Omar: trepemos el muro del cine palestino

por Laura Gómez

Omar es la película palestina dirigida por Hany Abu-Assad (Paradise now, The Courier) que se estrenará próximamente en algunos cines argentinos. El nombre, a priori, no proporciona mayores detalles acerca del contenido, pero después de haberla visto resulta difícil imaginar un título mejor, porque todas las líneas del relato se condensan netamente en el protagonista y sus desventuras.

Lejos de ser una película de trincheras, estrictamente política (tal como uno podría esperar), se trata de una historia de vida y –sobre todo– de una gran historia de amor. Por supuesto, la coyuntura social y política siempre está presente y en forma muy marcada. La trama biográfica del protagonista inevitablemente se encuadra en un contexto sociopolítico por demás hostil, que trasciende con creces su historia particular pero que no obliga al director a correrse del camino narrativo, porque aquí, al fin de cuentas, lo que se narra es una ficción. Claro que se trata de una ficción a través de la cual el espectador puede reconstruir la arquitectura del actual drama palestino y analizar algunos de sus elementos más trascendentales, pero en ningún momento se pierde de vista el relato. La gran cuota de credibilidad a la que apuesta Abu-Assad es lo que permite que esa convergencia no resulte para nada forzada. Así, en más de una ocasión este joven se verá obligado a elegir entre su propia vida y la causa que defiende en nombre de la libertad de su pueblo; se trata de la permanente oscilación entre una historia mínima y “la” historia, entre lo micro y lo macro, entre lo individual y lo colectivo, entre lo pasajero y lo trascendental.

“En más de una ocasión este joven se verá obligado a elegir entre su propia vida y la causa que defiende en nombre de la libertad de su pueblo; se trata de la permanente oscilación entre una historia mínima y “la” historia, entre lo micro y lo macro, entre lo individual y lo colectivo, entre lo pasajero y lo trascendental.”

Omar (Adam Bakri) es un joven panadero que vive en Cisjordania, en medio de la tensión que envuelve unas fronteras cada vez más difusas entre la tierra propia y la ajena. El muro que divide ambos pueblos forma parte de la vida cotidiana de este joven, que debe cruzarlo cada día para reunirse con sus amigos de la infancia, Tarek (Eyad Ourani) y Amjad (Samer Bisharat), y para encontrarse de incógnito con su amor secreto: Nadia (Leem Lubany), la hermana de Tarek. Este muro es el que separa las tierras palestinas de los territorios ocupados y, al mismo tiempo, queda completamente invisibilizado por los lazos estrechos que tejen los habitantes a cada lado del muro. Omar, Tarek y Amjad son tres amigos que pertenecen a los grupos de la resistencia y suelen llevar a cabo operativos contra las facciones rivales.

En medio de las turbulencias políticas, las detenciones injustificadas, las torturas inhumanas, las emboscadas inesperadas y las imperdonables traiciones, Omar se enamora de Nadia y toda su vida experimenta un viraje abrupto desde la causa palestina en pos de la libertad hacia su propia causa en pos del amor ideal (¿izado?). A partir de allí todo comienza a girar en torno a sus planes con Nadia; cada decisión que tome estará regida por los sentimientos que lo unen a ella. El amor es aquello que estructura y guía su vida entera, es aquello a lo cual se subordinan todas sus acciones y lo que ayuda al protagonista a atravesar el alto muro de aislamiento. Así, la pregunta que se nos plantea aquí es de alto contenido filosófico: ¿qué es, finalmente, lo trascendental? ¿La pequeña historia de amor que vive el protagonista con Nadia y que para él lo es todo, o la gran causa que defiende junto a sus amigos Tarek y Amjad para alcanzar la libertad de su pueblo? ¿Qué es lo que Omar debe priorizar y qué es lo que debería sacrificar para cumplir esa meta? ¿Acaso existe una balanza para pesar el grado de trascendencia de cada una de nuestras empresas?

“Se nos plantea aquí es de alto contenido filosófico: ¿qué es, finalmente, lo trascendental? ¿La pequeña historia de amor que vive el protagonista con Nadia y que para él lo es todo, o la gran causa que defiende junto a sus amigos Tarek y Amjad para alcanzar la libertad de su pueblo? ¿Qué es lo que Omar debe priorizar y qué es lo que debería sacrificar para cumplir esa meta? ¿Acaso existe una balanza para pesar el grado de trascendencia de cada una de nuestras empresas?”

El personaje protagónico está muy bien definido por el director y excelentemente encarnado por Adam Bakri quien, increíblemente, no es un actor profesional. Ninguno de los actores del reparto lo es; se trata de jóvenes actores sin experiencia que debutan en el cine con esta película. Ciertamente no lo parece. Adam Bakri tiene un magnetismo irresistible, que se intensifica con los primeros planos que el director ha elegido para los momentos más expresivos; su rostro llena cada porción de la pantalla y en cada una de sus apariciones resulta imposible quitarle los ojos de encima. Aún con el rostro repleto de cortes y moretones, la imagen se vuelve imperturbable. Leem Lubany también resulta una gran intérprete a la hora de dar vida a Nadia; con una mirada profunda y algo melancólica logra transmitir el desquicio sentimental de una jovencita desbordada por las contradicciones de un amor en tiempos revueltos. Samer Bisharat mueve los hilos de Amjad, un personaje que aún en los momentos más tensos aporta cierta gracia al relato; ya en las primeras escenas se despacha con una correcta imitación de la leyenda Brando. Eyad Ourani es quien encarna a Tarek, un personaje más bien controvertido y un tanto más oscuro que el resto: serio, rudo, implacable, aunque con un gran sentido del compromiso, la amistad y la lealtad, se ocupa de encarrilar a sus amigos para concretar los planes por él orquestados. La “oveja negra” del elenco es Waleed Zuaiter en el papel del agente Remi, el único actor profesional (y productor del film junto a su hermano) que moldea un personaje profundo y rico en matices.

Todos estos elementos convergen en un producto final de gran calidad: buen relato, muy buen guión, excelentes interpretaciones, atinada dirección y profundas reflexiones acerca de la condición humana. Después de ver este film, uno no sólo sale de la sala pensando en la situación palestina o en la historia particular de este joven, sino en las complejas contradicciones del ser humano, aquel capaz de albergar todo el amor y la bondad hacia sus pares y, al mismo tiempo, el odio y la traición más ponzoñosa. Omar es una película que no refleja tan sólo a un grupo social o a una etnia en particular sino al ser humano en todos sus matices. De algún modo nos permite mirarnos en el espejo del arte y reflexionar acerca de esas incomodidades que acarrea la propia esencia.

Algunas palabras del director: “Nunca haré una película que se limite a condenar o a defender; se lo dejo a los tribunales del mundo. Me intriga el lado humano de los guerreros de la libertad, bueno, me intriga el lado humano de cualquier personaje. Lo que nos hace humanos se convierte a menudo en un defecto trágico. Muchas personas, muchos personajes aparentan ser perfectos, sean guerreros de la libertad o amantes, pero la perfección exterior esconde los defectos trágicos. Mi trabajo, como cineasta, es interesarme por ese fenómeno e intentar mostrarlo del modo más honrado posible, con sombras de grises, nunca blanco o negro.”

Algunas palabras del director: “Nunca haré una película que se limite a condenar o a defender; se lo dejo a los tribunales del mundo. Me intriga el lado humano de los guerreros de la libertad, bueno, me intriga el lado humano de cualquier personaje. Lo que nos hace humanos se convierte a menudo en un defecto trágico.

Desde la mirada técnica, la película está muy bien construida: buen montaje y muy buena fotografía. Las locaciones no han sido elegidas al azar sino que expresan los diferentes escenarios por los que puede transitar cualquier palestino en un día ordinario, espacios que desde nuestro rinconcito occidental podríamos juzgar como improbables o inverosímiles. Y es que por momentos los itinerarios de Omar resultan similares a los de un personaje de una película de acción: este joven atlético trepa paredones, atraviesa  medianeras, huye por estrechísimos callejones, salta de terraza en terraza y se cuelga por una soga hasta alcanzar la cima del muro para ver a su amada (podría decirse que en ciertos momentos repite los patrones de la figura del héroe épico o romántico). Las escenas de las persecuciones están muy bien logradas y transmiten al espectador la sensación de vértigo que el protagonista vivencia a cada minuto.

Finalmente, los espectadores más gustosos del romance verán en Omar una auténtica historia de amor, y no estarán equivocados porque lo que se narra aquí es, al fin y al cabo, un amor trágico (y no daremos más detalles al respecto). De modo que se trata de una película que, aún siendo “de nicho”, puede llegar a atraer a públicos muy diversos: el amor, la política, la acción, el drama, el suspenso y hasta ciertos tintes humorísticos tienen su lugar en la obra de Hany Abu-Assad. En definitiva, una muy buena elección para este fin de semana.

 

FICHA ARTÍSTICA

Título original: عمر (Omar)

País: Palestina

Año: 2013

Guión y dirección: Hany Abu-Assad

Productora: Z Bros

Reparto: Adam Bakri, Leem Lubany, Samer Bisharat, Eyad Ourani, Waleed Zuaiter

Duración: 96 minutos

 

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