Reseñas Caprichosas – “El imán” de Sebastián Bianchi: la tensión de lo desconocido

por Laura Verdile

Los textos que componen El Imán (La Carretilla Roja, 2016), de Sebastián Bianchi, desplazan las fronteras convencionales de los géneros para dar lugar a un universo que enfrenta al lector con lo desconocido. A través de la experimentación de tonos y lenguajes, el autor crea con habilidad una suerte de collage formado por una multiplicidad de elementos que, mediante el juego de las formas, desafía toda clase de linealidad.



Sobre el autor

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Foto: Adriana Yoel

Sebastián Bianchi nació en Buenos Aires en 1966. Es profesor de Literatura, Licenciado en Enseñanza de la Lengua y Comunicación y actualmente se encuentra cursando la maestría en Crítica y Difusión de las Artes (UNA). Integró el staff de las revistas Lamás MédulaLa trompa de falopo y Extremaficción, y participó del almanaque Flora de selva negra (1998).  Publicó varios libros, entre los que se encuentran: Segunda interpretación al médano de arena (1998), Atlético para discernir funciones (Ediciones del Dock, 1999), El trazado Luro-Matanza (Ediciones del Diego, 2000), El resorte de novia y otros cuentos (Paradiso, 2002), Manual Arandela (Macedonia, 2009), Poemas Inc. (Spiral Jetty, 2010), Canciones (Vox, 2015), El imán (La carretilla roja, 2016). Algunos de sus poemas visuales y cinéticos se pueden encontrar en su blog Ídolos en Noa-Noa.

(Leer nota relacionada: Editoriales Independientes #6 – La Carretilla Roja: “Habría que enseñar a autoeditarse a mucha más gente”)


La tensión de lo desconocido

¿Hasta qué punto se pueden tensar las formas del lenguaje? ¿Cómo definir las fronteras de lo inclasificable? Estas son algunas de las preguntas que surgen de El Imán (La Carretilla Roja, 2016), de Sebastián Bianchi. A través de sus páginas, este libro esquiva con habilidad todo convencionalismo para proponer así un desafío de lectura que juega con una multiplicidad de elementos.

Narraciones, poemas visuales, formularios y manuales de instrucciones son solo algunas de las textualidades que escapan a cualquier posibilidad de delimitación rígida. Una suerte de collage que hace equilibrio entre la lógica y lo absurdo, de modo que el lector pueda pasar de la comprensión al desconcierto en unos pocos renglones. Así, como menciona Pablo Katchadjian en la contratapa,“...el efecto es místico: por la pérdida de razón como método y porque hay algo en el centro que no se puede nombrar”.

 


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De esta forma, se puede leer, por ejemplo: “¿Y la poesía? Entra vestida de vendedor de aspirinas ambulantes que dice ‘Salute’ a un buzón carmín de fundición todo rampante y encendido como una mecha”. O también: “No busques consuelo ni asilo en la lectura, ni te detengas cuando veas caer las tipografías en chapa de los carteles luminosos. Mediante la combinación de tonos y el experimento entre las barreras del lenguaje, Bianchi abre a su paso un terreno por el que se mueve con facilidad, y con el que crea un clima de extrañeza que envuelve al lector desprevenido.

En el proceso, el autor desarma los mecanismos tradicionales que sostienen los géneros para mezclarlos y recomponerlos bajo formas totalmente nuevas, creando piezas lúdicas en las que la linealidad estalla, enriqueciendo las interpretaciones. Así se pueden encontrar estructuras en apariencia más formales en las que se inserta otra lógica que se extiende a también a los títulos y a los pies de página. “A los 23 días del mes de Abril de 1952, en Miramar, las personas que se detallan a continuación, a saber, Ismael Dioserato, Fabián Iquique, Rolo Raúl Scalabrini y Enio del Socorro, estamos reunidos en casa de este último para celebrar una nueva reunión del 2º Almanaque”.

El Imán forma, entonces, una maquinaria compleja en la que se descolocan sentidos y categorías que se creían fijos para crear un universo alternativo. Un ámbito inclasificable en el que el lector entra en tensión magnética con la incertidumbre propia de enfrentarse a lo desconocido.



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