David Gilmour, live at Pompeii: la potencia del rock no muere

por Laura Gómez

El próximo miércoles 13 de septiembre llega a las salas de cine de Argentina un espectáculo absolutamente conmovedor desde lo musical, lo visual e incluso lo histórico. Se trata del retorno de David Gilmour —ex guitarrista de Pink Floyd— al escenario del legendario Anfiteatro Romano de Pompeya (Italia), de la mano de su último trabajo discográfico solista, Rattle that lock. Gilmour: live at Pompeii podrá verse en las salas de Showcase de Belgrano, Norte, Haedo, Quilmes, Córdoba y Rosario.





46 años después de haber pisado por última vez aquel escenario imponente junto a la formación de Pink Floyd (Roger Waters en guitarra, Richard Wright en teclados y Nick Mason en batería), David Gilmour regresó en julio de 2016 a ese espacio mítico como parte de la gira promocional de su último disco, Rattle that lock. En aquel entonces se habían interpretados 6 canciones sin público bajo la dirección de Adrian Maben: “Echoes”, “One of these days” y “A saucerful of secrets” fueron filmadas entre el 4 y el 7 de octubre de 1971; “Careful with that Axe, Eugene”, “Set the controls for the heart of the sun” y “Mademoiselle Nobs” fueron grabadas posteriormente en París, entre 1971 y 1972, con proyecciones del anfiteatro de Pompeya.

Esta vez David Gilmour revive la magia y suma a su público para la ocasión. Se trata de un show completo, notablemente intenso tanto desde los aspectos sonoros como visuales.

Esta vez David Gilmour revive la magia y suma a su público para la ocasión. Se trata de un show completo, notablemente intenso tanto desde los aspectos sonoros como visuales. El trabajo de dirección quedó en manos de Gavin Elder. La presentación incluye, además de las canciones de sus dos últimos trabajos discográficos —On an island Rattle that lock— muchos de los históricos temas de Pink Floyd: “Shine on you crazy diamond”, “Wish you were here”, “Comfortably numb”, “Money”, “Time” o “One of these days”, la única que se repitió de aquel repertorio de 1971.

Además de la contundencia musical que Gilmour suele desplegar en vivo (algo de eso se ha visto en su gira por Argentina, sobre el escenario del Hipódromo de San Isidro en 2015), este espectáculo ofrece una artillería escénica deslumbrante que incluye una pantalla circular gigante con tomas del vivo y proyecciones audiovisuales que completan el sentido de cada canción, juegos de láser que dejan boquiabiertos a los presentes y sorpresivos estallidos de pirotecnia que irrumpen en el mejor momento de una noche memorable.


David Gilmour live at Pompeii


Al contemplar las destrezas de la aceitada banda que acompaña a Gilmour en su aventura, el espectador podría preguntarse: ¿acaso hay alguien que toque mal en esta formación? Y la respuesta tendrá que ser un rotundo “no”. Gilmour emociona en cada uno de sus solos, pero la banda no sorprende menos: con grandes habilidades pasean al espectador en un recorrido que lo arrastrará en cuestión de segundos desde el momento epifánico-reflexivo hasta el de mayor ebullición y éxtasis. Guy Pratt en el bajo y Steve DiStanislao en la batería (siempre sonriente) ya son las caras conocidas de estas giras. Louise Marshall, Lucita Jules Bryan Chambers componen un coro para el recuerdo, que se luce en la interpretación de “The great gig in the sky”.

“Es un lugar mágico. Volver y ver el escenario es impactante. Es un lugar de fantasmas”, expresó Gilmour en uno de los momentos más emotivos de la noche.

El sitio en donde se desarrolló el recital también dice mucho acerca del encuentro. “Es un lugar mágico. Volver y ver el escenario es impactante. Es un lugar de fantasmas”, expresó Gilmour en uno de los momentos más emotivos de la noche, tras recordar a su compañero Richard Wright —fallecido en 2008— con quien compartió varios shows en su etapa solista. El recuerdo del ex tecladista de Pink Floyd se condensó entre los acordes de “The great gig in the sky” (tema compuesto por él para la banda) y los de “A boat lies waiting” (una canción escrita por Gilmour, dedicada a su memoria).

El resto del caudal emotivo del show fue aportado por los 2600 afortunados que lograron ingresar al anfiteatro en julio del año pasado. Debido a las restricciones para el acceso —por tratarse de un sitio histórico con ruinas a preservar— se permitió la transmisión en directo sólo a través de Periscope. Los presentes estallaron con la intensidad de los fanáticos ante cada introducción, encendieron los celulares para capturar los momentos musicales o visuales más deslumbrantes, y acompañaron con vaivén modesto o ritmo frenético las mejores versiones del nuevo material de Gilmour y de aquellos temas míticos que, sin dudas, jamás morirán.



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