“Belleza por un Futuro”: maquillando la política pública

por Laura Verdile

A principios de noviembre, la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, anunció el lanzamiento de “Belleza por un Futuro”, un programa promovido en sociedad con la empresa de cosméticos L’Oréal y la Fundación Pescar. En un nuevo intento por generar “empleo de calidad”, lo que fue presentado como una política pública actúa en beneficio del sector privado, reproduciendo estereotipos e incentivando el trabajo informal y precarizado.


“Acompañamos al lanzamiento del programa #BellezaPorUnFuturo donde jóvenes en situación de vulnerabilidad aprenden peluquería y maquillaje”, anunció Carolina Stanley en un tweet. El reclamo por empleo genuino se tradujo en un convenio con una multinacional que ofrece un curso inicial para 130 alumnos y resultados tangibles para 1500 personas recién en el año 2020. La idea fue impulsada por L’Óreal en 2009, como parte de la celebración de su centenario y, desde entonces, fue aplicada en Colombia, India y Vietnam.

Detrás de los eufemismos de la flexibilidad laboral que la empresa proclama como posibilidad ventajosa de la peluquería y el maquillaje, se esconde la precarización del trabajo informal y un futuro incierto apoyado en la desregulación del mercado.

Detrás de los eufemismos de la flexibilidad laboral que la empresa proclama como posibilidad ventajosa de la peluquería y el maquillaje, se esconde la precarización del trabajo informal y un futuro incierto apoyado en la desregulación del mercado. En lugar de fomentar la formación académica y la creación de empleo estable, el Estado apuesta entonces por la multiplicación de actividades económicas que a simple vista pueden dibujar estadísticas pero no futuros a largo plazo.

Además, en un contexto de creciente visibilidad de la violencia de género, de reclamos por la autonomía social y económica, “Belleza por un Futuro” reinstala patrones culturales que marcan el lugar de la mujer al interior de la sociedad. Cuando el avance contra el discurso del sentido común y la reivindicación simbólica se torna una lucha cotidiana, el incentivo estatal al reforzamiento de estereotipos representa un retroceso.


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Cabe aclarar que esto no implica una crítica ni una mirada condescendiente a la peluquería y al maquillaje como oficios, sino al hecho de que sean el eje de una política pública para combatir el desempleo y la pobreza. El convenio con L’Óreal pone de manifiesto la decisión estatal de preferir la intermediación del sector privado, separándose de su rol como garante de trabajo, auspiciando un proyecto que para la compañía supone un aumento de su valor competitivo en concepto de responsabilidad social empresaria.

Esto no implica una crítica ni una mirada condescendiente a la peluquería y al maquillaje como oficios, sino al hecho de que sean el eje de una política pública para combatir el desempleo y la pobreza.

En este sentido, la implementación de “Belleza por un Futuro” y su aval estatal supone priorizar la economía informal antes que una formación profesional alternativa, basada en posibilidades educativas reales, que brinden recursos parar armar estructuras propias e insertarse en el ámbito laboral con mayores herramientas.


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