Grandes Personalidades Femeninas de Argentina y América Latina: Clarice Lispector

por Alejandra M. Zani

Clarice Lispector (Chechelnik, Ucrania, 1920 – Río de Janeiro, Brasil, 1977) es una escritora brasileña. A pesar de haber nacido (“accidentalmente”, como ella misma lo declaraba) en Ucrania, se trasladó con toda su familia a Brasil a la temprana edad de dos meses, y allí se desarrolló como mujer y escritora. Ella misma se declaraba brasilera, como Cortázar se declaraba argentino a pesar de haber nacido (también “accidentalmente”, como rezan las solapas de sus libros) en Bruselas. A los 17 años escribió su primer libro, “Cerca del corazón salvaje”, y pronto se convirtió en una promesa de la literatura latinoamericana del siglo XX. El lenguaje representaba, para ella, “el camino en busca de la realidad”, y toda su obra se encuentra signada por una indagación constante e imposible que intentaba alcanzar los límites de la palabra y lo que se encuentra más allá de ellas.



En la primera edición de “Grandes personalidades femeninas de Argentina y América Latina” se habló de Olga Orozco, poeta argentina que fue identificada por los historiadores como perteneciente a la generación de los ’40. Algo similar ocurre con Clarice Lispector, una de las escritoras más influyentes del siglo XX brasilero, y considerada un exponente de la generación del ‘45 brasileña. Como explica su traductora, Elena Losada, para ella nada era insignificante, sino que “hasta lo más banal podía despertar una epifanía”.

Estudió Derecho y se casó con el diplomático Maury Gurgel Valente. Por la profesión de éste, viajaron por Milán, Londres, París y Berna, donde nació su primer hijo, Paulo. En 1952 viajaron a Washington D.C. donde permanecerían ocho años y donde daría a luz a su segundo hijo, Pedro. En 1959, no obstante, se separó de Maury y regresó a Río de Janeiro, lugar que sentiría suyo y en donde retomaría, además de la literatura, sus colaboraciones en periódicos y revistas. Por esa época comenzaría la publicación de varios de sus libros: Lazos de familia, Una manzana en la oscuridad y La pasión según G.H. Entre las influencias brasileras de Clarice se destacan Joaquim Machado de Assis y Manuel Bandeira.

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Desde su primera novela, “Cerca del Corazón salvaje” (titulo tomado de “Retrato de un artista adolescente” de Joyce) hasta “Un soplo de vida”, libro que no llegó a concluir en vida, Clarice publicó nueve novelas y cerca de setenta relatos con un estilo tan propio que encarna en sus palabras, volviéndola reconocible en cada párrafo. Judía de origen y atravesada por la tradición hebraica de su linaje familiar (a pesar de que no se declaraba a sí misma partícipe de ningún credo religioso), muchos de estos relatos describen apariciones de lo sagrado en la vida cotidiana y vuelven a la búsqueda de una divinidad que se encuentra en todas partes, que se siente pero no se ve.

Sus relatos se preguntan sobre el sentido de la vida y tratan de acceder a los pensamientos más profundos del ser humano, donde no halla más que incomprensión: “Toda comprensión intensa es finalmente la revelación de una profunda incomprensión.” Tuvo un fuerte contacto con el existencialismo, pero lo impregnó de vida en sus escritos. Esta nota es un intento de rememorar su vida y obra, y traerla a escena como una de las escritoras más influyentes del siglo XX en Latinoamérica.

Ser mujer en el Brasil del siglo XX

Aunque su hijo mayor, Paulo Gurgel, expresó que ella “no sabía freír ni un huevo ni se manejaba con soltura en los quehaceres domésticos”, en la década de los ’60 se hizo cargo de la columna “Sólo para Mujeres” donde daba consejo femeninos de belleza, moda, comportamiento y, además, algunas recetas. No obstante, la escritura de Clarice tiene una fuerte impronta femenina, con muchas protagonistas mujeres. En “Cerca del corazón salvaje” ya se podía apreciar una novela centrada en el monólogo interior, una novela psicológica, femenina y urbana que ahondaba en los pensamientos más profundos de la mente de una mujer, su ansiedad y su vida cotidiana. Intentó expresar el sentido de lo que significaba, por entonces, “ser mujer”.

Ya desde esa primera novela, Clarice Lispector llenaría de originalidad un mundo literario surcado por un punto de vista masculino y centrado en lo rural. Y a estas percepciones, sentimientos y miradas de mujeres inteligentes, le agregaría un fuerte peso de justicia social en la nueva vida urbana. La muerte de su madre (a causa de una sífilis que se contagió al ser violada por soldados rusos)  fue la marca que cargó toda su vida. Es este hecho el que signa profundamente su angustia existencial, el deseo de hablar y hacer hablar a través de sus palabras a numerosas mujeres que pudieran expresar el deseo de pertenecer a algún mundo, aunque sea de un modo ausente o trascendente, la pregunta más profunda sobre el sentido de la vida en éste y no en otro mundo. Y siempre centrándose en ambientes cotidianos que, durante siglos, fueron los contextos de vida de la mujer. Lo novedoso en la escritora es que, en este mismo mundo cotidiano y aparentemente regular, si se observa con interés y fijeza, se pueden encontrar grandes sorpresas.

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En 1960 publicó “Lazos de familia”, su segundo libro de cuentos, y en él profundizó en el tema familiar: sus caos, desfases, contradicciones y sufrimientos. Y, de nuevo, la mujer aparece en el centro de la escena, siempre partícipe de numerosas rutinas y voluptuosos sentimientos. Erico Veríssimo catalogó este libro como “la mejor colección de relatos desde Machado de Assís”.

“Una mirada de mujer, quizá también una escritura de mujer. Clarice Lispector hincó en el mundo su mirada de mujer inteligente, capaz de captar las mínimas sensaciones, los mínimos detalles y de saber que nada, por pequeño o banal que parezca, carece de importancia. El mundo de lo cotidiano, de lo sin historia, que ha sido durante siglos el mundo de la mujer, puede proporcionar innumerables sorpresas, basta con saber mirar y entender esos signos de una realidad subyacente”. (Elena Losada Soler)

Su obra: los límites de la palabra; su vida: los límites del universo

La obra de Clarice Lispector es, también, una constante reflexión sobre el lenguaje y sobre los límites de la palabra. Para ella, la palabra es la casa del ser, como lo expresaría Martin Heidegger, el lugar donde se expresa algo mucho más trascendente que el lenguaje: el origen del sentido y la existencia. Y detrás de ese límite de la palabra racional que intenta expresar lo inexpresable, detrás de las fronteras del lenguaje, como ella misma lo expresa, sólo hay “caos orgánico”. Sus palabras son el vehículo de algo más profundo, el grito del universo que se asoma entre sus páginas, capturado entre los límites de un idioma “escuálido y estructural como el resultado de escuadras, compases y agudos ángulos de estrecho enigmático triángulo” (Clarice Lispector: “Un solo de vida-Pulsaciones” (fragmento), El Pasante n° 11, Siruela, Madrid, 1988, p. 48).

Siempre centrada más en las sensaciones que en las acciones, la obra de Clarice Lispector trasciende los límites de los géneros y los hilos argumentativos de base. La filósofa francesa Hélène Cixious dijo de ella: “Si Kafka fuera una mujer; si Rilke fuera una escritora brasileña judía nacida en Ucrania; si Rimbaud hubiera sido una madre, y hubiera llegado a cumplir 50 años; si Heidegger hubiera sido capaz de dejar de ser alemán… En este ambiente escribe Lispector”. Y es que para la escritora brasilera, el lenguaje sería su vehículo de transmisión de una percepción en contacto directo y originario con el mundo, alojando en sus palabras lo más hondo del entendimiento humano y las sensaciones de vivir en este mundo. Un ejemplo de estas imágenes del mundo se encuentra en el cuento “Amor”, donde la protagonista, Laura, acude a la figura del polvo para aludir al vacío, a los restos de algo que supo ser material, cuando quiere expresar la pérdida de sus rosas:

“Habían dejado un lugar luminoso dentro de ella. Se quita de una mesa limpia un objeto y por la marca más limpia que queda entonces se ve que alrededor había polvo. Las rosas habían dejado un lugar sin polvo y sin sueños dentro de ella. En su corazón, esa rosa que al menos podría haber tomado para sí sin perjudicar a nadie en el mundo, faltaba. Como una falta mayor”.

En la medida en que varios acontecimientos trágicos marcaron su vida y la hicieron confusa, su obra transmite constantemente estos rasgos de su biografía. En “La hora de la estrella” se puede ver una Clarice que, en sus últimos años de vida, sufría ansiedades y depresiones que la perseguían. Un confuso episodio en septiembre de 1966 en el que, a causa de un cigarrillo en su cama, un incendio devorador le atacó el cuerpo y en el que casi deben amputarle la mano derecha. Las marcas en su piel serían el recuerdo de ese incidente que siempre la persiguiría como una sombra en los ánimos de sus últimos años. Estos acontecimientos, no obstante, no le impidieron escribir hasta que, en 1977, fallece en Río de Janeiro a causa de un cáncer de ovarios.

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Homenajeemos a Clarice Lispector

Clarice Lispector es una de las escritoras latinoamericanas más influyentes del siglo XX. Su obra es la prueba material y literaria de la tesis que Martin Heidegger expondría al decir que “el lenguaje es la casa del ser”. Y eso es así porque, en los textos de la escritora, cada palabra ocupa un lugar específico y pretende expresar mundos internos, y en general, con sensibilidades femeninas. Y por ese “no miedo” a las palabras con las que luchó por visibilizar lo más oculto, eso que se encuentra en lo más profundo de uno, cuando es necesario salirse hacia el vacío para poder verlo sin dolor, rememoramos algunas frases de su libro “La última hora”:

“Quién no se ha preguntado: ¿soy un monstruo o esto es ser una persona? […] qué hacer sino meditar para caer en aquel vacío pleno que sólo se alcanza con la meditación. Meditar no tiene que dar resultados: la meditación puede verse como fin de sí misma. Medito sin palabras y sobre la nada. Lo que me confunde la vida es escribir […] el vacío tiene el valor de lo pleno y se asemeja a ello. Un medio de obtener es no buscar, un medio de tener es no pedir y sólo creer que el silencio que forjo en mí es respuesta a mi…, a mi misterio […] Quiero aceptar mi libertad sin pensar en lo que muchos creen: que existir es cosa de locos, un caso de demencia. Porque lo parece. Existir no es lógico […] Los hechos son sonoros, pero entre los hechos hay un susurro. Y ese susurro es lo que me impresiona […] Que la vida es así: se pulsa un botón y la vida se enciende. Sólo que ella no sabía cuál era el botón que había que pulsar […]”

Dónde leer a Clarice:

Ediciones Siruela (http://www.siruela.com/catalogo.php?opcion=buscar&id_autor=207)

Descarga gratuita en Libros.es (http://www.libroos.es/tags/Lispector%20Clarice.html)

Otras ediciones de “Grandes personalidades femeninas de Argentina y América Latina”:
Grandes Personalidades Femeninas de Argentina y América Latina: Olga Orozco

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3 Comentarios

Grandes Personalidades Femeninas: Victoria Ocampo 9 octubre, 2015 - 08:02

[…] Grandes Personalidades Femeninas de Argentina y América Latina: Clarice Lispector […]

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Grandes personalidades femeninas: María Elena Walsh 2 noviembre, 2015 - 10:06

[…] CLARICE LISPECTOR […]

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Grandes personalidades femeninas: Frida Kahlo 23 diciembre, 2015 - 13:08

[…] CLARICE LISPECTOR […]

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