“Tercera Guerra Mundial”: ¿De qué hablamos?

por Alejandra M. Zani

Ayer hubo otro ataque en Francia. La noticia salió en todos los medios. Esta vez se trató de una toma de rehenes en la iglesia Saint-Etienne-du-Rouvray, al noroeste de Francia cerca de Rouen, en donde dos atacantes (a quienes los medios ya nombraron terroristas árabes) degollaron a un párroco de 84 años.

Este episodio, aunque nos horroriza, no nos sorprende. En las últimas semanas, tanto en Europa, la cuna y el centro de las noticias sobre terrorismo en el último año, como en los demás continentes, se desataron una serie de hechos de violencia que “algo” nos quieren decir. No se trata de una incógnita indescifrable, más si de una lectura del pasado, de las causas que acarrean un presente al que todavía no encontramos explicación, a pesar de que tengamos ahí mismo los cimientos de sus bases.

Cronología de los atentados de las últimas semanas

Hagamos memoria de lo que sucedió en las últimas semanas. El 14 de Julio, un tunecino de 31 años, Mohammed Lahouaiej Bohuel, embistió con un camión a una multitud que celebraba un nuevo aniversario de la toma de la Bastilla en Niza. El atacante dejó 84 muertos y 202 heridos. Sólo cuatro días después, el 18 de Julio, un refugiado afgano de 17 años hirió a cuatro personas atacándolas con un hacha y un cuchillo en un viaje de tren regional en la ciudad bárvara de Wurzburgo.

La violencia continúa. 22 de julio. Esta vez, en un shopping de Munich, cuando Alí David Sonboly, un joven germano-iraní de 18 años, abrió fuego y asesinó a 9 personas, la mayoría de ellos menores de edad. Se suicidó a las dos horas de la masacre. Dos días más tarde, al sur de Alemania, en Ansbach, un sirio de 27 años al que había negado la solicitud de asilo se inmoló con una explosión provocada de manera voluntaria en un acto suicida que pretendía irrumpir un recital en el que participaban cerca de 2500 personas.

Ese mismo 24 de Julio en la ciudad de Reutlingen, también en Alemania, un solicitante de refugio proveniente de Siria, de 21 años, mató con un machete a una mujer, e hirió a otras dos personas. Sin ir más lejos, el lunes de esta misma semana, hubo un tiroteo en una discoteca para adolescentes en Florida. Dos personas murieron y 16 resultaron heridas. Ese mismo día, en Japón, 9 personas murieron y 24 resultaron heridas por un hombre que ingresó con un cuchillo en un centro para discapacitados.

Ayer, la muerte ocurrió en una iglesia. Hablamos de Francia, de Alemania, de Japón: tres grandes capitales del mundo. Hablamos de atentados que ocurrieron durante el festejo por el aniversario de la toma de la Bastilla, en un centro comercial, o en una iglesia católica. Mencionamos, también, que varios de los atacantes fueron refugiados Sirios a quienes se les negó el asilo en estas capitales. Exiliados de una Guerra Civil que lleva consigo miles de vidas en la región. Hemos llegado a otro tipo de guerra.

Por supuesto que repudiamos todos los ataques. Y por supuesto que criticamos la violencia, a los atacantes que no tienen en cuenta a las víctimas, a los que siguen actuando a través de la muerte, al fanatismo político y a cualquier otro tipo de “ismo”, como criticamos al clientelismo político que se aprovecha de las víctimas, que usa la tragedia como telón para llevar a cabo una guerra, y por supuesto que acá también estamos hablando de que lo que sucede en Europa es una tragedia más dentro del contexto de las grandes tragedias que están aconteciendo a nivel mundial.

Breve paneo histórico

Cuando se encienden las alarmas sobre una presunta “Tercera Guerra Mundial”, cuando los rumores existen en las redes sociales antes de que éstos sean confirmados o negados por los organismos internacionales, como la ONU, es porque ya se rompieron –hace tiempo– los viejos modos de hacer guerra, como se rompieron los viejos discursos sobre la guerra. ¿De qué hablamos hoy cuando hablamos de guerra? La violencia ya no espera que los países den un código de alerta roja; las víctimas no esperan que se avise que va a ocurrir un atentado; la “guerra”, si así quisiera llamársela a falta de un nombre mejor, existe hace años, y todos la pasamos por alto.

Hablamos de Francia y de Alemania. Hablamos de París, de Niza y de Munich, porque por supuesto que merece la pena ser hablado. Porque necesitamos que las palabras curen heridas vivas de fuego, de balas, de machetes, de hachas. Pero así como hablamos de lo que sucede en Europa, olvidamos hablar del conflicto en Medio Oriente. La Guerra Eterna. Para entenderla, habría que hacer un paneo internacional de los conflictos bélicos y religiosos que se vienen sucediendo desde la Primera Guerra Mundial.

Medio Oriente ha sido, durante siglos, territorio de conflictos religiosos, sí, pero también económicos y políticos. Hay quienes dicen que, ante la caída de todos los dioses, quedan sólo la muerte o la fe. En una tierra que hace tiempo ha sido usurpada por intereses económicos, que produce riquezas para gran parte de la población mundial pero en donde su propia población muere por hambre, muere por enfermedades y por falta de medicamento, muere por bombas que explotan en sus tierras, sin más, porque algunos osan luchar contra el imperialismo, liberarse de la colonización, soñar con una tierra libre; en esa tierra, donde se ve la cara a Dios, no es más que para escupirle antes de la muerte.

Volvamos a un mundo reorganizado tras la Gran Guerra. En Medio Oriente, la derrota de los imperios rusos, austrohúngaro y turco convirtieron a Turquía en una república. El resto de los territorios de la región fueron repartidos entre Gran Bretaña y Francia, excepto Palestina. Recordemos, en este momento, a una Alemania agobiada por la exigencia del pago de la destrucción del conflicto bélico. Recordemos, también, el comienzo de una nueva reacción fascista y nazi en Europa. Durante la guerra, para obtener el apoyo de la comunidad judía internacional, el gobierno británico había prometido establecer “una patria nacional” para los judíos que sería reclamada por éstos cuando fueron exiliados de Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

Y ahora, un breve resumen. La Segunda Guerra Mundial. Las fábricas de muerte: los holocaustos. La huida de muchos judíos que tuvieron que refugiarse en Palestina y en otros países del mundo. La llegada de los judíos al territorio árabe con pretensiones de convertirlo en su nuevo hogar después de la masacre en su propia tierra comenzó a tensionar la situación en Palestina. La necesidad de reconstruir su patria y su religión en el contexto de una Palestina árabe. Los territorios árabes, a su vez, explotados y “tomados” por las grandes potencias internacionales que extraen de ahí su petróleo. El imperialismo. La descolonización mundial. La colonización de nuevos territorios.  La Guerra Fría (e ideológicamente irresoluta) entre Estados Unidos y la ex Unión Soviética.

Y entre todo ésto: una Guerra Civil interna en muchos países de Medio Oriente. Protestas masivas de descontento contra las políticas de la región. La Primavera Árabe, la insurrección civil,  más de 100.000 muertos y de 2.000.000 de exiliados de Siria, según datos de lo que ocurría en 2013. Hoy, ese número se multiplicó. A este contexto hay que sumar la intervención de Rusia y EEUU que denunciaron que ambos países opuestos diplomaticamente en la guerra civil han bombardeado posiciones aliadas de ambos opuestos países (en el caso de Rusia, se ha bombardeado al Ejército Sirio por EE. UU. Y en el caso de Estados Unidos, Rusia ha bombardeado al Ejército Libre Sirio).

La realidad excede este resumen de cortas oraciones (para extender el resúmen, insertamos un video al final de la nota).

Medio Oriente ha sido, durante siglos, territorio de conflictos religiosos, sí, pero también económicos y políticos. Hay quienes dicen que, ante la caída de todos los dioses, quedan sólo la muerte o la fe. En una tierra que hace tiempo ha sido usurpada por intereses económicos, que produce riquezas para gran parte de la población mundial pero en donde su propia población muere por hambre, muere por enfermedades y por falta de medicamento, muere por bombas que explotan en sus tierras, sin más, porque algunos osan luchar contra el imperialismo, liberarse de la colonización, soñar con una tierra libre; en esa tierra, donde se ve la cara a Dios, no es más que para escupirle antes de la muerte.  

Hoy, los conflictos del Medio Oriente, lejos de resolverse, se intensifican. La inestabilidad en el territorio se incrementa. Subsiste el dilema de los palestinos. Israel todavía ocupa parte del territorio árabe. Las diferencias religiosas y étnicas se acrecientan. Siguen siendo inmensos y millonarios los intereses económicos de los grandes países que presionan e intervienen sobre la política interna y de la región, buscando interferir en la OPEP.

¿De qué hablamos, entonces, cuando hablamos de una Tercera Guerra Mundial?

Cuando hablamos de una presunta Tercera Guerra Mundial en las redes sociales, cuando nos preocupamos por los países Europeos, porque si pasa en Europa, entonces todos deberíamos enterarnos de lo que ocurre, cuando el tema entra en agenda, entonces, tenemos que prestar atención. ¡Porque lo dicen los medios! Esa es la información que nos llega. Y en el medio de toda esa información mediática, no hay lugar, aún, para hablar de solidaridad, de respeto, de humanidad ni de infancias que sólo vieron guerra.

Y por supuesto que tenemos que prestarle atención a lo que ocurre en Europa. Y por supuesto que se trata de masacres. Y por supuesto que repudiamos todos los ataques. Y por supuesto que criticamos la violencia, a los atacantes que no tienen en cuenta a las víctimas, a los que siguen actuando a través de la muerte, al fanatismo político y a cualquier otro tipo de “ismo”, como criticamos al clientelismo político que se aprovecha de las víctimas, que usa la tragedia como telón para llevar a cabo una guerra, y Y por supuesto que acá también estamos hablando de que lo que sucede en Europa es una tragedia más dentro del contexto de las grandes tragedias que están aconteciendo a nivel mundial.

Pero olvidamos que estamos hablando de una presunta Tercera Guerra Mundial que, si acaso existiera, encuentra sus orígenes en las dos primeras, en la reorganización territorial que realizó el imperialismo, en la colonización y la explotación económica, en la vida de millones de personas que nunca pudieron hablar de libertad. Porque la libertad también es un concepto fabricado en la cuna del intelectualismo blanco. Del intelectualismo católico, eurocentrista y norteamericanista, sesgado y centralizado por una posición de poder dominante en el campo académico y en la geografía mundial.

Si vamos a encarar la discusión acerca de esta presunta Tercera Guerra Mundial, entonces, deberíamos encarar la discusión acerca de las responsabilidades que toca asumir a cada uno, aquellas a las que compete prestar atención, la historia que no debemos olvidar.

Cabría preguntarse: ¿Por qué ahora? ¿Qué ocurre a nivel internacional con el regreso de las políticas neoliberales? ¿Qué ocurre a nivel nacional, con el rebrote neonazi y la presencia de partidos neonazis en los debates del actual gobierno? ¿Cuáles son los discursos a los que se aferran las personas mientras aumenta la violencia? Pero antes, ¿cuáles fueron los discursos que en primera instancia incitaron a esa violencia?

En tal caso, el debate queda abierto.


Dibujo de portada extraído de: http://fauerzaesp.org/

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