Entrevista a Pablo Gitter de APEMIA: “El atentado a la AMIA fue un ataque de terrorismo de Estado en democracia”

por Giuliana Sordo

En un nuevo aniversario del atentado a la AMIA, el proceso de justicia está lejos de volverse real y la verdad parecería estar cada vez más solapada entre tanto encubrimiento. “La responsabilidad criminal por la comisión del atentado es del Estado argentino”, reclama Pablo Gitter, miembro de la Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA), en conversación con La Primera Piedra. El proceso actual de la investigación, las complicidades y la importancia de una comisión independiente, en la siguiente entrevista. “Argentina colaboró con sus atentados a preparar un escenario mundial de lucha contra el terrorismo”, sentencia.



¿En qué estado está la investigación de la causa?

Es asombroso, hay una generación entera de personas que viene escuchando de un atentado que se cometió antes de su propio nacimiento y que no tiene ni idea del estado en que está su investigación. Lo primero que hay que decir es que no hay nada. Todos tienen la expectativa de que haya un pasito para adelante y no lo hay. Lo sorprendente es que se siga hablando de una supuesta investigación cuando no la hay y a nadie le interesa porque si no después de 22 años, al menos, las autoridades jurídicas, la fiscalía, tendrían que renunciar a sus proclamas de “vamos a hacer el esfuerzo de investigar”. De manera que cuando preguntás por el estado de investigación es igual a cero.

¿Y respecto al juicio que está en curso en este momento?

Es una fantochada. Te estoy diciendo que no hay investigación pero ahora hay un juicio, ¿cómo se llega eso sin investigación? Bueno, eso es toda una técnica de los abogados. Sin pruebas, casi sin una acusación, hay doce o trece acusados. Todos ellos van a ser exculpados porque no hay pruebas. Es un juicio que se arma y se origina hace 16 años cuando uno de los secretarios del juez denunció que se estaban cometiendo irregularidades. Entonces, este es el juicio contra esas irregularidades. El ex juez, el doctor Juan José Galeano, se defiende así mismo diciendo que las anomalías no las cometió él sino el servicio de inteligencia del Estado, la SIDE. Las autoridades del servicio de inteligencia del Estado, que algunas de ellas están procesadas en este juicio, dicen que ellos no cometieron irregularidades sino que respondieron a lo peticionado por el juez. Parece que se esconde la mano y nadie sabe quién tiró la primera piedra pero se acusan mutuamente de la responsabilidad criminal que les cabe en el armado de pruebas falsas o de supuestos delitos para no investigar nada. Ahora, lo cierto es que ahí se cometieron irregularidades, pero qué pasó en el atentado a la AMIA todavía no se sabe.

Nosotros estamos convencidos de que el esfuerzo para que no se investigue y no se esclarezca tiene que ver con la responsabilidad criminal del mismo Estado. Es difícil que el delincuente reconozca su condición.

¿Cuál es la explicación que tienen desde APEMIA sobre el por qué la investigación está en ese grado cero? 

Nosotros estamos convencidos de que el esfuerzo para que no se investigue y no se esclarezca tiene que ver con la responsabilidad criminal del mismo Estado. Es difícil que el delincuente reconozca su condición. Pero el Estado argentino lo ha hecho, ha reconocido su responsabilidad criminal en, al menos, el encubrimiento. Un decreto que ya lleva 11 años, es el 812 del año 2005 firmado por el presidente Néstor Kirchner, que reconoció la responsabilidad del Estado en el encubrimiento criminal. Lo formidable es que reconoce eso pero no ha hecho nada para juzgar a los responsables. Es uno de los pocos casos en el planeta donde un Estado reconoce su propia criminalidad y, aun así, no hace un carajo. Entonces, nosotros apuntamos a que la responsabilidad criminal por la comisión del atentado es del Estado argentino, que pretendió durante los últimos años desviar esa responsabilidad cargándosela en la mochila a algún Estado extranjero como puede ser Irán y, antes, a Siria, al Líbano o a los rusos. Por eso la investigación no avanzó y el juicio que está en curso va a terminar en desastre. Nosotros no tenemos otra mirada. Suponemos que, tanto desquicio deliberado consciente, porque son conscientes de lo que están haciendo, es producto de que están escondiendo la responsabilidad criminal propia.

Pensando en la responsabilidad local, ¿cómo llegaron a esa conclusión?

Llegamos por distintas vías. Por un lado, las conclusiones lógicas de mirar cómo se movían, por sospechas que nos llevaron a pensar cómo es posible que tanto abogado haga tanta imbecilidad y encima consideren que tienen que ser felicitados. Mientras declaraban que iban a hacer todo lo posible para esclarecer todo el atentado, había muy pocas personas investigándolo en el juzgado, esas personas estaban poco menos que sin dormir para poder producir toneladas de papel e información. También, observamos en detalle cómo la prensa mundial manejó este tema. Además, los servicios de inteligencia nunca respondieron sobre qué hicieron antes, durante y después del atentado.

En Argentina hubo tres atentados criminales: el atentado a la embajada de Israel en el ’92, el atentado a la AMIA en el ’94 y el atentado sobre la ciudad de Río Tercero en 1995 que hizo volar la fábrica militar. Con estos, Argentina fue premiada internacionalmente con un ascenso en la lucha contra el terrorismo. En el ‘96 nuestro país ingresó a la OTAN.

¿Todo eso desembocó en esta idea?

Sí, pero recién llegamos a la conclusión de la responsabilidad criminal del Estado argentino en 1999. Ya en el ’97 los familiares estaban francamente enojados con el manejo de las causas y acusaron al gobierno de Menem y Duhalde de amparar a los responsables criminales. En el ’99 sacamos la conclusión de que por más movilización social y denuncias que haya, el gobierno se mantenía impoluto en su tarea de encubrimiento. No cabía duda de que el costo del encubrimiento lo pagaban porque alguna responsabilidad tenían y nos parece que nadie es encubridor de un crimen que no realiza. Fuimos sacando conclusiones desde la lógica más formal. Después conocimos los manejos entre los Estados y nos parecía que el ocultamiento trascendía las fronteras argentinas.

— ¿En qué sentido?

En Argentina hubo tres atentados criminales y nosotros éramos los únicos que los vinculábamos: el atentado a la embajada de Israel en el ’92, el atentado a la AMIA en el ’94 y el atentado sobre la ciudad de Río Tercero en 1995 que hizo volar la fábrica militar. Con estos tres atentados, Argentina fue premiada internacionalmente con un ascenso en la lucha contra el terrorismo. En el ‘96 nuestro país ingresó a la OTAN. Esto es realmente increíble. El Estado argentino lo tiene bastante escondido y los jóvenes deberían saber que tenemos un estatus de país OTAN. Argentina está en el mismo pie de igualdad con Turquía, Israel, Estados Unidos o Inglaterra, y ese estatus de igualdad es incomprensible para un país que tiene el récord de tres atentados cometidos y ni uno resuelto. Es asombroso.  Por otro lado, en el año 2003, en medio de un juicio que se consideraba histórico porque iba a condenar a los responsables, la SIDE los libera reconociendo su propia implicación en los pagos a ellos para hacerlos culpables de lo que no eran. Esto ya era el colmo. Después de haber hecho eso, la conclusión general fue: “Viva la democracia, esto es justicia”. Es una imbecilidad, porque los que fueron liberados eran apenas la primera línea de fuego del atentado, pero reconocer que fueron liberados porque ellos no tuvieron implicación directa en el atentado mismo no es saludar a la democracia. La única explicación que nos cabe es que están demasiado implicados en el atentado mismo.

AMIA

Pablo Gitter y Laura Ginsberg de APEMIA. Foto: Anred

— ¿Tienen alguna hipótesis de cuál es el fin de tanto encubrimiento? ¿Cuál fue el objetivo de estos atentados?

Pensamos que los atentados fueron producidos para facilitar un cuadro internacional de lucha contra el terrorismo mundial. En un momento en que no había atentados terroristas, hubo tres atentados en Argentina y, después de ello, el mundo se ha convertido a la lucha contra el terrorismo, sumado el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, entre otros hechos. Pero cuando no había organizaciones terroristas mundiales, Argentina creó una situación que ayudaba a luchar contra los países promotores de los atentados terroristas. El primer supuesto promotor de los atentados era el Líbano. Cuando esa hipótesis se vino abajo, acusaron a los sirios. Como con los sirios era mejor no meterse porque había negociaciones en el medio, le tiraron la pelota a Irán. Declararon que Irán era parte del eje del mal y todos los cañones apuntaron allí. De manera que Argentina se vio en todos esos años, desde 1994 hasta el 2011, a la producción mundial de supuestas responsabilidades contra el terrorismo. Hace 10 meses, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner reconoció que ella firmó un memorando con Irán, al que acusó durante 13 años, por pedido del presidente Obama. Es decir, no hay nada más transparente que un reconocimiento del carácter subordinado del Estado Nacional a cualquier política menos a la de esclarecimiento. Entonces, la hipótesis es que Argentina colaboró con sus atentados a preparar un escenario mundial de lucha contra el terrorismo.

— Es una hipótesis fuerte

Sí. Además, a lo largo del tiempo hemos sabido, más que por la investigación judicial por las filtraciones de la no investigación, que el Estado argentino produjo prueba antes del atentado para después justificar una supuesta investigación del atentado mismo. El Estado argentino supo meses antes del atentado que este se iba a producir y no hizo un carajo para evitarlo. Lo supo antes, participó durante y al final encubrió. ¿No habrá llegado el momento de reconocer que eso es una participación criminal?

Pensamos que los atentados fueron producidos para facilitar un cuadro internacional de lucha contra el terrorismo mundial.

Frente a eso, ustedes proponen la creación de una comisión independiente de investigación.

Claro, una comisión de investigación independiente porque ya han fracasado todos los poderes del Estado. El poder ejecutivo reconoció por un decreto su condición de encubridor, eso es lo máximo que se le puede pedir. El poder judicial, también, porque desde la corte suprema para abajo están todos implicados en el encubrimiento. Los jueces han reconocido que hay oscuros intereses que evitaron el esclarecimiento, pero ellos mismos tampoco se encargaron de develar cuáles son esos oscuros intereses.

— ¿Y el poder legislativo?

El parlamento fue el último eslabón del tarro de la impunidad. Allí se constituyó una comisión de seguimiento de la investigación del atentado a la AMIA, pero fue una comisión de cómplices de la actividad de Galeano. Los principales responsables de esa comisión terminaron procesados por encubrimiento. Entonces, ¿qué te queda si están los tres poderes implicados? Por eso proponemos que la comisión sea investigadora independiente. Además, que tenga un carácter estatal pero que esté vinculada al parlamento, que esté integrada por 15 ciudadanos que proviniendo desde distintos ámbitos de la vida social colaboren a ejercer una investigación del orden de lo político. Una minoría de seis diputados y senadores, y representantes de cada uno de los grupos de víctimas. Sería una comisión que con mayoría de ciudadanos a pie, integrada al parlamento y con los archivos del Estado abiertos, que es lo que exigimos, pueda investigar qué sucedió en Argentina y revelarnos la verdad. Con ella, luego buscaremos las vías para ejercer la acción penal pero empezar con los juicios antes de saber quiénes son los responsables es otro de los inventos francamente asombrosos de cómo maltratar cualquier cosa que pueda conducir a una investigación real. Ahora, todo esto se da bajo los discursos de “estamos preocupados”, “estamos investigando”, “estamos avanzando”. No, no avanzamos un carajo. Después de 22 años, ¿en que avanzó la investigación? En absolutamente nada, pero estamos sentados sobre millones de hojas escritas sobre el tema.

Después de 22 años, ¿en que avanzó la investigación? En absolutamente nada, pero estamos sentados sobre millones de hojas escritas sobre el tema.

¿Cuál fue el papel del fiscal Alberto Nisman en el caso AMIA?

Nisman fue uno de los fiscales del encubrimiento. Fue ayudante de los fiscales que hoy están siendo procesados por distintos delitos e irregularidades cometidas durante la primera parte de la investigación con Galeano. Cuando los fiscales de esa causa son echados del juicio por la comisión de sus delitos, en el primer juicio AMIA que fue entre 2001 y 2004, el quedó a cargo. Entonces, no es un fiscal que venía con todas las pilas para hacer algo nuevo sino que era el fiscal que había acompañado el trabajo delictivo de sus jefes. Terminado el juicio, se propuso que Nisman siguiera a cargo de una fiscalía especial que se inventó para él con el argumento de que era el que más sabía mientras que, en realidad, era el que mejor había ocultado. Entonces, resultó que el encubridor de antaño pasó a ser el que iba a echar luz sobre los crímenes que él mismo resolvió que no había que investigar.

¿Qué hizo mientras fue fiscal?

Nisman es el autor de la teoría de que no hubo responsabilidades locales en la comisión del atentado, entonces resulta que un edificio entero salió volando, en condiciones de complicidad policial, con protección nacional e internacional, pero todos ellos eran marcianos porque argentinos no hubo ninguno. Esto es ridículo. La lectura de los dictámenes de Nisman, que eran de 500 páginas cada uno, demuestran que él se creía García Márquez, era un autor de literatura fantástica y de muy mala calidad.

¿En qué sentido?

Hay dictámenes de esa cantidad de páginas donde le imputa responsabilidades a Ibrahim Hussein Berro, el supuesto terrorista que se habría inmolado en AMIA, pero, en realidad, todos los testimonios apuntan a decir que este muchacho murió tres meses antes del atentado. Es una situación muy dramática porque si no hay ningún argentino que haya cometido el atentado, a quién vas a acusar. Él encontró que la culpa era de los iraníes porque habrían hecho una reunión donde se discutió el crimen, pero resulta que el atentado se discutió con posterioridad a los primeros avisos que la policía federal argentina recibió sobre que se venía un segundo atentado. De manera que todo lo hecho por Nisman en sus dictámenes sostuvieron esa carcasa hueca que ayudaba a que el gobierno nacional, colgado de los intereses de la OTAN, Estados Unidos, Europa y, obviamente, de Israel, pudiera atacar contra los malos iraníes. Cuando el orden mundial se da vuelta y los que ayer eran malos, ahora son aliados, Nisman quedó patas para arriba.

Nisman fue uno de los fiscales del encubrimiento. Fue ayudante de los fiscales que hoy están siendo procesados por distintos delitos e irregularidades cometidas durante la primera parte de la investigación con Galeano. Resultó que el encubridor de antaño pasó a ser el que iba a echar luz sobre los crímenes que él mismo resolvió que no había que investigar.

¿Su muerte la relacionan a esto?

— La circunstancia de su muerte, aún no esclarecida, es el producto de una crisis anterior a su muerte. Nisman estaba absolutamente out. Lo último que llegó a hacer fue el dictamen acusatorio al gobierno, que aún no se investigó, pero era una carta de último momento y de desesperación personal que terminó muy mal. Haya sido asesinado o haya sido suicidado por su propia acción, Nisman tenía la íntima convicción de haber sido superado por los hechos. Él había contribuido a formar a la opinión pública en un camino y después se lo dieron vuelta, lo dejaron pedaleando en el aire. Nisman no fue un aporte al esclarecimiento de nada y ahora parece que tendríamos que esclarecer su posible asesinato, lo que es un agregado turbio al tema de la causa AMIA. Nisman es uno de los responsables del encubrimiento, junto con Galeano y la banda de delincuentes que está siendo juzgada hoy, que incluye al ex presidente Menem, a los ex titulares de servicios de inteligencia y a los ex titulares de la policía federal. La situación es realmente escandalosa. Si vos tenés a todos sentados frente a un tribunal y muy probablemente vayan a ser exculpados, ¿cuál es la primera conclusión que podés sacar? Nosotros les imputamos la responsabilidad criminal y exigimos la apertura de los archivos porque siguen cerrados, lo que es realmente insólito porque si después de 22 años siguen cerrados ya no sé qué es lo que están juzgando.

Pensando en esta comisión independiente, ¿tienen realmente esperanza en que se realice y se abran los archivos?

Es una situación muy difícil. En un artículo publicado en La Nación, comentamos que el gobierno actual está absolutamente dividido frente al tema. La mitad está en contra de que se investigue y la otra mitad está en contra de una comisión investigadora. Quiere decir que están 100% de acuerdo en ver como zafan, pero no en esclarecer. Creo que más de la voluntad de un gobernante o de un círculo de influencias va a depender de la lucha del pueblo argentino. No hay otra posibilidad. Nuestro esfuerzo a la hora de clarificar las ideas por una comisión independiente, es un llamado a la movilización del pueblo argentino. Nos han vendido un cuento. Se supone que el terrorismo es parte de un pasado dictatorial de gente mala, no de un presente de terrorismo de Estado en democracia, y eso es lo que hemos vivido en AMIA, un ataque de terrorismo de Estado, donde el propósito no puede ser otro más que mostrarnos cuál es la esencia del aparato democrático: el ocultamiento de los problemas del pueblo, y hasta la posibilidad de realizar crímenes bajo la apariencia de servir los intereses nacionales. Si alguna esperanza tenemos es en la lucha por la apertura de los archivos y en desarrollar la conciencia ciudadana en un sentido de rebelarse contra estas instituciones que en nombre de la democracia son oprobiosas.

Creo que más de la voluntad de un gobernante o de un círculo de influencias va a depender de la lucha del pueblo argentino. No hay otra posibilidad. Nuestro esfuerzo a la hora de clarificar las ideas por una comisión independiente, es un llamado a la movilización del pueblo argentino. Nos han vendido un cuento.

¿Cuál es la relación de APEMIA con las otras organizaciones relacionadas con el atentado a la AMIA y en general de la comunidad judía?

— No tenemos relaciones con ellos. APEMIA nació alrededor de un grupo de familiares y amigos que estaban integrados en Memoria Activa, muy reciente al atentado. Fueron los familiares los que comenzaron a movilizarse y a visibilizar que aquí había problemas. Ni bien empezó eso, comenzó el enfrentamiento contra la dirección de la colectividad judía que desde el principio estuvo atada y subordinada a las directivas de Israel y del Estado argentino. Siempre hubo una actitud de colaboración entre la dirección de la colectividad judía y el Estado argentino para el ocultamiento. Esto se puso en evidencia en el discurso de los familiares en el año 1997, leído por Laura (Ginsberg, titular de APEMIA) cuando ella acusa a Menem y a Duhalde de su responsabilidad en el encubrimiento de los asesinos. A partir de ahí, el Estado y la dirección de la colectividad judía se empeñaron en quebrar a los grupos de familiares en sus vínculos personales e incluso sacarlos de la colectividad judía, de manera que hoy nosotros somos un grupo absolutamente independiente de unos y otros. No apoyamos ninguna de las iniciativas del Estado al que acusamos de su responsabilidad criminal, y no tenemos ningún vínculo con la dirección de la colectividad judía a la que consideramos como cómplices y los acusamos como tales.

— Volviendo a la idea de que el atentado fue terrorismo de estado en democracia, ¿por qué creen importante visibilizar este concepto?

El terrorismo de Estado está asociado a la dictadura militar y es un error vincularlo exclusivamente a eso. La democracia ha perfeccionado a límites increíbles su acción terrorista. Hace 22 años que están juzgando algo que no avanza ni un milímetro. El debate es cómo se supera esto. Si vos me preguntas: ustedes, ¿quieren democracia o dictadura? Nosotros queremos democracia pero esto ni siquiera es una cobertura de chocolate de la torta. Es una cobertura de mierda. No me disfraces lo que no es chocolate, no me disfraces lo que no es democracia.


 Agrupación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA (APEMIA)

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