Gauguin, viaje a Tahití: un Vincent Cassel deslumbrante

por Laura Gómez

Esta biopic dirigida por Edouard Deluc y magistralmente interpretada por Vincent Cassel propone un interesante viaje al período tahitiano en la obra del célebre pintor francés Paul Gauguin, otro de los tantos que padeció la soledad y la miseria en vida, y obtuvo un reconocimiento post mortem. Con un gran guión, una bellísima fotografía y la solidez interpretativa de Cassel, el film retrata el exilio del artista y su encuentro con lo exótico.


Las primeras escenas del film de Edouard Deluc muestran a un Gauguin (Vincent Cassel) harto de los vicios de la vida parisina. En medio de una ronda de whisky en el burdel, Paul confiesa ante sus amigos que París ya no le ofrece rostros o paisajes dignos de ser retratados en sus pinturas. Por eso decide dar una vuelta de timón en su vida y exiliarse en la isla de Tahití, donde no deberá depender exclusivamente del dinero ni los bienes materiales para sobrvivir. La apuesta es jugada y el costo alto: su familia no lo acompaña en esa aventura y él se ve obligado a enfrentar la soledad, la enfermedad y la miseria en un lugar completamente ajeno.

Deluc retrata ese viaje hacia lo exótico con una bella fotográfica y gran destreza en el manejo de la cámara.  Cassel compone uno de sus mejores personajes: Paul Gauguin derrotado, Paul Gauguin esperanzado, Paul Gauguin en permanente búsqueda. El artista desea pintar pero necesita sobrevivir, y ese es uno de los grandes tópicos de la trama: el vínculo arte/vida, deseo/responsabilidad, talento/dinero, creación/producción. Gauguin escapa de París y sus ritmos urbanos para sumergirse en una cultura, una lengua y una cosmovisión muy diferentes a las suyas.



En su trayecto conoce a Tehura (Tuhei Admas), la mujer que se convertirá no sólo en su esposa sino también en la musa inspiradora del denominado “período tahitiano” que incluye algunas de sus obras más elevadas. Es interesante el vínculo que ambos construyen a pesar de las enormes distancias sociales y culturales, y vale decir que el film de Deluc se sale de las miradas simplistas en torno a la figura del “artista superior” y la “musa subordinada” para plantear una relación mucho más compleja: ella no sólo es el objeto de inspiración sino también, de algún modo, quien salva a Gauguin de un profundo desasosiego. 

En el relato también aparecen otros personajes para marcar algunos contrapuntos con el protagonista: un médico obsesionado con la salud del pintor representa la civilización europea en estado puro; el joven aprendiz de la tribu compite por el amor de Tehura y profana lo más sagrado del arte conviertiéndolo en una simple mercancía seriada; los miembros de la tribu son quienes reciben a este hombre derrotado, que renuncia a los códigos éticos, estéticos, políticos y sociales de su propia cultura para sumergirse en un universo-otro que sea capaz de salvar su arte.

El film de Deluc descansa en una bellísima fotografía, en un impecable trabajo visual y sonoro, pero -sobre todo- en el trabajo actoral de Vincent Cassel, sencillamente deslumbrante. Es fácil ingresar al “mundo Gauguin” de su mano. Cassel lleva adelante una composición de personaje muy cuidada que va desde lo corporal y gestual hasta la encarnación misma de todas las contradicciones internas en un hombre que anhela desesperadamente la libertad pero parece haber quedado prisionero de su propio arte. Maravillosa pieza para conocer la vida y obra de Paul Gauguin.


FICHA TÉCNICA
Elenco: Vincent Cassel, Tuhei Adams, Malik Zidi, Ian McCamy, Pernille Bergendorff
Título original: Gauguin: Voyage de Tahitiaka
Dirección: Edouard Deluc
Guion: Etienne Comar, Edouard Deluc, Sarah Kaminsky, Thomas Lilti
Música: Warren Ellis
Fotografía: Pierre Cottereau
Empresa Productora:
Studiocanal
Género: Drama biográfico
Año: 2017
Duración: 102 min.
País: Francia
Distribuye: Impacto Cine

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