“Mirá cómo nos ponemos”: la denuncia de Thelma Fardin y el fin del pacto machista

por Laura Verdile

Después de la denuncia de Thelma Fardin, acompañada por el colectivo de Actrices Argentinas, surgieron en redes sociales y medios de comunicación cientos de testimonios de mujeres violentadas que decidieron no volver a callar. ¿Qué es lo que se quebró el 11 de diciembre? ¿Por qué marca un antes y un después en la memoria colectiva? (Foto: Leandro Teysseire para Página/12)



Si nos preguntamos qué es lo que nos trajo hasta este punto, es imposible identificar un solo momento. Como sucede con todos los cambios históricos, se trata de un proceso gradual, una genealogía que se traza con un trabajo incansable, que desbordó todos los límites y que hizo posible algo profundamente complejo en todos estos casos: hablar. Sacar a la luz lo que se enterró durante tanto tiempo porque se sentía que no había otra opción, porque no se contaban con las herramientas y porque el hermetismo y el dedo acusador de la sociedad llena de miedos y de culpa. Crea una pared que solo podía romperse con una cosa: la respuesta colectiva.

Como sucede con todos los cambios históricos, se trata de un proceso gradual, una genealogía que se traza con un trabajo incansable, que desbordó todos los límites y que hizo posible algo profundamente complejo en todos estos casos: hablar.

El 11 de diciembre fue un ejemplo vivo de la potencia de la organización feminista. “Gracias a que alguien habló yo hoy puedo hablar”, dice Thelma, rodeada de actrices que la acompañan hace meses, que con su abrazo enfrentan esa completa confianza de los abusadores en el aislamiento de las mujeres violentadas, en el poco valor de sus palabras. ¿Quién creería a una mujer, quién tomaría lo que tiene para decir sin responsabilizarla de las agresiones que sufrió? ¿Quién se atrevería a contradecir el orden de las cosas? Pero de eso se trata: romper un pacto tácito que descansa sobre un disciplinamiento histórico y cultural, que amordaza en el espacio privado y público, y que banaliza todo reclamo contra el status quo.

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Foto: Julieta Ferrario para Infoabe



“Según una encuesta reciente de SAGAI, el 66% de les intérpretes afirmó haber sido víctima de algún tipo de acoso y/o abuso sexual en el ejercicio de la profesión”, afirman las actrices en la conferencia. Según información del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, durante los últimos días, la Línea Nacional Contra el Abuso Sexual Infantil registró un aumento de llamadas recibidas del 240%, mientras que la línea 137  un 18%. A esto se suman la innumerable cantidad denuncias que circularon por redes sociales y medios de comunicación. Los testimonios que comenzaron a difundirse dieron cuenta de un fenómeno sin precedentes: el fin de la vergüenza a la que el machismo confina y el empoderamiento de quienes ya no se sienten en soledad.

“Mirá como nos ponemos”, dijeron y en una sola frase revirtieron la violencia y transformaron el dolor en unidad, para poner de cabeza todas las prácticas y las reglas que sostienen a quienes durante tanto tiempo se creyeron intocables.

La denuncia de Thelma y el acompañamiento del colectivo de actrices prepararon el escenario para replantear las relaciones de poder no solo en la industria del espectáculo, sino en todos los ámbitos. Y también deja al descubierto las tramas que continúan encubriendo a los abusadores, la incredulidad que hizo necesario que Thelma grabara ese video para que su denuncia tenga alcance. “Mirá como nos ponemos”, dijeron y en una sola frase revirtieron la violencia y transformaron el dolor en unidad, para poner de cabeza todas las prácticas y las reglas que sostienen a quienes durante tanto tiempo se creyeron intocables.

(Leer nota relacionada: #MiraComoNosPonemos: testimonios de Emilia Claudeville y Malena Sánchez)

Frente a la complicidad machista, la acción colectiva vuelve inaceptable lo que hasta hace no poco tiempo se consideraba natural y para lo que parecía no haber salida. Lo del 11 de diciembre fue mucho más que una denuncia: fue una acción política que se suma a las marchas por Ni Una Menos, a los reclamos por justicia, al grito que rompió la impunidad en el rock argentino, a los pañuelos verdes. Todo hizo posible que se llegara a este punto, a este gesto conjunto que exige reconfigurar la sociedad, extender la conciencia y modificar los marcos institucionales que aún no están a la altura de un movimiento que lo está cambiando todo. 



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