VIVIR LA GUERRA DE SIRIA HOY: ¿Dónde está el refugio?

por Carolina García

La semana pasada el mundo entero se vio conmovido a través de todos los medios de comunicación debido a la aparición de una foto. La imagen de Aylan, el niño sirio que llegó en las costas de Bodrum sin vida, tras el intento de huir de su país con su familia, del que nunca quiso irse, pero debió hacerlo. ¿Hasta dónde puede llegar el egoísmo humano? ¿Es necesario que la verosimilitud de una imagen, una vez más, nos golpee fuertemente las subjetividades para darnos cuenta de lo que pasa?

Aylan no llegó; su foto sí. El niño sirio tuvo que partir de su tierra para sobrevivir y buscar un presente mejor.  El poder de la imagen nuevamente despierta sensibilidades que parecen perdidas en lo cotidiano. La calle está llena de niños como Aylan, en todos los países y rincones del mundo, que no escapan de conflictos bélicos explícitos, pero sí de guerras contra un sistema que no para de mostrar su faceta más cruel. La falta de trabajo, de salud, de un hogar, el hambre. En otras palabras, el desamparo de la modernidad.

Historia de una Guerra Civil

Una serie de protestas contra el gobierno sirio desató la crisis en 2011. Los conflictos de medio oriente datan de mucha antigüedad y son por múltiples causas, pero las crisis son momentos en los que los problemas se hacen más graves y se cobran más víctimas. La problemática en Siria, de este modo, no es nueva. En 2011, se desataron manifestaciones en el país, en las que se reclamaban más libertades, respeto por los derechos humanos y democracia.

Las manifestaciones, con cada vez más impulso y con mayor utilización de armas, fueron reprimidas violentamente por el gobierno de Bashar al Assad, quien lleva 30 años en el poder si contamos los años previos que gobernó su padre. Las manifestaciones no cesaron y por el contrario, la respuesta agresiva del Estado provocó más odio: pronto, la sociedad civil y algunos sectores del ejército formaron el “Ejército Libre de Siria”. Otros grupos insurgentes se apoderaron de muchas otras ciudades sirias y posteriormente la toma se extendería por todo el territorio.

Para el año 2013 y el 2014, Siria ya era tierra de nadie: combates diarios y brutales ataques entre los bandos. La peor parte se la siguen llevando las ciudades más importantes del país que se han convertido en un verdadero campo de batalla. A nivel internacional, la rebelión recibe apoyo occidental de países como Estados Unidos y algunos países vecinos como Turquía, mientras que el gobierno es ayudado por Irán, Rusia y China, entre otros

Para el año 2013 y el 2014, Siria ya era tierra de nadie: combates diarios y brutales ataques entre los bandos. La peor parte se la siguen llevando las ciudades más importantes del país que se han convertido en un verdadero campo de batalla. A nivel internacional, la rebelión recibe apoyo occidental de países como Estados Unidos y algunos países vecinos como Turquía, mientras que el gobierno es ayudado por Irán, Rusia y China, entre otros.  Además de la Guerra Civil, el gobierno sirio ha atravesado problemas diplomáticos con  países vecinos como Israel, Líbano y el ya nombrado Turquía.

Ambas partes del conflicto son acusados de cometer crímenes de guerra y graves violaciones de los derechos humanos así como también daños patrimoniales históricos. Sin embargo, a nadie parece importarle realmente. Al redactar la historia se siente estar escribiendo sobre algo lejano, viejo y pronto a olvidarse. Pero no lo es: se trata de algo tan vivo y actual como el sufrimiento de personas que no son las que deciden si tomar las armas o no. ¿Te imaginás cómo sería tu país, tu barrio, tu cuadra, si una guerra estaría siendo llevada a cabo a la vuelta de la esquina por la decisión de corporaciones que nunca pisaron esa misma calle? ¿Te podés poner por un momento en el lugar de un refugiado?

 La ola inmigratoria: déjenlos entrar

Mientras tanto, en Europa  sucede la mayor ola inmigratoria desde la Segunda Guerra Mundial. Unas 300.000 personas llegaron a territorio europeo este año, en su mayoría procedentes de países en guerra, como Siria y también de la persecución en Medio Oriente y en África. Se estima que este año 2.500 personas han muerto intentando cruzar el Mediterráneo. Según la Agencia de Refugiados de las Naciones Unidas, ACNUR: “La cifra de refugiados en el mundo ha llegado a 59,5 millones. Durante 2014, los conflictos y la persecución obligaron a una media diaria de 42.500 personas a abandonar sus casas y buscar protección en otro lugar, dentro de las fronteras de su país o en otros países. […] Siria es el país que a nivel mundial ha generado el mayor número tanto de desplazados internos (7,6 millones), como de refugiados (3,88 millones al final de 2014). Afganistán (2,59 millones) y Somalia (1,1 millones) son los siguientes países que generan más refugiados”.

Durante 2014, los conflictos y la persecución obligaron a una media diaria de 42.500 personas a abandonar sus casas y buscar protección en otro lugar, dentro de las fronteras de su país o en otros países. […] Siria es el país que a nivel mundial ha generado el mayor número tanto de desplazados internos (7,6 millones), como de refugiados (3,88 millones al final de 2014). Afganistán (2,59 millones) y Somalia (1,1 millones) son los siguientes países que generan más refugiados.

De acuerdo con los informes, la mayoría de los migrantes llega a Italia y a Grecia que se convierten en países de paso: desde allí intentan ir a países ricos del norte europeo. En este sentido, Alemania es el país de la Unión Europea que más pedidos de asilo recibe de toda la Unión Europea. Esta potencia reclama que se repartan los refugiados entre todos los países del viejo continente, pero hay divisiones internas en la UE al respecto. Algunas de las naciones que se niegan a la iniciativa son Austria, Hungría, Eslovaquia y Eslovenia.

El papa Francisco, uno de los líderes mundiales con más voz y con mayor grado de respuesta, acogerá en el Vaticano a dos familias de refugiados. “Frente a la tragedia de decenas de miles de refugiados que huyen de la muerte por la guerra y por el hambre, y quienes recorren un camino hacia una esperanza de vida, el Evangelio nos llama a ser hospitalarios con los más pequeños y los más abandonados, a darles esperanza concreta”, dijo Francisco en uno de sus discursos dominicales en la Plaza San Pedro en Roma, según informó Reuters. Él mismo ordenó a “cada parroquia, cada comunidad religiosa, cada monasterio, cada santuario de toda Europa acoger una familia de refugiados cada una, empezando por mi diócesis en Roma”.

Otro posible hogar: América Latina

En el continente Americano y particularmente hablando, en los países latinos, Argentina, Brasil y Uruguay cuentan con programas para visar inmigrantes sirios. Según el diario digital actualidad.rt.com: “En octubre de 2014 Argentina lanzó el Programa Siria, que facilita la obtención de visados humanitarios para las familias sirias y palestinas que residen en el país árabe y han sufrido el impacto de la guerra. Para poder acogerse al programa, las personas que buscan asilo deben tener vínculos con la familia acogedora, ya sea de parentesco o de afectividad. Desde su comienzo, más de 100 refugiados accedieron al programa. Para solicitar la residencia permanente los refugiados deben permanecer en el territorio del país durante tres años.”

En el continente Americano y particularmente hablando, en los países latinos, Argentina, Brasil y Uruguay cuentan con programas para visar inmigrantes sirios

Por su parte, “Brasil también simplificó los trámites para que los que huyen de la guerra siria obtengan visados humanitarios. Debido a esta medida, en 2014 el número de refugiados se multiplicó por cuatro frente al 2013, y actualmente el país alberga a 1.700 refugiados. Se estima que en el país se encuentran otros 4.000 solicitantes de asilo sirios que entraron por otras vías. Actualmente Brasil es el país de América Latina donde viven más ciudadanos sirios”.

Por último, Uruguay, quien fue el primer país en tomar medidas para ayudar a los refugiados de la guerra civil siria. “El Gobierno de José Mujica organizó la llegada de 42 personas en la primera de dos tandas de 120 refugiados en octubre de 2014”.

Reflexión

En el mundo se están viviendo dramas que “parecen de película”. Pero no, son reales. Es cierto que miles de niños tuvieron que dejar sus pocas pertenencias en su casa y elegir sólo su juguete preferido para viajar con sus familias y algo de ropa en un pequeño bolso hacia un lugar desconocido. En el camino son humillados, tratados como animales; retenidos en fronteras como si fueran peste, recorriendo largos caminos hacia alguna tierra más ordenada; haciendo largas filas para soñar con escapar hacia un futuro en paz. O por lo menos hacia uno sin armas, sin tanto descontrol, sin tanto desamor.

Los países del mundo se pasan el destino de esas familias de mano en mano, como un paquete que nadie quiere recibir. Muchos se quejan: “Si no podemos con nuestros problemas, ¿qué podemos darles acá?”. Quizás la respuesta sea: “Compartirles lo poco que hay, las migajas que los poderosos dejan”. Aunque suene hipócrita: miles de niños de nuestros países de origen también viven en una pesadilla. ¿Y si pensar en Aylan nos hace ver, nuevamente, un poco más allá de una moda, de una foto tan triste y tan viral, de un hashtag? Tal vez, una vez más, sea el momento de dejar de pensar problemas de colores, de forma, y comenzar a pensar en el fondo, en las bases, tratando de sentir un poco más, para pensar menos en las conveniencias corporativas y accionar mejor para volver a tener un mundo humanitario: somos y nos debemos a todos los miles de niños, que como Aylan, necesitan de una sociedad fuerte, que forme adultos responsables y sensibles, que tomen decisiones revolucionarias y logren movilizar corazones endurecidos.

Aylan está en cada chico refugiado, en cada niño de África desnutrido, en cada niño chino explotado, en cada niño de una villa miseria latina, en cada niño sin agua del norte Argentino, en cada niño que trabaja en un taller clandestino, en cada chico que duerme en la calle de la Ciudad de Buenos Aires. Está en cada niño que no va a tener la posibilidad de elegir quién ser, porque otros ya eligieron el destino de su vida: ser preso de una guerra sin fin. La urgencia hoy está en medio oriente y hay que accionar. Y el drama, mientras tanto, también sucede todos los días, en todas partes del mundo.

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