¿Qué es la poesía? #17 – Mariela Gouiric: “Escribir poesía es como una buena piña: cortita y al hígado”

por Gustavo Yuste

“Todos tenemos una manera de entrar en escena y de mostrarnos. A mí la poesía me dio una oportunidad para entrar en escena, diferente a la que yo hubiera tenido si no hubiera escrito”, sostiene Mariela Gouiric, quien acaba de publicar Un método del mundo (Blatt & Ríos, 2016). Sobre el rol de la mujer dentro de la producción literaria, la autora señala: “si me vas a pedir que no tenga miedo en el poema, decime a qué no le tengo que tener miedo, qué es lo que tengo que hacer. Tiene que haber crítica, no aceptar ese mundo que a las mujeres las tiene como minoría”. Las particularidades de escribir en tiempos de Internet, los distintos eventos de poesía  y mucho más, en la siguiente entrevista. (Fotos: Caos Producciones)


Sobre la autora

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Mariela Gouiric nació e Bahía Blanca en 1985 y actualmente vive en la Ciudad de Buenos Aires. Es Profesora de Artes Visuales y en 2013 fue becaria del Centro de Investigaciones Artísticas (CIA). Publicó los libros Tramontina (Vox, 2012); Botafogo (Eloísa Cartonera, 2014); Decime qué se siente. Se siente hermoso (Belleza y Felicidad, 2014) y Pensaba que no había un paisaje pero  (Belleza y Felicidad, 2014).

 

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-Para vos, ¿qué es la poesía?
-La poesía es una oportunidad. Es una forma de hacer diferentes las cosas y de entrar en escena. Todos tenemos una manera de entrar en escena y de mostrarnos. A mí la poesía me dio una oportunidad para entrar en escena, diferente a la que yo hubiera tenido si no hubiera escrito poesía. Vos llegás al mundo y hay cosas que te van enseñando cómo entrar en escena, como las personas que escuchan los Beatles y son músicos porque sus papás los escuchaban. En mi caso, no era muy copada la preparación que yo tenía y creo que la poesía me dio una posibilidad diferente, sobre todo la oralidad. La veo un poco salvadora, como que tiene esa capacidad.

 -¿Cómo te acercaste a la poesía por primera vez?
-En el colegio, como todos, creo. Leímos a Gabriela Mistral y después tenías que buscar sus datos. Me acuerdo de que a mí me gustaron mucho, por más de que ahora ese estilo ya no me llame, pero cuando sos chico entendés las cosas de otra forma.

-Tenés menos prejuicios, ¿no?
-Sí, te relacionás con las cosas de manera más directa con las palabras, sus sonidos, todo está en un estado más puro, por eso te mandan a la escuela (risas). Cuando me pidieron buscar información sobre Gabriela Mistral, mi mamá me mandó a lo de una vecina que tenía diccionario y ella me marcó de dónde tenía que copiar. Me acuerdo de que leí y pensé “Wow, poesía”. Ahí empecé a escribir unos poemas de amor para mi maestra, cosas como que su sonrisa derretía la escarcha, porque en Bahía Blanca hay mucha. Era chiquita, en cuarto grado.

Todos tenemos una manera de entrar en escena y de mostrarnos. A mí la poesía me dio una oportunidad para entrar en escena, diferente a la que yo hubiera tenido si no hubiera escrito poesía.

-¿A partir de ese momento, escribiste de corrido o paraste y retomaste de más grande?
-Me gustaba mucho leer, así que leía cuentos y novelas. En la adolescencia dejé de escribir y después volví a intentarlo a los 19 años aproximadamente. No había vuelto a leer poesía, así que todavía cargaba con una idea vieja. Cuando me vine a vivir a la Ciudad de Buenos Aires y empecé a vivir sola, me regalaron Ocio de Fabián Casas y después de leerla pensé: “¿Por qué dejé de escribir? Si era más fácil de lo que yo pensaba”. Todo eso porque Casas tiene una escritura que parece accesible. A partir de ahí, volví a ponerme a escribir, a intentarlo y fui tomando carrera.

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-¿A la hora de escribir, tenías algún mecanismo o rutina?
-No, va cambiando un poco, pero creo que no tengo. Siempre es mejor a la noche tarde o a la mañana temprano, no en la hora pico. A veces, escribo cuando trabajo en la escuela. También me sirve escribir cuando otros están haciendo cosas, no es que necesite estar sola o aislada, pero sí esos momentos donde la cabeza se limpia un poco. Más allá de eso, los poetas no tienen rutinas de escritores creo. Es algo de narradores, que se obsesionan un poco más. A mí me cuesta. Escribir poesía es como una buena piña: cortita y al hígado. En cambio, la narrativa es como envenenar a alguien: todos los días la tenés que poner un poquito en el té. De todas formas, no escribí tantos textos de prosa para asegurarlo.

– Tenés un estilo de escritura bastante largo en tus poemas. ¿Cómo vas manejando eso?
-Sí, pero también escribo algunos cortos. Lo que yo pienso es que uno tiene que escribir el poema para aprender: hay algo que no sabés y el poema te lo va a enseñar. Por más de que no sepas qué es eso que no sabés. En todos los poemas que escribí, me llevé la sensación de entender algo que antes no entendía. La prolongación o no del poema tiene que ver con encontrar ese conocimiento: hay algunos en los que vos necesitás más tiempo adentro del poema hasta poder capturar eso que intentabas entender o salvar.


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Foto: Caos Producciones


-¿Qué autores lees actualmente?
-Estoy leyendo poco, esa es la verdad. Por ejemplo, a Beatriz Preciado. Por más de que ahora sea Paul Preciado, yo estoy leyendo algo de cuando era Beatriz. Estoy leyendo bastante teoría feminista.

-¿No lees mucho por falta de tiempo o por decisión propia?
-Estaba un poco abatida, cansada. Estaba leyendo narrativa y teoría feminista más que nada. Suelo leer más poesía en web y me cuesta encontrar poesía que me guste mucho, que me produzca algo. También lo que pasa es que estaba buscando algunos conocimientos sobre feminismo y eso no está mucho en la poesía, porque bien se podría aprender leyendo ese género.

Escribir poesía es como una buena piña: cortita y al hígado. En cambio, la narrativa es como envenenar a alguien: todos los días le tenés que poner un poquito en el té.

-En ese sentido, ¿qué pensás del rol que ocupa la mujer dentro del ámbito literario? Sucede muchas veces que en antologías, entrevistas o conferencias todavía hay un predominio masculino.
-Sí, lo peor es que si hay una mujer está subrayado al estilo “aparece una mujer”. Es un poco aburrido. La respuesta a eso es un poco obvia: por la misma razón que a veces me tocan el culo en el subte, ¿no? El feminismo es algo relativamente nuevo como movimiento, por lo que muy pocas cosas están ganadas. Incluso, no sólo por la mirada que tiene el hombre sobre la mujer, sino por la mirada que tiene la mujer sobre sí misma. Yo no sé si las mujeres que estamos escribiendo, pensando, opinando, criticando lo hacemos como realmente podríamos. En parte, es nuestra responsabilidad todavía. Abandonar un poco esa onda Pizarnik.

-¿A qué te referís con eso?
-No lo digo mal, lo digo con mucho amor. Pero esos poemas femeninos que son profundos o tristes tienen que estar acompañados de la patada que te empuje del fondo. Si me vas a pedir que no tenga miedo en el poema, decime a qué no le tengo que tener miedo, qué es lo que tengo que hacer. Tiene que haber crítica, no aceptar ese mundo que a las mujeres las tiene como minoría. No tenés que citar un hecho traumático personal, hay que correrse un poco de la victimización y pensar en lo colectivo, sacar la idea de la mujer que aguanta una situación y ser la que produce una nueva.

Esos poemas femeninos que son profundos o tristes tienen que estar acompañados de la patada que te empuje del fondo. Si me vas a pedir que no tenga miedo en el poema, decime a qué no le tengo que tener miedo, qué es lo que tengo que hacer. Tiene que haber crítica, no aceptar ese mundo que a las mujeres las tiene como minoría.

-Solés decir que te gustan más las voces masculinas en la literatura. Fernanda Laguna te había dicho que tus poemas tenían esa voz y que experimentes con eso, ¿como ves vos esa diferencia de voces?
-Ella me dio ese consejo después de leer unos poemas que yo había escrito. Encima eran más femeninos en comparación a otros que escribí después (risas). En algún punto fue un buen consejo porque me ayudó a tomar confianza. Lo que sí me pasó fue que, cuando leí textos feministas, cualquier cosa que yo hiciera era de mujer. Entonces no era la voz de un hombre, sino una voz de mujer diferente. Ahora ya me olvidé de eso, no pienso en el género. Yo creo que el futuro es eso, dejar atrás al género que nos hace presos a todos.


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Gabriela Luzzi y Mariela Gouric. Foto: Caos Producciones


-Recién dijiste que leías más poesía vía Internet que en formato libro, ¿pensás que la facilidad y el acceso a publicar ante un público potencial tan grande cambió las maneras de escribir?
-Sí, Internet y las redes sociales nos cambiaron en todo. Antes quizás pasaba que había gente que escribía y que no podías conocer, mientras que ahora tal vez haya gente estimulada a escribir poesía por las plataformas. Incluso mi manera de mostrarme sigue siendo Internet, porque es la más generosa: la pueden leer compañeras, maestras de colegio, mi familia, amigos del secundario, otros escritores, desconocidos, etc. El libro es otra cosa, pero en algún punto te termina de legitimar en la literatura. Si no publicaste, sos medio huérfano, nadie te adoptó. Yo siento que ahora Blatt & Ríos me adoptaron, se hicieron cargo de mí que andaba callejeando en las redes sociales (risas). El editor hace eso, un trabajo hermoso con tus poemas: los baña, los viste bien. El libro tiene eso que es muy viejo, pero conserva su estilo. No me parece mal.

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-¿Qué tan importante es la publicación en ese sentido?
-No hay que aferrarse tanto a la idea de la publicación, porque cuando escribís lo que querés es ser leído y ahí hay que agradecerle más a Internet. El libro funciona como si fuese un pequeño tour por tu trabajo, está pensado así. Sin embargo , sería falso decir que publicar un libro es como un filtro donde pasan todas las producciones y sólo se publican a los buenos poetas, porque no es así: hay un montón de poetas geniales que no están en ningún lado, ni lo van a estar. De todas formas , insisto en que hay algo en publicar un libro, por ejemplo, hicimos una pequeña presentación de Un método del mundo y estaba Damián Ríos conmigo, no habíamos preparado nada. Yo no tuve fiesta de 15, pero estoy segura de que debe ser esa  la sensación que tiene la chica cuando entra agarrada del brazo del padre a la fiesta. Mucho amor, consideración y esfuerzo por parte de ellos en poner plata en algo que no es un negocio claramente. Hay algo de afecto ahí que es muy reparador.

No hay que aferrarse tanto a la idea de la publicación, porque cuando escribís lo que querés es ser leído y ahí hay que agradecerle más a Internet. El libro funciona como si fuese un pequeño tour por tu trabajo, está pensado así. Sin embargo sería falso decir que publicar un libro es como un filtro donde pasan todas las producciones y solo se publican a los buenos poetas, porque no es así:

-¿Por qué pensás que los libros de poesía no se venden, no son un negocio?
-Tendríamos que preguntarles a los que compran libros…o por qué compran los libros de los poetas que se mueren y acumulan todos sus poemas. ¿Por qué no compran un libro únicamente? Calculo que las personas quieren leer historias, o se piensa que la poesía es algo difícil de entender a pesar de que desde los 90 es muy accesible. La poesía está muy desvalorizada.

-¿A qué le atribuirías eso?
-Los poetas seguimos siendo los juglares en cierto sentido, no sé por qué. Todos te aman, pero tal vez te googlean y con tres poemas pueden llenarse para mucho rato.

metodo-¿Cómo fue el proceso de armar Un método del mundo, teniendo en cuenta que puede ser una especie de “obra reunida”? Sobre todo teniendo en cuenta que se incluye Botafogo (Eloísa cartonera, 2014).
-Sí, yo no tengo muchos libros publicados de todas formas. Juntar todos los poemas fue bastante trabajo. Leerlos todos de nuevo no es algo que vos puedas hacer en un día, porque te ponés triste con alguno y tenés que parar e ir a tomar mate. Los corregí en una quinta en Santa Fe que estábamos cuidando con un amigo y eso estuvo bueno, los revisé en ese ambiente. Algunos poemas eran muy viejos y otros muy nuevos: el último poema se agregó cuando ya estaba listo el libro, por ejemplo. Fue una experiencia linda, cambié un montón.

-¿En qué sentido cambiaste?
-Abandoné un par de clichés que tenía en la escritura. Hay dos poemas que escribí justo después de Tramontina (Vox, 2012) y se notaban esos jeites que están en la escritura contemporánea de poesía. Por suerte, después no los noté más y cada poema es un poema por separado, como si realmente yo hubiera confiado en la poesía y no recurrir a trucos de baile que hacen todos.

Hay muchos poetas que comenzaron a escribir hace poco y, a veces, con la buena intención de ser contemporáneo, se amarran a las modas del propio tiempo y no pueden producir algo propio

-¿Qué jeites o lugares comunes ves en la poesía contemporánea?
-Hablo de los últimos años, no de los poetas viejos que siguen escribiendo ahora. Hay muchos poetas que comenzaron a escribir hace poco y, a veces, con la buena intención de ser contemporáneo, se amarran a las modas del propio tiempo y no pueden producir algo propio. Lo que me gustó de Un método del mundo es que esas cosas las pude dejar atrás y encontrar algo más propio. Siempre pensé que a escribir se aprende escribiendo y todavía lo mantengo.

-¿Estás en contacto con los ciclos de lectura o los slams?
-No me gustan los slams. Hace poco hablé con alguien que era de ir y participar en esos eventos, y me decía que si hay 40 participantes tenés 40 poetas nuevos, por lo que se terminaría con el elitismo en la poesía. Yo no pienso que la poesía sea elitista, sí la considero marginal, que no es lo mismo. Más allá de eso, no creo que porque haya 40 personas recitando, los 40 sean poetas o todo lo que se recite sea un poema. Si finalmente te votás con aplausos, es muy choto escribir un poema pensando directamente en el impacto, que es la aceptación. Es otra cosa, no está mal, pero no sé por qué se le dice poesía, es slam. No es lo mismo que leer un poema en voz alta, que es algo que sí hago, dependiendo de las épocas y de mis sentimientos.

Yo no pienso que la poesía sea elitista, sí la considero marginal, que no es lo mismo. Más allá de eso, no creo que porque haya 40 personas recitando, los 40 sean poetas o todo lo que se recite sea un poema. Si finalmente te votás con aplausos, es muy choto escribir un poema pensando directamente en el impacto, que es la aceptación.

-¿Y qué sería lo que te hace poeta?
-No sé, fijate (risas). Es un poco el camino del samurai, qué se yo. Es lindo no saber eso.

-Volviendo al tema de la oralidad, sí te parece importante ¿no?
-Sí, obvio, la oralidad lo vuelve un nuevo poema. En mis pequeños talleres pongo mucho el foco en eso. La música tiene sus propios símbolos, pero la escritura no lo tiene. Si agarrás un poema mío, no hay nada que te indique el tono o el volumen. Yo pienso mucho en la musicalidad de un poema, más allá de que después sea leído en un evento o no.


Todas las ediciones de ¿Qué es la poesía?

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#13 Osvaldo Bossi; #14 Gabriela Luzzi; #15 Rodolfo Edwards; #16 Cecilia Pavón;
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