Siempre Alice: perderse a uno mismo

por Laura Gómez

«Siempre Alice» (Still Alice) es la historia de una pérdida paulatina, acaso la más dolorosa de las pérdidas (si es que cabe la distinción porque, después de todo, cualquier pérdida lo es).

El film de Richard Glatzer y Wash Westmoreland se centra en el personaje de Alice Howland (Julianne Moore), una reconocida lingüista que da clases en la Universidad de Columbia, esposa de un médico exitoso (Alec Baldwin) y madre de tres hijos adorables (Kristen Stewart, Hunter Parrish y Kate Bosworth). De posición acomodada, con una vida sin mayores dificultades y una carrera próspera, tal vez lo que menos espere esta mujer sea el diagnóstico de un Alzheimer precoz. Pero el destino le juega una mala pasada y, de pronto, a sus cincuenta años, se ve perdida en todos los posibles sentidos de esa palabra. Alice pierde su memoria, su lenguaje, sus capacidades intelectuales, su trabajo, sus llaves, la ubicación de su casa, los nombres de sus hijos, sus recuerdos y todo aquello que la define como ser humano; se pierde a sí misma.

Su vida entera ha estado dedicada al mundo intelectual: la rutina entre las aulas y los pasillos de la facultad, las conferencias frente a la academia, las diapositivas en Power Point, los libros y las palabras. Poco a poco su cerebro va muriendo, y ese mundo ideal se desmorona. Ella es una mujer absolutamente independiente que siempre ha sido definida en función de su inteligencia; tal vez esa sea la razón por la cual su sufrimiento se agudice y llegue a límites insospechados. Alice se encuentra perdida, no sabe qué hacer con lo que queda de ella. Arrastra su cuerpo por la casa sin saber muy bien a dónde ir ni cómo actuar con su familia. Se trata de una enfermedad ingrata porque conduce a quienes la padecen a la humillación, a la vergüenza permanente; ya no son tomados en serio y hasta pueden resultar graciosos a causa de sus olvidos. No sólo pierden su memoria, sino también sus relaciones, su rutina y… su identidad. Dejan de ser ellos mismos para albergar una enfermedad dolorosa, vergonzante.

Esta es la historia en líneas generales. Buen tema, buena trama, buenos personajes, buen elenco, aunque el resultado final no sea quizás el más esperado. Hay ciertos detalles en el guión y en el planteo del film que, por momentos, hacen tambalear la estructura. Pero ninguno de esos detalles, por supuesto, tiene que ver con la extraordinaria actuación de Julianne More, quien logra componer a una Alice sutil, natural, sufriente, desesperada, por momentos vencida, desconcertada, y en otros decidida, firme, lista para dar batalla. Hay que destacar su talento innato para dar vida a personajes tan disímiles como la Havana de Cronenberg en «Polvo de estrellas», la presidente del Distrito 13 Alma Coin en «Sinsajo» o la psicótica madre rockera de  «¿Qué hacemos con Maisie?». Moore puede ponerse en la piel de cualquiera de estos personajes con una facilidad asombrosa y una credibilidad a prueba de cinéfilos.

Pero la película no está a la altura de esta gran actriz aunque, claro, muy merecido tiene su Oscar. El relato aborda atinadamente el principio de la enfermedad (Alice comienza a sospechar a partir del súbito olvido de una palabra en una de sus conferencias), los primeros síntomas y el rápido distanciamiento que la protagonista experimenta respecto de su vida cotidiana. Pero la relación con sus hijos, por ejemplo, es una arista que podría haber sido mejor retratada y, sin embargo, queda a mitad de camino. Llega un punto en el que este relato parece haber quedado empantanado entre los rostros desconcertados y las sonrisas misericordiosas del entorno de Alice. Se eluden con destreza las escenas innecesariamente crudas, pero aparece por momentos cierta mirada piadosa hacia el personaje, un impulso a la lástima que no conduce a ninguna parte. Alec Baldwin resulta muy convincente en su papel de esposo desconcertado que, pese a sus intentos, no logra manejar adecuadamente la situación. Kristen Stewart resulta un poco insulsa en su rol de hija (pese a que el guión la coloca en el lugar más cercano a la protagonista). Los vaivenes en la relación con sus hijos por momentos confunden al espectador. Sin lugar a dudas esos tópicos podrían haber sido mejor explotados.

Aún así, se trata de una gran historia porque es humana, creíble. Nos habla con altura y sin golpes bajos sobre las posibles pérdidas que podría enfrentar cualquiera de nosotros, y no necesariamente en el umbral de la vida.



FICHA TÉCNICA:

Título original: Still Alice

País: USA

Duración: 99 min

Guión y dirección: Richard Glatzer y Wash Westmoreland

Reparto: Julianne Moore, Kristen Stewart, Alec Baldwin, Kate Bosworth, Hunter Parrish.

 

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