Paraguay, de Madeleine Wolff

por Gustavo Yuste

A partir de distintos países, ciudades y escenarios, el libro Paraguay (Caleta Olivia, 2018) de Madeleine Wolff propone un turismo interno para cuestionarse algunos aspectos de la personalidad y los vínculos sentimentales que componen la vida cotidiana. Conformando un mapa donde las coordenadas son más arbitrarias que exactas, un tono intimista interpela al lector para hacerlo sentir reflejado en los derroteros de una experiencia ajena. A continuación, 5 poemas del libro. 



Sobre la autora

Madeleine WolffMadeleine Wolff nació en Buenos Aires, vivió y estudió Sociología en Córdoba. Creó junto a Adriana Riva el colectivo Los Claudios, espacio dentro de organizaciones sociales donde se despliegan procesos de activismo poético. Paraguay es su primera publicación.

(Leer nota relacionada: Editoriales Independientes #4 – Caleta Olivia: “De a poco surgen nuevas voces o editoriales que trabajan para que sea todo más federal”)


1 – Paraguay

Fui un poco
o bastante inconsciente.
Necesité que las cosas
se dieran así,
ese proceso
que trece años después tramo.
Miles de moretones
con picos de flicidad
miles de drogas juntas.
Es emocionante al principio
dos corazones empastados,
es traicionero como el mar
cuando te empiezan a revolcar,
las olas
pujás
pero viene otra
no es culpa de ese amor,
ese amor no es
para este mundo.
Me di cuenta y volví a mí misma
-victoriosa-
más fuerte que una ballena
azul con cría.


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2 – Salto con garrocha

Escalé los muros de las clases sociales y pasé
del punto más alto al más bajo sin escalas.
Esa era mi versión del amor,
era jovencita
mi hijo tenía un año
mi pareja, veintiséis.
Me había ido a Paraguay
para rescatarlo de las drogas
aunque la única que se salvó
fui yo.

Me acuerdo de la primera ve
que me dio la mano
estábamos juntos,
frente al universo
cual guerreros intergalácticos.
Hacía un tiempo ya que había cruzado
las fronteras infranqueables que prescriben
los límites de las tribus, de las prohibiciones.
Me daba una ternura infinita
que dentro de su olor pudiese cuidarme,
no devolvía las cartas
que le habían jugado con la saña del mundo
tenía un espacio enorme para el amor,
y en ese lugar hice mi nido.


3 – Un panal de abejas a veces chorrea un poco
y va marcando surcos de lo real

Él insiste con que nos vayamos a vivir a Bariloche
mis hijas repiten: mi sueño es irme a vivir a Bariloche.
Yo siento que es un intento de ellos
de salvarme de mí misma,
me quieren llevar lejos
internarme en un psiquiátrico de montañas eternas
y de paisajes del génesis
para que yo vuelva a ellos
para que vuelva el olor a hogar y
no me vaya tanto,
en donde vuelva a bastar la naturaleza para que yo
sacie mi sed animal.
El mundo que inventaron me queda chico.



4 – Elegir una sola vida

Hasta que muera puedo tener
mil vidas
armo
una posible hoja de ruta.
Elijo y voy ensayando morir
acá estoy
no puedo estar allá también.

Experimenté vivir en otra dimensión.
Quisiera que todo alrededor sea
permanente ruptura
otras puertas que llevan
a otros pasillos.
Otros ojos que me lleven
a historias rotas,
rincones con llanto,
descubrir
pescadores perdidos.
Otra orilla donde
amanecer junto a extraños.
Me basta para amarlos
una mirada a su tristeza.


5 – La Esperanza

Otras veces
siento
que no es él,
no es el trabajo,
no es el día ni la hora,
no es
la presencia del sol ni su ausencia,
es algo que anida en mí desde siempre
todo lo que vive un día
va a dejar de hacerlo,
¿Quién le da cuerda a todo esto?
Espero a mi papá en un bar, la gente alrededor se ríe,
no estoy triste, ni ansiosa, hago la plancha, me acostaría
con un gato al lado, abajo del acolchado.
Quiero que todo siga como fue la semana pasada
o como
fue ayer.
¿Ayer cómo fue?
Mejor que hoy.
Clima de época.



 

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