Felix y Meira: el “otro” no tan lejos

por Laura Gómez

Felix y Meira, el estreno canadiense de esta semana dirigido por Maxime Giroux, se enfoca esencialmente en el entramado amoroso que van tejiendo sus protagonistas a lo largo de la historia, pero a partir de este núcleo se desprenden varias líneas narrativas por demás interesantes: el multiculturalismo presente en ciudades como Montreal, donde conviven diversas comunidades étnicas y religiosas; las tradiciones, las creencias y la mismísima religión como sustento identitario; los complejos cruces entre miembros de grupos diversos; la cuestión de la emancipación femenina; el dogmatismo y las restricciones a la libertad de acción individual en el marco de estas estructuras sociales completamente cerradas y endogámicas.

Meira (Hadas Yaron) es una joven esposa/madre judía ortodoxa, que pertenece junto a su marido –el respetado rabino Shulem (Luzer Twersky)– a una comunidad cuyos miembros siguen las tradiciones judías al pie de la letra, con extensos rezos matinales y caminatas en grupo alrededor del vecindario ataviados con las prendas típicas. Pero Meira es, además de esposa, madre y judía, una mujer de carne y hueso, un alma atrapada en un esquema dogmático que no comparte ni comprende y del que pretende liberarse a través de actitudes tan insignificantes e infantiles como dibujar, escuchar música soul o tomar píldoras anticonceptivas a espaldas de su propio marido. Pero estas tímidas maniobras se convierten en una auténtica rebelión cuando entra en escena Felix (Martin Dubreuil), un cuarentón solitario, bohemio y errante que atraviesa un complicado duelo debido a la muerte de su padre, con quien nunca se llevó del todo bien y por quien siempre fue rechazado de su grupo familiar. Con la herencia en sus manos y en busca de algún consuelo trascendental que lo redima de su alejamiento parental, Felix conoce a Meira y ve en ella una posible salvación. La intercepta en sus itinerarios habituales por el barrio de Mile End y le pide algún socorro espiritual, pero ella se niega a responder por fidelidad a los principios de su fe, que descartan de plano cualquier acercamiento a otro hombre que no sea su marido.

Sin embargo, la insistencia de Felix y la dulzura con la que aborda todos sus intentos finalmente doblegan la voluntad de Meira, y ambos comienzan a planear encuentros clandestinos. El comportamiento de Meira, su negativa a darle más hijos al rabino y la frialdad con la que vive su matrimonio, revelan en ella un cambio evidente y lo exponen frente a los ojos de su marido, quien comienza a tejer serias sospechas hasta confirmarlas. Una vez descubierto el engaño, Meira se verá en una verdadera encrucijada, pues tendrá que optar ya no entre Felix y su comunidad (una decisión que en ese punto del relato sería bastante sencilla), sino entre Felix y su propia hija.

Pero este film no es la típica historia de amor entre una mujer casada y un solterón empedernido, sino que nos habla de temas tan profundos y universales como la muerte, los dogmatismos, la represión de los deseos, la insatisfacción, la realización del ser humano en toda su plenitud, las luchas por la emancipación femenina, la religión con todas sus restricciones a cuestas, el vacío emocional de las generaciones contemporáneas que no puede ser saldado por ninguna religión ni herencia, la soledad y la esperanzadora posibilidad de construir lazos estrechos aún con aquellos que creemos en la vereda opuesta. La película toca todos estos temas con profundidad, altura y sutileza, sin maniqueísmos ni manipulaciones absurdas, sin demagogia ni falta de respeto hacia ninguno de los colectivos que se presentan en la trama.

Más allá de las aventuras y desventuras amorosas, esta historia nos habla finalmente acerca del “otro”, del ser en apariencia “alterno”, “extraño”, “extranjero” al que muchas veces el mundo representa como una amenaza, pero que en más de una ocasión puede salvarnos de caer en el abismo de la indiferencia. Giroux delinea con una destreza singular a sus personajes, los ubica en sus escenarios naturales y representa sus mundos dispares con gran verosimilitud. Finalmente, el retrato de los protagonistas es el de dos seres que intentan correrse de sus grupos de pertenencia para definirse a sí mismos como algo más que aquello impuesto por la sociedad y el deber ser: esposa, madre, judía, hijo, hermano, heredero.

Meira es una mujer sometida a las reglas impuestas por un marido que no es del todo cruel pero sí una presa más del conservadurismo imperante en una comunidad peligrosamente endogámica; Felix es un hombre expulsado de su grupo familiar, rechazado por su propio padre, que intenta encontrar algún rumbo en su vida tras el duelo y que halla en esta joven una razón para continuar. Ambos intentarán definirse por fuera de sus grupos y así superar las barreras que la sociedad, sus creencias o sus propias familias les imponen. Ellos hallarán esa identidad faltante en el encuentro con el otro, en la fusión de dos mundos diferentes aunque no divergentes; verán en ese otro no a un enemigo amenazante sino a un compañero de ruta. Es muy interesante observar los cambios paulatinos que van experimentando ambos personajes en el transcurso del relato; tanto Felix como Meira van dejando atrás sus temores y prejuicios, sus dudas e incertidumbres para dar un verdadero salto al vacío.

Se trata de un relato simple y profundo llevado a la pantalla con gran destreza y calidez, sin pretensiones magnificentes ni parlamentos empalagosos. El director se ha valido de elementos sencillos, concisos y acotados, pero portadores de grandes significados. Una excelente oportunidad para acercarse al cine y degustar una linda pieza cinematográfica. Vale destacar la gran actuación de Martin Dubreuil en el rol de Felix, quien logra un personaje convincente, natural y despojado de cualquier gesto de compasión o demagogia: una joyita conocida en Canadá y muy difundida en el mundo francófono, aunque inexplicablemente oculta para el resto del mundo.

FICHA TÉCNICA

Título original: Felix et Meira

País: Canadá

Año: 2014

Género: Drama romántico

Dirección: Maxime Giroux

Guión: Maxime Giroux y Alexandre Laferrière

Reparto: Martin Dubreuil, Hadas Yaron, Luzer Twersky, Benoît Girard, Anne-Élisabeth Bossé, Melissa Weisz

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