Cuando las calles son nuestras: las luchas feministas del 2017

por Laura Verdile

En el último tiempo, la militancia feminista ha demostrado el poder de denuncia a la hora de salir a las calles para visibilizar la violencia de género y reclamar por los derechos que son vulnerados de forma cotidiana. El trabajo por desnaturalizar el sentido común machista arraigado en los más profundo de la sociedad ha iniciado un camino irreversible que demostró la fuerza del movimiento de mujeres organizado. ¿Cuáles fueron las principales luchas y conquistas del feminismo durante el 2017? (Foto: Gustavo Yuste)



Si hay algo que en los últimos años se hizo cada vez más evidente es que la lucha feminista profundizó un camino irreversible para enfrentar las injusticias del sistema patriarcal. La denuncia activa demostró que el silencio ante las violencias ya no es una opción y que, lo que antes se encontraba completamente naturalizado, ahora está siendo visto como lo que realmente es: el resultado de una estructura machista que subordina a la mujer en la sociedad. Aunque los reclamos no se han desarrollado sin la resistencia y los cuestionamientos de sectores que temen perder sus privilegios históricamente construidos a costa de la opresión, el feminismo logró hacerse escuchar. 

La denuncia activa demostró que el silencio ante las violencias ya no es una opción y que, lo que antes se encontraba completamente naturalizado, ahora está siendo visto como lo que realmente es: el resultado de una estructura machista que subordina a la mujer en la sociedad.

La calle se constituyó así en el escenario en el que miles de mujeres pusieron el cuerpo y enarbolaron banderas para gritar por sus derechos y crear redes de apoyo, gracias a las cuales los reclamos se volvieron masivos y cruzaron provincias a lo largo y ancho del país. En un contexto de emergencia ante los crecientes casos de violencia de género, donde una mujer es asesinada al menos cada 30 horas, y en donde la situación ha recrudecido frente al ajuste y la precarización laboral, la protesta feminista adquiere un rol esencial para visibilizar los atropellos que las mujeres sufren de forma cotidiana.

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Foto: Mar Garrote Cortínez


 


Higui y Belén: la libertad que se logró en la calle

Dos de los casos más emblemáticos de lo que la lucha feminista logró en el 2017 fueron las liberaciones de Higui y Belén, ambas encarceladas injustamente por un sistema que las estigmatizó y buscó sentar un ejemplo aleccionador para todas las mujeres. En ambos casos, la complicidad del Estado machista se hizo evidente desde el momento en que la palabra de estas dos mujeres fue completamente descalificada: las instituciones se encargaron de revictimizarlas con sus prejuicios, sus condenas y su inacción.

Dos de los casos más emblemáticos de lo que la lucha feminista logró en el 2017 fueron las liberaciones de Higui y Belén, ambas encarceladas injustamente por un sistema que las estigmatizó y buscó sentar un ejemplo aleccionador para todas las mujeres.

Analía Eva de Jesús, mejor conocida como “Higui”, fue ilegalemente detenida el 16 de octubre de 2016 por defenderse de diez hombres que intentaron violarla por su orientación sexual. Higui no sólo no fue revisada por los médicos, sino que además fue procesada por homicidio simple y privada de su liberad por casi ocho meses. En ningún momento se habló de legítima defensa o de que sus atacantes la habían intentado someter a una violación “correctiva”, como parte del hostigamiento que ya venía sufriendo en el barrio. La acción conjunta de varias organizaciones de mujeres a lo largo del país y la protesta sostenida logró el cambio de su representante legal, el primer paso para finalmente conseguir su excarcelación, el 12 de junio de 2017.

El 21 de abril de 2014, una joven tucumana después conocida como Belén, sufrió un aborto espontáneo. Violando el derecho a la privacidad, el médico que la atendió en el Servicio de Ginecología del Hospital de Clínicas Avellaneda de la capital de la provincia llamó a la Guardia Policial. Belén fue detenida, acusada de “asesinar a su bebé”, sin ser escuchada o tener oportunidad alguna de defenderse. Estuvo en prisión preventiva, alrededor de 900 días y fue condenada a ocho años por “homicidio doblemente agravado por el vínculo y la alevosía”. Como Higui, el caso de Belén se convirtió en un emblema del movimiento feminista y también de lucha por la legalización del aborto. Luego de numerosas marchas y campañas en las que colaboraron organismos como Amnistía Internacional, Belén fue finalmente liberada y absuelta el pasado 27 de marzo.

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Foto: Higui en la Marcha Contra los Travesticidios/ Foto: China Díaz


Ya no nos callamos más

En el último tiempo las denuncias por abuso en el ámbito del rock argentino generaron un quiebre: comenzaron a visibilizar el machismo al interior de un mundo hermético que, hasta ese momento, naturalizaba la violencia contra las mujeres con total impunidad. El puntapié inicial fue dado por el testimonio de Mailén Frías, quien, el 15 de abril de 2016, denunció públicamente a José Miguel del Pópolo, ex líder de la banda indie “La Ola que quería ser Chau”, de abuso y violación. Lo que en otro momento hubiera sido desestimado fue un punto de inflexión: el pasado abril de 2017, el cantante fue procesado y sus bienes luego embargados por 300 mil pesos. Del Pópolo ahora espera el juicio oral.

Otro de los casos que resonaron al interior de la escena del rock nacional fue el de Cristian Aldana, denunciado en 2016 ante la Unidad Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM) por abuso sexual, corrupción de menores y transmisión de enfermedades sexuales. En diciembre de 2016, el ex cantante de la banda “El Otro Yo” fue puesto en prisión preventiva, medida confirmada el pasado mes de enero de 2017, antes de su procesamiento y embargo por 2.500.000 de pesos. Actualmente, se encuentra en el Penal de Marcos Paz, a la espera del juicio oral.

En el último tiempo las denuncias por abuso en el ámbito del rock argentino generaron un quiebre: comenzaron a visibilizar el machismo al interior de un mundo hermético que, hasta ese momento, naturalizaba la violencia contra las mujeres con total impunidad.

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Las denuncias contra las figuras públicas comenzaron también a cobrar más peso en ámbitos ajenos a la cultura del rock: uno de los casos más representativos del último año es el del periodista Lucas Carrasco, acusado de varias mujeres por abuso sexual. Si bien en un principio se dictó falta de mérito en la investigación – iniciada con las denuncias a principios de 2017 – tras la apelación del fiscal y la presentación de nuevas pruebas, el Juez decidió procesar a Carrasco por una de las acusaciones y continuar investigando los otros dos casos. Esta decisión representa otro avance fundamental de la lucha feminista que se refleja en el plano judicial, e implica que el protagonismo de los varones en la esfera pública ya no es condición de impunidad ni de silencio.

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Foto: China Díaz


Contra la violencia simbólica

La lucha feminista logró iniciar un proceso para deconstruir los sentidos comunes fuertemente arraigados en la sociedad. En este sentido, la visibilización de la violencia simbólica es otro de los grandes logros que ha tenido una amplia repercusión en otros ámbitos. Eso fue lo que sucedió por ejemplo con Gustavo Cordera cuando, en agosto de 2016, realizó una serie de repudiables declaraciones en el marco de una charla con estudiantes de periodismo de la escuela TEA Arte. No sólo desestimó las denuncias contra Cristian Aldana, sino que agregó: Hay mujeres que necesitan, porque son histéricas, ser violadas, porque psicológicamente lo necesitan y porque tienen culpa y no quieren tener sexo libremente. Quieren jugar a eso”.

La lucha feminista logró iniciar un proceso para deconstruir los sentidos comunes fuertemente arraigados en la sociedad. En este sentido, la visibilización de la violencia simbólica es otro de los grandes logros que ha tenido una amplia repercusión en otros ámbitos.

Sus palabras causaron un rechazo inmediato: el Consejo Nacional de las Mujeres lo denunció penalmente por apología de la violación en una causa en la que el INADI se presentó como querellante. La radio Rock and Pop decidió dejar de pasar su música y se suspendieron varias de sus presentaciones en Mendoza y Corrientes. El pasado mes de abril de 2017, el juez Rodolfo Canicoba Corral, a cargo del  Juzgado Criminal y Correccional Federal Nº 6, lo procesó por “incitación a la violencia colectiva” y trabó un embargo de 500.000 pesos en su contra.

A principios de noviembre, otro de los shows del cantante fue suspendido en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, en donde, hace unos meses, tuvo lugar también la cancelación del espectáculo del humorista José Carlos Guridi, mejor conocido como Yayo. En aquella ocasión, la denuncia de las organizaciones Acciones Feministas y Mujeres Autoconvocadas de Punta Alta por los “estereotipos violentos de género, con expresiones degradantes y altamente sexistas” del show fue escuchada por la productora Daniel Volpe y Asociados Espectáculo y el Teatro Don Bosco, quienes suspendieron las funciones. Esto desencadenó también una reacción agresiva y misógina contra las organizaciones, que recibieron numerosas amenazas de violación y muerte de fanáticos del humorista a través de redes sociales.

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Foto: Gustavo Yuste


Dijimos Ni Una Menos

En Argentina, al menos una mujer es asesinada todos los días, víctima de la violencia machista y de un Estado que continúa dilatándose en la implementación de políticas públicas adecuadas que reviertan este panorama desolador. Los rostros y los nombres siguen multiplicándose en las marchas, pidiendo justicia y reclamando la atención y la conciencia de la sociedad entera. En los últimos meses, uno de los casos que conmovió al país fue el de Micaela García, la joven entrerriana que fue encontrada asesinada, luego de una intensa búsqueda tras su desaparición. El femicidio dio lugar a movilizaciones masivas que se replicaron en varias ciudades alrededor del país, reclamando justicia.

Uno de los casos que conmovió al país fue el de Micaela García, la joven entrerriana que fue encontrada asesinada, luego de una intensa búsqueda tras su desaparición. El femicidio dio lugar a movilizaciones masivas que se replicaron en varias ciudades alrededor del país, reclamando justicia.

Micaela García se encontraba en la ciudad de Gualeguay, Entre Ríos, cuando desapareció el 1 de abril de 2017, a la salida de un boliche. Su cuerpo fue encontrado una semana después, el 8 de abril, en un descampado en las afueras de esa ciudad. Por el crimen fue condenado a prisión perpetua Sebastián Wagner, quien ya había recibido una condena anterior a nueve años de prisión efectiva por dos violaciones. Sin embargo, el juez de Ejecución de Penas de Gualeguaychú, Carlos Rossi, le había concedido libertad condicional, a pesar de que los informes del Servicio Penitenciario y del Equipo Técnico Crimonológico lo desaconsejaban. La condena de Wagner fue también síntoma del camino avanzado por la lucha feminista que continúa desnudando la complicidad del poder estatal.

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Foto: Gustavo Yuste


Cuando la calle es de las mujeres

No se pueden dejar de mencionar los múltiples espacios de movilización que permitieron al feminismo organizarse para salir a la calle y reunir todas las consignas que se vieron expresadas de una u otra forma en cada una de las conquistas mencionadas.  Además de la ya conocida marcha por Ni Una Menos, que este año cumplió dos años de su primera edición, a principios del 2017 se llevó a cabo el primer Paro Internacional de Mujeres, una instancia histórica que resignificó la jornada del 8 de marzo. A diferencia de marchas anteriores, adquirió una articulación global, gracias a la cual miles de mujeres de todo el mundo frenaron sus actividades para evidenciar la violencia que sufren a diario.

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En esta línea, otro de los eventos más destables es el Encuentro Nacional de Mujeres, un fenómeno político, social y cultural único en el mundo, que tuvo lugar durante el mes de octubre. Como todos los años, demostró ser uno de los espacios autoconvocados más grandes de los últimos tiempos, que movilizó a más de 50 mil mujeres y mujeres trans de todas las ciudades del país a la ciudad de Resistencia, provincia de Chaco. Allí en 71 talleres democráticos, horizontales y plurales que crecen cada año, las participantes debaten sobre violencias y derechos vulnerados al interior de la cultura machista, para empoderarse, fortaleciéndo vínculos y elaborando propuestas que después son presentadas a las instituciones estatales. 

A diferencia de marchas anteriores, el Paro Internacional de Mujeres adquirió una articulación global, gracias a la cual miles de mujeres de todo el mundo frenaron sus actividades para evidenciar la violencia que sufren a diario.

En uno de estos encuentros fue donde surgió la Campaña Nacional por el Aborto Seguro, Legal y Gratuito que, como cada año, se hizo presente en las calles del país durante la jornada que organiza todos los meses de septiembre en defensa del derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo.

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Aunque dar pelea contra los sentidos arraigados en los más profundo de la cultura machista no es tarea fácil, las conquistas mencionadas ponen en discusión las relaciones de poder naturalizadas al interior de la sociedad. Que se reclame el fin de los femicidios, que las injusticias y los abusos ya no sean silenciados y que todo discurso que implique subordinar a la mujer sea ahora puesto bajo la lupa, son síntomas de un cambio progresivo que se está gestando: el que viene de la mano de la organización feminista para gritar contra todo atropello de los derechos.


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