Reseñas Caprichosas – “Lugares vedados” de Mónica Brasca: lo que se esconde en los silencios

por Laura Verdile

Las microficciones que conforman Lugares vedados (Kintsugi Editora, 2018), de Mónica Brasca, ofrecen historias variadas que juegan con mezclas de géneros y estilos, ofreciendo al lector una atractiva variedad de mundos posibles en los que sumergirse. Con un hábil manejo del silencio, la autora demuestra que el impacto de un libro puede encontrarse en todo aquello que no se dice.



Sobre la autora

Mónica Brasca nació en Rafaela, provincia de Santa Fe, en 1957. Es cuentista y traductora de inglés y portugués. Sus minificciones han obtenido premios e integran antologías nacionales e internacionales. Desde 2012 participa en el taller de minificción de Marina Ficticia, dirigido por el escritor mexicano Alfonso Pedraza. Tiene inédito el libro de cuentos El camino de regreso. Actualmente vive en la ciudad de Santa Fe. Lugares vedados es su primer libro de microcuentos publicado.


Lo que se esconde en los silencios

Trabajar microficciones es un desafío complejo que va más allá de la brevedad. Requiere de la dosis exacta de narración para condensar los sentidos que desbordan todo lo que no se dice. Eso es lo que se propone Mónica Brasca en Lugares vedados (Kintsugi Editora, 2018), un libro que reúne más de setenta microrrelatos que provocan al lector, a la vez que lo conducen por un abanico de escenas de lo más variadas: desde asesinatos, traiciones y secretos familiares hasta episodios cotidianos que esconden, en pocas palabras soledades, miedos, injusticias y amores truncos.

Mantener la desconfianza resulta esencial: desde un principio se comprende que lo que se encuentra en las primeras líneas no es más que la punta de un iceberg que, en tan solo segundos, se descubre con la fuerza de un golpe cuidadosamente preparado. Pero el impacto no termina con el último punto, sino que permanece suspendido en el aire, como una estática que lo envuelve todo y de un chispazo une las pistas trazadas en el texto. Ese momento final, la inquietud encendida por la sugerencia, es una constante que Brasca logra hábilmente a lo largo de todo el libro.




El humor y la ironía son algunos de los recursos utilizados para acentuar el contraste entre lo que se perfila al comienzo del microrrelato y lo que termina sucediendo hacia el final, creando un efecto de mayor incertidumbre frente a lo que se despliega ante la lectura. Puede leerse por ejemplo: “Se alegró muchísimo de su buena estrella cuando ganó un crucero a las islas griegas. No tuvo en cuenta que entre suerte y muerte la catástrofe era un fonema”. Además, Brasca demuestra su versatilidad al mezclar lo realista y lo fantástico y jugar, no únicamente con la frontera porosa entre los géneros, sino también con narradores, estilos y con la intertextualidad.

Como sucede en toda buena microficción, aquellas que conforman Lugares vedados concentran el tiempo, demostrando que no se necesita de una gran extensión para retratar desde un encuentro entre dos personas hasta la historia de una vida. Los sentidos, las acciones y la vida interior de los personajes avanzan de forma fluida sin tener que encajar en una estructura narrativa clásica. Brasca demuestra que lo importante son precisamente los silencios, más que la exhaustividad de las descripciones o del desarrollo, y que con eso se puede lograr una potencia que mueve al lector de su ámbito de comodidad, movilizando una maquinaria que excede la escritura.



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