Otros colores para nosotras: un tejido para la reinvención

por Laura Verdile

Otros colores para nosotras (Ediciones Continente, 2018) es una antología que reúne las voces de trece poetas mujeres. Compilada por Bárabara Alí y Roxana Molinelli, esta construcción polifónica combina distintos estilos que, más allá de sus particularidades, tejen puntos de contacto al redescubrir sensibilidades. Las experiencias propias, la reflexión y lo cotidiano, son algunos de los ejes que hacen de este libro un camino necesario al calor de la época.  



La poesía ofrece un abanico de múltiples posibilidades que resultan más que atrayentes para los tiempos que corren. Repensar las estructuras y dar otra mirada al escenario en el que se constituyen las experiencias es una tarea aguda, que permite habitar el mundo de formas distintas a las acostumbradas. Este trabajo de deconstrucción se encuentra latente en Otros colores para nosotras (Ediciones Continente, 2018), una antología de trece poetas contemporáneas, compilada por Bárbara Alí y Roxana Molinelli, en el que las mujeres toman la palabra.

En esta polifonía, las voces se entretejen, dando lugar a distintos estilos que, a pesar de sus diferencias, encuentran puntos de contacto. Detrás de cada poema, se esconde así una sensibilidad particular, que parece cuestionar las cosas al calor de la época, interpelando desde un clima íntimo que se mantiene a lo largo de las páginas. “Hay en el decir poético un acto de creación y comunión (una comunión que pone en común las diferencias) para exorcizar lo que busca atacar y debilitar nuestras potencias”, dicen las compiladoras. Es en ese movimiento en donde se abre el juego de la identificación, que atraviesa atmósferas variadas, sin por eso perder su impulso.

En la observación minuciosa del entorno y en la reflexión sobre las vivencias, cada autora se posiciona de manera distinta, configurando una mosaico rico en diversidad que, como tal, no responde a una única categoría. De este modo, se encuentran por ejemplo aquellos poemas de registro confesional, en los que se ponen de cabeza los mandatos, como en estos versos de Jimena Arnolfi: “No debería enojarme con mi bebé,/ dice el artículo de pediatría,/soy el único mundo amable y amoroso.//Retengo hacia adentro todo este miedo/ qué presión ser el único mundo amable y amoroso”.


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Esta dimensión política va cobrando distintas formas en toda la antología, pasando por ejemplo por tonos de denuncia como el de Florencia Codagnone: “Estoy fingiendo/ que no te quiero,/ que no me importa/ la hoguera, la bolsa negra,/ la asfixia terrena,/ el vientre herido,/ el residuo del residuo/ en el que me convertís/ cada vez que te molesta mi sexo”. O también el que se puede encontrar en estos versos de Tamara Grosso:“No soy la constitución nacional/ firmada hace más de cien años/ por personas para las que no valgo,/ soy un cuerpo/ por eso quieren/ decidir sobre mí”.

Los detalles cotidianos son también la materia prima de muchos de los poemas: punto de partida para explorar lo que se encuentra en las profundidades de las experiencias propias, pero también constitutivas de un colectivo. Dice por ejemplo este poema de Paula Giglio: “Tantas mujeres/ hicieron el mismo recorrido antes que yo,/ con otra moda, otro deseo/ en vehículos distintos./ Seguramente al pasar/ por esta misma calle/ algo entendieron/ o aceptaron lo que ya sabían”. O estos versos de Malén Denis: “camino por la calle con los puños cerrados/ las manos apretadas/ como preparada para un ataque/ es lo único para lo que siempre conté/ con algún tipo de previsión.

Cada poema es único y, en el conjunto de esas singularidades, las autoras resignifican vínculos e historias. Se reinventan a sí mismas desandando su propio camino, con la fortaleza que brinda el saber que las individualidades pueden combinarse en algo completamente nuevo. El resultado es algo en lo que vale la pena indagar: es como observar a través de un prisma y encontrar, contra todo pronóstico, colores totalmente distintos a los esperados, abrir el espectro, como menciona uno de los poemas de Natalia Leiderman, y encontrar allí la rebelión.



 

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1 Comentario

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