“Walter Bulacio está presente en cada una de las personas que conoció”

por Giuliana Sordo

El 26 de abril de 1991, Walter Bulacio, moría tras una semana de agonía luego de una razzia policial, seguida de golpes y torturas. 27 años después, su hermana, Tamara Bulacio, continúa la lucha iniciada por su familia cuando ella apenas había nacido y, en la siguiente entrevista con La Primera Piedra, recorre una historia por una justicia que no existe. “Walter siempre está presente en cada una de las personas que conoció, pero también en las personas que no lo conocen y que siguen estando en la lucha”, sentencia.



Tamara Bulacio nació dos años después de la muerte de Walter. Fue criada en una lucha que se convirtió en emblema contra la represión. Pelea que inició su papá, Víctor David Bulacio, y que continúo hasta su muerte su abuela, María Ramona Armas de Bulacio, mejor conocida como Mary Bulacio. “Ya son 27 años de la muerte de Walter y todavía estamos de pie esperando alguna justicia”, denuncia a La Primera Piedra.

Las movilizaciones, a las que asistió desde sus seis años, y el pedido constante de justicia se dio de forma enlazada con la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) y sus referentes, como María del Carmen Verdú. “Hoy en día la justicia no existe y se tiene que salir a luchar. Otra cosa no hay, no hay otra forma de poder sobrellevar las cosas porque si uno no se mueve, las cosas no vienen por si solas”, señala en la siguiente entrevista.



— Si bien naciste después de la muerte de Walter Bulacio, acompañaste desde chica las marchas por justicia, ¿cómo recordás eso?

— Me acuerdo muy pocas cosas, me vienen flashes. Siempre estaba de la mano de Carmén  (NdE: Verdú) o de mi abuela. Una vez tiraron un montón de fuegos artificiales y bombas de estruendo en Plaza de Mayo y yo lloraba, estaba asustaba. Veía que siempre había gente, me acuerdo de las bandas que hubo y de ver llorar a un montón de gente. Cuando era chica no lo comprendía, a medida que crecí recién fui cayendo en el tema.

— Vos te criaste con tu abuela que se volvió un emblema en la lucha por Walter, ¿cómo fue crecer así?

— Al principio fue bastante pesado porque era verla sufrir, siempre, verla llorar. Había toda una familia destruida porque la muerte de Walter destruyó a todos, no solamente a los padres sino también a los tíos, primos, etc. Pero fue algo grandioso verla y saber que ella dejó tanta enseñanza, porque dejó mucho al no rendirse nunca. Ya son 27 años de la muerte de Walter y todavía estamos de pie esperando alguna justicia que, lastimosamente, no va a ser más de lo que ya hubo: que fueron solamente tres años en prisión domiciliaria para Espósito (NdE: Miguel Ángel Espósito, comisario a cargo de la razzia en la que fue detenido Walter Bulacio).

(Leer nota: Walter Bulacio: su muerte en manos de la policía es símbolo de la lucha antirrepresiva)

— En ese sentido, es difícil hablar de que haya habido efectivamente justicia porque, además, su muerte en sí nunca se juzgó.

— Sí, durante el juicio en 2013, solo se juzgó la privación ilegal de la libertad.

Yo creo que la causa no va a avanzar más. Ojala así lo fuera pero la causa ya pasó por más de 43 jueces, ¿entendés? Por más que se cerró, se logró abrir, se luchó y hubo un montón de movidas, no se puede lograr.

— No se juzgo su muerte, a pesar de que el Estado argentino haya sido condenado a nivel internacional por no avanzar en la investigación, ¿cómo ves este proceso? ¿En qué situación está la causa en este momento?

— Yo creo que la causa no va a avanzar más. Ojala así lo fuera pero la causa ya pasó por más de 43 jueces, ¿entendés? Por más que se cerró, se logró abrir, se luchó y hubo un montón de movidas, no se puede lograr. Lamentablemente, no hay justicia, por más que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó a Argentina, no sirve, porque no la van a pagar. La causa sigue en stand by y ahí quedó.



— Tanto tu abuela como vos siempre estuvieron enlazadas y acompañadas de CORREPI, vos mismo militabas ahí. 

— Carmen (Verdú) era prácticamente como mi mamá. Yo crecí al lado de ella y su hijo. Siempre estaba junto a ella en las marchas. Militando en CORREPI vi pasar muchísima gente que lucha y fue una gran experiencia.

— En aquel 1991, ¿cómo comenzó a organizarse tu familia para visibilizar la causa?

— La lucha la empezó mi papá, le pasaron el número de Carmén y ahí empezó la movida. Después mi papá se enfermó y quedó mi abuela que siempre lo había acompañado.

— Es un caso muy emblemático tanto como representación de lo que es la represión en democracia y, también, su nombre se convirtió en un símbolo y ayudó a visibilizar muchos de estos hechos. ¿Cómo ves ese doble juego?

— En algún punto, me parece extraordinario ver a madres y familiares víctimas de gatillo fácil o represión que luchan hoy en día. Entonces, esas cosas las veo muy positivas porque esas madres salen a luchar por más tristeza que tengan. Que te arranquen un hijo de la forma en que te arranquen es un dolor y es un vacío muy grande que no se va a llenar, es algo que no se puede suplantar, pero ahí estamos todos para darnos el apoyo y sacar del pozo a esas madres o esos padres o familiares que están en esa situación.

Patricia Bullrich avala todo y aplaude cada vez que hay represión o que matan a alguien

— ¿Haberte criado en todo este contexto, con esta lucha de por medio te hace parte y, en algún punto, responsable de seguir con ella? ¿Cómo lo sentís?

— No siento que sea una responsabilidad. Es algo que yo quiero hacer. Por eso sigo yendo a los 24 de marzo, al aniversario de Kosteki y Santillán, a las marchas de Luciano Arruga y siempre que puedo y me da el tiempo trato de ir a los juicios o actividades, pero es algo que yo quiero hacer. No es por obligación ni nada de ese estilo.



— Tras tantos años de pelea, ¿cómo ves el contexto actual en materia represiva?

— Se viene una gran mano dura. Todos los días hay casos de gatillo fácil, de represión. Siempre lo va a haber. Sumado a que ahora Patricia Bullrich avala todo y aplaude cada vez que hay represión o que matan a alguien. Es muy triste que estando en democracia sigan pasando estas cosas igual y peor, porque es peor.

— ¿Cómo se sigue luchando?

— Saliendo a la calle y no callar. Es un camino muy largo, lleva muchos años. Hoy en día la justicia no existe y se tiene que salir a luchar. Otra cosa no hay, no hay otra forma de poder sobrellevar las cosas porque si uno no se mueve, las cosas no vienen por si solas.

— Siempre mencionas que tenés muchos recuerdos de Walter por lo que te contaba tu familia, ¿qué es lo que más recordás cuando pensás en él?

— En lo que él quería ser: profesor de historia. Que tenía todo un futuro por delante, que era una gran persona porque todo el mundo lo dice, todos sus amigos que conozco y que nos acompañaron o me acompañan. Cuando se cumplieron los 25 años de su muerte, le hicieron una placa acá en Aldo Bonzi que está colocada en la entrada. Ver a todos ellos convocados ahí, verlos llorar y ver la tristeza que cada uno tiene es algo que no se va a olvidar. Walter siempre está presente en cada una de las personas que conoció, pero también en las personas que no lo conocen y que siguen estando en la lucha, o cuando uno va a los recitales por que se lo canta también. Es algo que no se olvida y que quedó marcado para la historia. Walter siempre está en cada uno de los presentes.



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