesía que quizás cuando empecé no era tan así, o al menos no lo notaba. En los últimos años hubo una suerte de “cancherización” de la poesía, como ahora es cool se sumó más gente. Eso es tanto positivo como negativo, siempre hay que ver los dos lados. Que más gente se acerque a la poesía siempre es bueno, porque se expande y no son solo escritores que leen a otros escritores. Obviamente, cuando se expande, se puede caer en la banalización de ciertos espacios.

Estamos en un momento particular entre la posverdad y la cultura millenial, donde la autoreferencialidad ocupa un gran espacio dentro de las redes. Todos son productores de contenido, porque tienen su propio canal. Obvio que va a haber gente que lo haga pour la galerie, pero siempre existió esa gente

— ¿En qué sentido una banalización?
 Estamos en un momento particular entre la posverdad y la cultura millenial, donde la autoreferencialidad ocupa un gran espacio dentro de las redes. Todos son productores de contenido, porque todos tienen su propio canal. Obvio que va a haber gente que lo haga pour la galerie, pero siempre existió esa gente que se enamora más de esa forma de vida que del contenido. Ser artista parece fácil, pero no es así, uno no vive al pedo. Encontrar el modo de disfrutar tu vida no significa eso, así como tampoco vivir en un estado constante de sacrificio te hace mejor que otro. Eso es algo muy judeocristiano, donde la felicidad se vive con culpa.

— ¿Un escritor puede terminar adoptando la postura de un rockstar?
 Yo no tengo ningún problema con que un escritor parezca con rockstar. Mariana Enríquez me parece una rockera, una gran escritora y una mina con una búsqueda increíble. Después está el que es malísimo, pero igual tiene esa postura. Ahí depende cómo cada cual duerme tranquilo de noche. Si yo hago las cosas solo para agradar, no me quedo tranquila conmigo misma. Además, entendí que el éxito es algo que se siente de manera personal: yo me puedo sentir exitosa compartiendo casa con otras dos chicas, ganando dos pesos y trabajando en una radio feminista, además de publicar mis libros de poesía, y para otros eso no es un éxito. Si vas a hacer todo por lo que los demás esperan de vos, vas a perderte una porción muy grande de cómo querés vivir tu vida realmente y cuál va a ser tu búsqueda artística.

(Leer nota relacionada: Entrevista a Mariana Enríquez: “Los escritores más famosos del mundo son mujeres”)


Malén Denis


— ¿Cómo conviven en vos estudiar filosofía, trabajar en los medios de comunicación y la literatura?
 Conviven muy bien (risas). Yo me tomo muy en serio todo lo que hago. Yo no soy una persona académica, sino más del lado de la comunicación, pero la filosofía me sirve como una herramienta para deconstruir la realidad y descubrir que cada uno tiene distintas miradas sobre la realidad. Así le puedo analizar lo que yo sentía y transmitirlo a otras personas. Todo puede ser leído y pensado para ver qué es lo que nos produce. Ahora los nuevos medios te permiten otro nivel de diálogo por suerte, que antes con la TV no existía y solo te daban la opción de fanatizarte. Así se pueden llegar a lecturas de la vida menos dolorosas.

Ahora los nuevos medios te permiten otro nivel de diálogo por suerte, que antes con la TV no existía y solo te daban la opción de fanatizarte. Así se pueden llegar a lecturas de la vida menos dolorosas.

– Con toda la visibilización que tuvo la lucha feminista en estos últimos años, donde se repensó más masivamente el rol de la mujer, ¿pensás que tus primeros libros podrían haber sido leídos de otra manera y no simplemente como “una piba que hace catarsis”?
– Bueno, respondiste mucho de lo que pienso con tu pregunta. Es cierto que una ola del feminismo logró más visibilización en estos años y si eso hubiera pasado antes, las lecturas sobre mi obra hubieran sido muy distintas. En mis poemas o en notas que daba, se pueden ver las molestias que yo tenía y que quizás no podía entender por las nociones que tengo ahora. Ya no se puede hablar de literatura femenina como algo banal, también es un espacio de resistencia. Además, estamos en un momento posgenero. Después de todo, lo personal es político y mi obra es muy personal, por lo que, con una visión más feminista de la realidad, se podía pensar todo más profundo. Yo fui cacheteadísima por ser una chica y ser moderna. Sí, se puede decir que antes de la visibilización del feminismo mi obra fue leída para la mierda. Ahora creo que ya se lee de otra manera, hace poco me enteré de un taller en el C.C. Matienzo donde se daba literatura contemporánea feminista y una de las autoras era yo.

– Por último, ¿cómo ves todo el fenómeno que generó Futurock? Más si se piensa la crisis que están viviendo los medios tradicionales.
– Es muy interesante lo que está pasando y a la vez es devastador. Son muy necesarios los medios como Futurock y otros medios alternativos, con intereses periodísticos reales. Yo era oyente de la radio y ahora tengo la suerte de trabajar ahí. Los medios hegemónicos están viviendo una crisis que no terminan de comprender y aceptar. Se comportan como empresas con el interés monetario constante. Son necesarios más medios, lo que ustedes hacen con La Primera Piedra también va en esa dirección. En eso el lector, el oyente, también tiene un rol importante y ver cómo puede colaborar para que este tipo de medios subsistan. Las grandes empresas tienen miedo de que nos conectemos más entre nosotros, que las personas adopten un modelo de vida más solidario. En Futurock nadie se está haciendo rico, pero encontramos una forma de trabajar de lo que nos gusta y con un gran nivel de compromiso.


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