Los casos de Higui y Belén: lo que se logró saliendo a las calles

por Laura Verdile

Analía Eva de Jesús, mejor conocida como “Higui”, recuperó su libertad gracias a la movilización de numerosas organizaciones feministas que visibilizaron lo que fue desestimado por los grandes medios de comunicación. Tal como sucedió con Belén, la joven tucumana condenada en 2014 por sufrir un aborto espontáneo, el reclamo popular demostró una vez más su fuerza a la hora de denunciar las injusticias del sistema patriarcal. ¿Qué tienen en común estos casos? ¿Qué fue lo que la militancia feminista logró construir a partir de ellos? (Foto: Gustavo Yuste)


Higui: presa por mujer, lesbiana y pobre

Hace unos días, Higui fue excarcelada después de haber estado detenida el 16 de octubre de 2016 por defenderse de diez hombres que intentaron violarla por su orientación sexual. “Te vamos a empalar tortillera”, le gritaron al tirarla al piso y romperle los pantalones y el bóxer. Higui no sólo no fue revisada por los médicos, sino que además fue procesada por homicidio simple y privada de su liberad por casi ocho meses. En ningún momento se habló de legítima defensa o de que sus atacantes la habían intentado someter a una violación “correctiva”, como parte del hostigamiento que ya venía sufriendo en el barrio.

Desde la Asamblea Lésbica Permanente, se impulsaron  numerosas acciones que se unieron en todo el país y lograron incluso llevar adelante una jornada nacional con movimientos territoriales en varias provincias.La cara de Higui apareció en los barrios y en las marchas, en murales y remeras; su nombre se escuchó en discursos, en iniciativas artísticas y en torneos de fútbol organizados para visibilizar su situación.

A partir de ese momento, organizaciones de mujeres tomaron el caso como bandera para exigir su libertad y absolución. Desde la Asamblea Lésbica Permanente, se impulsaron  numerosas acciones que se unieron en todo el país y lograron incluso llevar adelante una jornada nacional con movimientos territoriales en varias provincias. La cara de Higui apareció en los barrios y en las marchas, en murales y remeras; su nombre se escuchó en discursos, en iniciativas artísticas y en torneos de fútbol organizados para visibilizar su situación. Tal como explica a lavaca-mu Ana Laura, miembro de la Asamblea, se lograron construir “redes en todo el país”, que la acompañaron y dieron fuerza al movimiento.

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La acción conjunta también logró el cambio de su representante legal. De acuerdo a lo relatado por la Agencia Presentes, la abogada, Raquel Hermida Leyenda, conoció a Higui gracias a las organizaciones Juntas y a la Izquierda (MST), Mumalá (Libres del Sur), y a Carolina Abregú, titular de la Defensoría de Género de Malvinas Argentinas, quién también acompaño a la familia desde un principio. Leyenda destacó que la “inactividad de la defensa oficial fue total” y que hubo una “falta de valoración de las pruebas recolectadas”. Este abandono legal hacia las mujeres es en realidad muy común: sólo el 18% cuenta con un abogado particular. “Las mujeres son las grandes abandonadas en las causas penitenciarias porque son los varones los que tienen el dinero: ellos duplican ese porcentaje”, explica.


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Foto: Gustavo Yuste


Belén: otro emblema de lucha feminista

Higui, entonces, estuvo presa por ser mujer, lesbiana y también pobre. Fue doblemente disciplinada por defender su cuerpo y su identidad: una vez con un intento de violación y luego de nuevo, cuando la Justicia se negó a escuchar su palabra. Unos meses antes y a kilómetros de distancia, algo similar sucedió con Belén, la joven tucumana que el 21 de abril de 2014 sufrió un aborto espontáneo en la provincia de Tucumán. Violando el derecho a la privacidad, Belén fue detenida, sin ser escuchada o tener oportunidad alguna de defenderse. Estuvo en prisión preventiva, alrededor de 900 días y fue condenada a ocho años por “homicidio doblemente agravado por el vínculo y la alevosía”.

Como Higui, el caso de Belén se convirtió en un emblema del movimiento feminista y también de lucha por la legalización del aborto. Las numerosas marchas de más de cuarenta organizaciones de un amplio espectro político demostraron que Belén no estaba sola, sino acompañada por mujeres que reclamaron su libertad, pero también la soberanía sobre sus cuerpos

Como Higui, el caso de Belén se convirtió en un emblema del movimiento feminista y también de lucha por la legalización del aborto. Las numerosas marchas de más de cuarenta organizaciones de un amplio espectro político demostraron que Belén no estaba sola, sino acompañada por mujeres que reclamaron su libertad, pero también la soberanía sobre sus cuerpos. Según lavaca-mu, “diez organizaciones de derechos humanos presentaran amicus curiae ante la Corte Suprema de Justicia de Tucumán”. Amnistía Internacional también aportó 120 mil firmas para reclamar la anulación de su condena. Después de varias maniobras dilatorias, Belén fue finalmente liberada y absuelta el pasado 27 de marzo.

(Leer nota relacionada: Belén absuelta y la lucha interminable por el aborto legal, seguro y gratuito)

El proceso fue lento, pero la presión popular dio resultados. Igual que con Higui, la primera reacción de la Justicia – después de estigmatizar – fue negar su excarcelación. Antes de contar con la ayuda de su última abogada, Soledad Deza, Belén tuvo otros tres abogados. La defensora oficial tampoco la escuchó como correspondía. “Contrarió, como defensa técnica, la propia declaración de la imputada”, expresa Deza en una entrevista a lavaca-mu. Belén afirmaba que no estaba embarazada, pero la defensa, en cambio, sostuvo que la joven estaba en estado de shock. “No se cuestionó las pruebas que se estaban recolectando, no se cuestionó una historia clínica que tenía grandes contradicciones, no se cuestionó la falta de ADN”, agrega Deza.


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Foto: Gustavo Yuste


¿Por qué salir a las calles?

¿Qué tiene estos casos en común? ¿Cuál es el factor que demuestra, una y otra vez, la complicidad de un Estado patriarcal con la violencia de género? Que para la Justicia, la palabra de la mujer no vale absolutamente nada y que el aparato estatal es profundamente machista, al descalificar las denuncias y al revictimizar con sus dudas, sus prejuicios, sus condenas y su inacción. Todo esto, marcado por un sesgo clasista que lleva a arremeter con toda la fuerza, para terminar disciplinando a las mujeres por su condición de género, por alzar un poco más la voz y atreverse a hablar o, siquiera a reaccionar.

¿Qué tiene estos casos en común? ¿Cuál es el factor que demuestra, una y otra vez, la complicidad de un Estado patriarcal con la violencia de género? Que para la Justicia, la palabra de la mujer no vale absolutamente nada y que el aparato estatal es profundamente machista, al descalificar las denuncias y al revictimizar con sus dudas, sus prejuicios, sus condenas y su inacción.

Tanto Higui como Belén son mujeres que también fueron criminalizadas por su origen social. Juzgadas con hipocresía por instituciones que no admitieron la legitimidad de la defensa de Higui cuando se trató de su cuerpo, pero sí son capaces de escuchar, por ejemplo, la voz de un hombre cuando se trata de proteger la propiedad privada. Las mismas instituciones que condenaron a Belén en un intento de disciplinar a quienes interrumpan su embarazo, negándose a debatir la legalidad del aborto como un verdadero problema de salud pública, mientras los sectores de mayores recursos tienen acceso a dichos procedimientos bajo condiciones de higiene y salubridad, que deberían estar al alcance de todas.


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Foto: Gustavo Yuste


Ambos casos visibilizaron a lo largo y ancho del país la fuerza de los movimientos de mujeres, que el sistema creía poder aleccionar y esconder en una celda para que quedaran olvidadas. Se inscriben en un contexto de militancia feminista que busca discutir el orden establecido para que el patriarcado deje de avasallar los derechos y para que la violencia de género sea comprendida desde todas sus aristas como un problema urgente y necesario de discutir en el discurso cotidiano.

Ambos casos visibilizaron a lo largo y ancho del país la fuerza de los movimientos de mujeres, que el sistema creía poder aleccionar y esconder en una celda para que quedaran olvidadas.

Sacar el cuerpo a las calles y enarbolar banderas es lo que puso en el centro de la escena la responsabilidad del Estado y es lo que da también la posibilidad de que se gesten cambios culturales. A Higui y a Belén las condenó una sociedad que estigmatiza a las mujeres, pero también las liberó esa otra parte que se forma al interior del feminismo organizado que no se conforma con la respuesta estatal, que va a seguir gritando contra el machismo, abriendo los ojos y reclamando acciones.


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