Reseñas Caprichosas – “Donde los peces pueden vivir” de Marisa Domínguez Coll: bucear bajo las historias

por colaboradores

Donde los peces pueden vivir (Griselda García Editora, 2017) es el primer libro de Marisa Domínguez Coll, y también uno de los primeros de la editorial, que se lanza con una colección de narrativa. Los 10 cuentos que forman el libro recorren temas como la infancia y el miedo, con el hilo conductor de un clima siempre enrarecido, que crea la atmósfera de que algo está por suceder.

Por Tamara Grosso*


Sobre la autora

21768010_838255332990504_2039574220504804857_nMarisa Domínguez Coll nació en la ciudad de Buenos Aires en 1964, donde vive y trabaja como médica psiquiatra. Donde los peces pueden vivir (Griselda García editora, 2017) es su primera obra publicada.


Bucear bajo las historias

Un recuerdo de la infancia, un sueño o una historia repetida por varias generaciones de estudiantes de una escuela pueden ser los puntapiés iniciales para disparar un cuento. En Donde los peces pueden vivir (Griselda García Editora, 2017), el primer libro de Marisa Domínguez Coll, eso sucede pero con un hilo conductor que une las diez historias narradas: siempre hay algo que parece estar por estallar bajo la piel del relato.

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“No fue difícil presentarles un relato divertido pero tenía la sospecha de que algo de mi propio infierno anidaba allí”, dice una de las narradoras. Eso podría definir el libro: una serie de relatos entretenidos, pero que siempre pueden releerse buscando otra interpretación.


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Otra de las constantes en el libro es una exploración de lo anatómico, de la potencia del cuerpo humano para estar continuamente en peligro. Una ex instrumentadora quirúrgica que recuerda cómo el médico con el que trabajaba aconsejaba a los estudiantes “no llevarse la arteria por delante”, la leyenda de que un alumno de una escuela murió decapitado al caer sobre los trozos de un inodoro roto o un cuento hilado sobre el miedo al ahogo son algunos de los ejemplos. Quizás la profesión a la que se dedica la autora tenga que ver con esa mirada.

En Donde los peces pueden vivir puede encontrarse un tono relajado y al mismo tiempo uno melancólico, y eso crea una constante tensión narrativa que crea expectativa por lo que está por venir. Los personajes, a veces niños, a veces adultos, todos por momentos con apariencia de estar asustados o perturbados, son la clave para encontrar la empatía del lector.


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