Las denuncias contra Santiago Aysine: discutir qué es abuso

por Redacción La Primera Piedra

Santiago Aysine, cantante de la banda de rock Salta la Banca, fue denunciado a través de las redes sociales por abuso sexual. Los relatos generaron diversas respuestas: desde quienes se solidarizaron con las mujeres hasta quienes las condenaron y relativizaron el contenido de las acusaciones. De esta forma, las reacciones alrededor de las denuncias ponen en escena el debate sobre qué es el abuso al interior de una sociedad en la que la militancia feminista continúa luchando para que las voces de miles de mujeres sean escuchadas.



La semana pasada, una joven denunció a través de Twitter haber vivido situaciones de abuso por parte de Santiago Aysine, cantante de la banda Salta la Banca. El relato se viralizó rápidamente y llevó a que surgieran otros testimonios que detallan situaciones de violencia del músico hacia mujeres mayores y menores de edad. Las denuncias involucran también a otros dos miembros del grupo: Santiago Maggi y Juanjo Gaspari.

La militancia organizada ha logrado hacer presente la  violencia de género en la agenda social y mediática, dando inicio a un camino del que no hay retorno: la imposibilidad de callar ante el atropello de los derechos, de silenciar todas las situaciones en las que la decisión de la mujer es vulnerada y amoldada a los deseos del varón.

Los mensajes generaron un amplio repudio hacia la banda, pero también suscitaron reacciones de quienes se solidarizan con los músicos, culpando a las mujeres y subestimando los relatos de los episodios vividos. Cabe destacar que, por un lado, la viralización de los testimonios y el apoyo de un gran sector de la sociedad da cuenta de un clima de época marcado por la lucha feminista. En el último tiempo, la militancia organizada ha logrado hacer presente la  violencia de género en la agenda social y mediática, dando inicio a un camino del que no hay retorno: la imposibilidad de callar ante el atropello de los derechos, de silenciar todas las situaciones en las que la decisión de la mujer es vulnerada y amoldada a los deseos del varón.


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Comentarios extraídos del portal web del diario Clarín


Por otro lado, los comentarios estigmatizantes y violentos hacia quienes denuncian ponen en evidencia el machismo latente en la sociedad, que no hacen otra cosa que reproducir un discurso agresivo y condenatorio. Los insultos deslegitiman los testimonios a partir de la creencia profundamente arraigada de que la mujer tiene la culpa y relativizan los abusos que miles de mujeres sufren todos los días, como parte de situaciones completamente normalizadas, de las que se muestra así un profundo desconocimiento y falta de comprensión sobre lo que implica la violencia de género, en todos sus niveles.

El abuso implica no respetar toda decisión que la mujer tome sobre su propio cuerpo; forzar e imponer a pesar de las negativas y la falta de consentimiento. No importa el momento, lugar o la existencia o no de una relación afectiva, factor utilizado, en ocasiones, como justificativo.

Chicas Muertas LSF

Sin embargo, el hecho de que varias denuncias contra el ámbito del rock hayan tenido lugar y recepción en las redes sociales, en tanto herramientas que replican la capacidad de difusión y escucha, da cuenta de un proceso de desnaturalización que también involucra a las mismas mujeres que sufren violencias. Marca la toma de conciencia de que el abuso implica no respetar toda decisión que la mujer tome sobre su propio cuerpo; forzar e imponer a pesar de las negativas y la falta de consentimiento. No importa el momento, lugar o la existencia o no de una relación afectiva, factor utilizado, en ocasiones, como justificativo. 


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Foto: Gustavo Yuste


Dar cuenta de la gravedad que tienen todas esas circunstancias es también desnudar las relaciones asimétricas al interior de una sociedad machista, que se forma sobre la idea latente de que la mujer es propiedad del hombre, de que su cuerpo es un objeto sobre el que no tiene verdadero poder. En el ámbito del rock, las situaciones de abuso se dan, además, en un contexto de sacralización de los músicos, lo que alimenta la impunidad tanto al interior como al exterior de las bandas musicales. Fomenta la idea de que negarse ante los ídolos es “impensable”, acentuando la relación de poder que coloca a las mujeres en una posición inferior, base de todo abuso y violencia.  

Abusar es desestimar por completo la voluntad de la mujer bajo cualquier concepto, anularla y sin embargo creer que no se hizo nada malo, que la culpa está en el alcohol, en la ropa, o en libertades, cuando en realidad la razón está en el varón queriendo demostrar su poder, tal como enseña la cultura patriarcal. Y es que la sociedad machista ampara ese derecho que, de ser negado, provoca la ira del abusador: un síntoma de la pérdida de los privilegios que, gracias a la denuncia activa, están siendo cuestionados.


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