Entrevista a Martín Rejtman: “Los climas no me interesan mucho, me importan más las acciones”

por Gustavo Yuste

“En mis relatos, tanto literarios como en el cine, lo que hace avanzar son las acciones. Naturalmente, esas acciones producen climas en relación y en contraposición con las anteriores”, describe Martín Rejtman, escritor, guionista y director de cine que recientemente reeditó Literatura y otros cuentos (Random House, 2017). Señalado por la crítica como el referente del “Nuevo cine argentino”, destaca la vigencia de ese estilo. “Hay mucha gente joven que hace sus primeras películas y suelen seguir esa línea”, afirma al respecto.



Sobre el autor

Martín RejtmanMartín Rejtman nació en Buenos Aires en 1961. Es escritor, guionista y director . Estudió cine en la Escuela Panamericana de Arte de Buenos Aires, y en 1981 se trasladó a los Estados Unidos para estudiar dirección en la Universidad de Nueva York. Entre sus películas más conocidas se encuentran Silvia Prieto, Los guantes mágicos y Dos disparos. Su obra literaria incluye libros como Rapado, Velcro y yo (Literatura Random House, 2012) y Tres cuentos (Literatura Random House, 2013).


Las acciones como creadoras de atmósferas

La reciente reedición de Literatura y otros cuentos (Random House, 2017), vuelve a traer a la escena literaria a uno de los autores más interesantes en lo que al cuento se refiere. En contexto diálogo con el género cinematográfico, del cual es considerado el precursor del “Nuevo cine argentino”, los relatos de Martín Rejtman condensan una atmósfera especial, motorizada por la sucesión de acciones que emprenden sus personajes, de los cuales el lector va atando cabos sueltos.

La nueva publicación de este libro, originalmente lanzado por Interzona hace más de una década, agrega el material fotográfico de Miguel Mitlag y un cuento breve: “Psicodelia”.  Con respecto a las imágenes de Mitlag, Rejtman señala a La Primera Piedra: “Aporta al libro una amplitud conceptual mayor a la de ser un volumen de cuentos únicamente. Es un complemento visual, que tiene mucho que ver con el cine”. En ese sentido, sobre las imágenes que se intercalan entre cada nuevo relato, destaca que “si bien son figurativas, también son bastante abstractas, porque no representan nada real”.

Los relatos de Martín Rejtman condensan una atmósfera especial, motorizada por la sucesión de acciones que emprenden sus personajes, de los cuales el lector va atando cabos sueltos.

En relación a la adhesión del breve relato que cierra Literatura y otros cuentos, el director de películas de culto como Silvia Prieto y Rapado afirma que se trata del cuento más breve que escribió, en donde los climas son la parte central de la historia. Con ese agregado, se puede apreciar una de las características centrales de la obra literaria de Rejtman: resolver mucho en espacios reducidos, dar la información justa y necesaria para que algo funcione sin sobre explicar jamás. En otras palabras, dejar que sea cada historia la que seduzca al lector.



“La literatura es algo mucho más libre que el cine”

– ¿Qué sensaciones te produjo reeditar este libro después de más de 10 años?
– El libro estaba agotado. Yo soy amigo de Miguel Mitlag, el artista que hizo las fotos, y en 2016 me pidió un ejemplar del libro porque había hecho la tapa de la edición anterior con una de las fotos que ahora integra el libro. Ahí se me ocurrió reeditarlo e incluir más fotos dentro de esa misma serie, que a mí me gusta mucho. Estoy muy conforme por cómo quedó. Siempre intento que mis libros estén disponibles para que se puedan leer.

-¿Cómo dialogan las fotos con los relatos? No hay una unión explícita, al menos a primera vista.
– Específicamente le aporta al libro una amplitud conceptual mayor a la de ser un volumen de cuentos únicamente. Es un complemento visual, que tiene mucho que ver con el cine, la otra disciplina a la que me dedico. Las fotografías de Mitlag, si bien son figurativas, también son bastante abstractas, porque no representan nada real. Hacen un buen contrapunto con los relatos, tratamos de no hacer nada ilustrativo. Por eso las fotos no están en el medio de los cuentos, para que eso no genere una asociación directo. Es una suerte de experimento.

Generalmente en mis cuentos no se da información sobre los personajes o se da de forma muy limitada. Surge más de las acciones o puede haber presencia de pensamientos, lo cual en las películas es más difícil de conocer.

– Al leer los cuentos de Literatura y otros cuentos me dio la impresión de que ponés el foco más en el clima de los relatos que en las acciones. capaz con la excepción de “Ornella”. ¿Vos cómo ves eso?
– En realidad los climas no me interesan mucho, me importan más las acciones. Pero esas acciones siempre generan climas. En mis relatos, tanto literarios como en el cine, lo que hace avanzar son las acciones. Naturalmente, esas acciones producen climas en relación y en contraposición con las anteriores. Tampoco sé si “clima” es la palabra adecuada, es más una cuestión energética.

-Claro, una cuestión de atmósfera. A lo que me refería es que las distintas acciones no tienen su correlato o su seguimiento, sino que ayudan a crear esa atmósfera y a entender a los personajes sin necesidad de grandes descripciones.
– Sí, generalmente en mis cuentos no se da información sobre los personajes o se da de forma muy limitada. Surge más de las acciones o puede haber presencia de pensamientos, lo cual en las películas es más difícil de conocer. De todas formas, no son pensamientos que te metan de lleno en la psicología de los personajes, no te informan tanto.



Martín Rejtman


– ¿En qué momento decidiste agregar “Psicodelia” a esta nueva edición?
– Ese cuento me lo pidió Sergio Waisman, que es un traductor y académico de Estados Unidos y me pidió un cuento breve. Al mismo tiempo Miguel Mitlag me pidió un texto para una muestra suya y este texto funcionaba bien. Cuando lo mostré a la editorial, estuvieron de acuerdo en agregarlo, lo cual también le agrega un plus a esta reedición.

– ¿Qué conexión ves en este relato con los demás?
– Que lo escribí yo, ¿no alcanza? (risas). Hay un libro en el medio, Tres cuentos (Random House, 2013), que es un libro de relatos largos y este debe ser el cuento más corto que escribí. Es un cuento que me gusta mucho, acá sí puedo ver eso que decías sobre los climas, es un relato que es puro clima en realidad.

– En ese sentido, justo viene después de “Ornella”, el cuento más extenso del libro. Se logra un contraste interesante.
– Sí, es verdad. El libro está ordenado cronológicamente, no porque haya sido una decisión premeditada, sino porque nos dimos cuenta que así funcionaba.

En mis relatos, tanto literarios como en el cine, lo que hace avanzar son las acciones. Naturalmente, esas acciones producen climas en relación y en contraposición con las anteriores. Tampoco sé si “clima” es la palabra adecuada, es más una cuestión energética.

– En Literatura y otros cuentos también se puede ver algo que otros libros posteriores continúan y puede ser una suerte de tendencia actual: los capítulos o fragmentos breves como forma de continuidad. ¿Ves esa tendencia?
– No me doy mucha cuenta de esas cosas, no puedo pensar en otros libros que tengan un sistema en sí. En mi literatura es algo que ya viene desde mi primer libro de cuentos y viene del concepto de escena en el cine más que por cuestiones literarias. En el cine las escenas son breves y la acumulación de ellas es la que arma el relato. Mi formación es cinematográfica antes que literaria, por lo que lo primero que escribí está más vinculada a los guiones.

– Ese factor de escritura breve o fragmentada la suelo asociar a los consumos culturales actuales, sobre todo con el fenómeno vinculado a las series, ¿ves esa relación?
– Puede ser, no lo pensé en profundidad. De todas formas las series son largas, se suele alargar todo. Sí tienen el poder de mantenerte enganchado, pero no por breve. Después, relacionado a lo que vos decís, puede estar vinculado a un lector veloz en los libros electrónicos o mientras viajás en el subte. No estoy muy al tanto de esas cosas

Siempre que hay un monopolio o un cuasi monopolio, todo lo que está alrededor encuentra problemas para ser exhibido o  distribuido. Con las películas, es más difícil que esas producciones lleguen al público en comparación con los 90’s.

– Lucrecia Martel dijo que las series “son un retroceso”, por ejemplo. En contraposición, el escritor Alejandro López las ve como un fenómenos similar al de la novela del siglo XIX y principios del XX. ¿Tenés una opinión formada al respecto?
– No tengo una opinión positiva o negativa al respecto, porque me parece que sería algo ligero dar un juicio de opinión sobre eso. No pasa tanto por ahí, sino como una nueva forma de consumo cultural actual como dijiste vos. Sirve para ver cómo mutó la televisión, cómo se fusionó con Internet. Netflix sería el fruto de eso: televisión de aire ya casi nadie tiene, el cable también está en retroceso, yo por ejemplo no tengo más. Esos cambios también produjeron transformaciones en las formas de consumo, pero hasta ahora sigue siendo una incógnita. Sí se puede señalar que la producción de productos culturales menos masivos está cada vez más difícil.

(Leer nota relacionada: Entrevista a Alejandro López: “No creo que un libro vaya a cambiar al mundo”)

– ¿En qué sentido?
– Siempre que hay un monopolio o un cuasi monopolio, todo lo que está alrededor encuentra problemas para ser exhibido o  distribuido. Con las películas, es más difícil que esas producciones lleguen al público en comparación con los 90’s. En Argentina no hay otra distribución que no sea comercial, mientras que en otros países hay salas artísticas. No se entiende bien por qué. También está el fenómeno de los festivales, que ahí la película puede tener bastante reconocimiento, pero después no pasa nada cuando sale a salas comerciales.


Martín Rejtman


– Se te suele poner como el referente y precursor del “Nuevo cine argentino”. ¿Te sentís cómodo en ese lugar? ¿Tiene vigencia esa forma de hacer cine?
– No es un problema mío, sino del que analiza y estudia ese fenómeno. No me siento a trabajar desde ese lugar de “referente”. Para mí sigue teniendo vigencia, porque hay mucha gente joven que hace sus primeras películas y suelen seguir esa línea. Hay de todo, también hay espíritus viejos en directores jóvenes, como si no hubieran vivido los últimos treinta años de la cultura. En un momento se dijo que el Nuevo cine argentino estaba muerto, pero eso tampoco es tema mío, es algo de los críticos, y no me parece algo muy importante.

– Teniendo en cuenta tu doble faceta artística, ¿en qué momento una historia toma su forma final de cuento, cortometraje o película?
– Al principio de todo; desde el comienzo ya sé qué es lo que va a terminar siendo. Por ejemplo, ahora estoy escribiendo un cortometraje, algo que no hacía desde hace muchísimo tiempo. En general, la diferencia mayor que hay entre literatura y cine es que los guiones tienen un aliento más largo y, a la vez, tengo una idea de estructura más fuerte en la cabeza, a pesar de que se dice que mis películas tienen estructuras raras o digresivas.

Con la literatura le robo al cine un montón de cosas. El primer libro que escribí está muy emparentado con un guión de cine: en presente, muy descriptivo, en tercera persona. Después, en el cine se suele decir que mis películas son muy literarias.

– ¿Cómo influye cada disciplina en la otra? ¿Se prestan elementos?
– Con la literatura le robo al cine un montón de cosas. El primer libro que escribí está muy emparentado con un guión de cine: en presente, muy descriptivo, en tercera persona. Después, en el cine se suele decir que mis películas son muy literarias, sobre todo porque tienen voz en off, como en el caso de Silvia Prieto. Es un recurso que me gusta mucho, porque la manera en la que se cuenta muestra una información distinta sobre el personaje, no necesariamente psicológicauna idea diferente.

-Las fronteras entre la literatura en tu caso son más permeables, ¿no?
– Sí, no son muy firmes. A la hora de encarar un guión, además de la estructura, también te condicionan los recursos en un sentido amplio: qué voy a filmar, qué voy a tener ganas de hacer, con qué actores quiero trabajar, las locaciones, lo económico. En cambio, con la literatura no existen esos condicionamientos, es algo mucho más libre que el cine. De todas formas, me gusta la idea de tener límites, de no poder hacer todo, te ayuda a ordenarte.

Hay que invertir no solo en producción, sino también en distribución, porque sino nadie ve esas películas y terminas dándole la razón a los que recortan.

– ¿Cómo ves este momento del cine nacional? En relación a los recortes que hay en el sector cultural y audiovisual, sobre todo con el INCAA.
– Si bien escuché que se estaba reactivando un poco, mi opinión es negativa. Sin embargo, yo siempre afirmé que el INCAA era un desastre: es una burocracia terrible, obstaculizando proyectos, algo que no ocurre casi en ningún lugar del mundo. Es algo de una oscuridad terrible, siempre lo fue. Tampoco me gusta que haya comités de selección que sean corportativos, es un sistema que nunca funcionó bien desde que tengo memoria. Tampoco tengo una solución a eso, pero sí sé que nunca fue un lugar modelo. Lo mismo ocurre con la Televisión Pública: no es que no haya que invertir ahí, sino que hay que hacerlo bien. Si se invierten mal, lo más probable que ocurra es que te los quiten y que a las personas no les importe. Además, hay que invertir no solo en producción, sino también en distribución, porque sino nadie ve esas películas y terminas dándole la razón a los que recortan.

– Para ir terminando, a la hora de la escritura, ¿tenés algún mecanismo o rutina?
– Soy bastante disperso, pero sí soy consciente de que tengo que tener una rutina, así que lo intento. Ahora, por ejemplo, no estoy escribiendo nada, estoy en una pausa en la que no sé qué puede ser lo próximo, si literatura o cine.

– ¿Te preocupan esos silencios?
– Sí y no, porque también es una manera de volver a energizarse, de volver a tener material, de dejar descansar a lo anterior. Sí me preocupa en cuestiones prácticas lo vinculado a un guión, porque además del tiempo de escritura, después sigue un proceso bastante largo. El cine es una profesión tan complicada que a veces eso puede desmotivarte. En la literatura eso no me ocurre.


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