Entrevista a Gustavo Puerta Leisse: otra mirada a la literatura infantil

por Laura Verdile

La literatura infantil es un ámbito poco explorado y desafiante en el que se presenta el reto de rescatar un mundo que muchos adultos dejamos olvidado para despertar la imaginación y la curiosidad. Sin embargo, a lo largo de la historia, los cuentos para chicos han servido también de instrumentos morales y de adoctrinamiento en donde se entrecruzan múltiples concepciones de lo que es ser un niño. Gustavo Puerta Leisse, crítico e investigador especializado en el campo, afirma: “muchos de quienes se dedican a hacer libros para niños parten de una perspectiva más o menos autoritaria y asumen al niño como un individuo más o menos pasivo”. A esta perspectiva verticalista, se puede contraponer y fomentar otro modelo, que asuma a los chicos como interlocutores activos en un proceso creativo con posibilidades ilimitadas.

Gustavo Puerta Leisse es un filósofo, investigador y crítico literario nacido en Caracas,  Venezuela y radicado en Madrid, España. Es creador de la Escuela Peripatética de Literatura Infantil, a través de la cual imparte talleres y seminarios que reflexionan acerca de los caminos poco transitados de la literatura para niños. Es profesor del Máster en Álbum Infantil Ilustrado, (Casa del lector – IconI) . Trabajó como crítico en la sección El Cultural del periódico El Mundo entre 2002 y 2008 y de 2006 a 2012 dirigió las secciones de educación y literatura infantil y juvenil en la revista Educación y Biblioteca. También fue docente del Máster en Libros y Literatura para Niños y Jóvenes (UAB). En el mes de noviembre, viajó a Argentina para participar en la edición 2015 del FILIBITA, Festival de Literatura Infantil que se realiza anualmente en Buenos Aires y Montevideo.

— ¿Cómo observa el panorama de la literatura infantil y del mercado editorial actual?

— Escribir, ilustrar o editar para niños no son oficios fáciles. Requieren vocación, tiempo, conocimiento y saber hacer. También es muy importante tener algo propio que decir y saber contarlo. En las condiciones del mercado editorial actual es realmente difícil sobrevivir económicamente haciendo libros para niños. Especialmente si se aspira a producir obras de calidad, libros que sean capaces de permanecer en el tiempo, traspasar las fronteras y llegar a públicos variados, ofreciéndoles diversas modalidades de lectura. Ante esta situación, la respuesta habitual ha sido optar por la producción de libros que se ajusten a las exigencias lucrativas de cualquier otro producto masivo de consumo concebido por departamentos comerciales para ser lo más rentables posible. La tendencia más extendida es la de los libros que transmiten una imagen infantilizada y “buenista”, en los que prima el despliegue estético y se presenta un oportunista trasfondo “pedagogizante”. Se trata de una oferta homogénea y complaciente producida fundamentalmente por grandes empresas trasnacionales, aunque también es cierto que muchas de las llamadas pequeñas editoriales comparten el mismo baremo comercial. Es importante advertir que, a diferencia de otras mercancías, el libro para niños es concebido socialmente como un bien cultural. De allí que los libros infantiles gocen de una estima que no tienen otros objetos destinados al estrato infantil. Pero también hay que tener en cuenta que culturalmente la literatura para chicos no ha gozado del prestigio de la “verdadera” Literatura (con L mayúscula) se la considera menor, se la mira con condescendencia y, claro está, la mayor parte de la producción justifica estos prejuicios. Este es un bosquejo del complejo trasfondo en el que se crean, producen y comercializan en la actualidad los libros para chicos.

La tendencia más extendida es la de los libros que transmiten una imagen infantilizada y “buenista”, en los que prima el despliegue estético y se presenta un oportunista trasfondo “pedagogizante”. Se trata de una oferta homogénea y complaciente producida fundamentalmente por grandes empresas trasnacionales, aunque también es cierto que muchas de las llamadas pequeñas editoriales comparten el mismo baremo comercial.

— ¿Cuál cree que es la situación en el caso argentino?

— En Argentina hay un puñado de pequeños sellos que luchan por ofrecer una alternativa editorial centrada en la calidad, que sirven como reducto a escritores e ilustradores que han escogido al libro para niños como espacio personal de expresión y comunicación, que ofrecen a sus lectores propuestas novedosas y estimulantes que no menosprecian su inteligencia y sensibilidad. El trabajo de estas editoriales no es fácil y su empeño resulta más bien frágil.

— ¿Considera que la literatura infantil responde a las inquietudes de los niños en el panorama actual?

— La primera respuesta que me viene sería decir que no. Sin embargo, eso sería suponer que conozco cuáles son las inquietudes de los niños y que, además, es legítimo que yo exprese lo que debería ser una pregunta dirigida y respondida por ellos. Dándole la vuelta a la pregunta, estoy convencido de que el grueso de la producción actual de libros para chicos es incapaz de despertar alguna inquietud en el lector, tenga la edad que este tenga. Ahora bien, ¿tiene sentido plantearse que los libros para niños deban adecuarse a los intereses de los niños? Personalmente pienso que es una perspectiva empobrecedora y probablemente equivocada. No creo que el camino sea plantearse qué le interesa a los niños y después hacer libros que respondan a ese interés. Más bien encuentro que lo fundamental es enriquecer el mundo y las experiencia de los chicos. Ser capaces de ofrecerles nuevos intereses, de generar en ellos inquietudes que antes no estaban. Pienso que ello sólo se consigue si previamente somos nosotros, los adultos, quienes nos interesamos genuinamente por comunicarnos con ellos, si nos inquieta saber cómo hacerlo y asumimos la dificultad y el rigor que significa pensar al niño como interlocutor.

Lo fundamental es enriquecer el mundo y las experiencia de los chicos. Ser capaces de ofrecerles nuevos intereses, de generar en ellos inquietudes que antes no estaban.

— ¿Cree que existe un cambio en la literatura infantil a partir de la mayor presencia que las diversidades culturales y sexuales tienen en el presente?

— Creo que existe un cambio en la sociedad en relación con la diversidad sexual y eso se va reflejando en la literatura infantil. Todavía es un poco forzado, artificial, pero imagino que se irá normalizando hasta que, por fin, ¡desaparezca! Cuando yo era niño, el tema del divorcio se convirtió en uno de los asuntos más representados en los cuentos y novelas publicados por aquel entonces. Existía esa necesidad social, había esa preocupación. Una vez que el tema perdió novedad y se asumió como algo cotidiano, una vez que se desvanecieron los temores y prejuicios, que se acallaron las condenas y reivindicaciones, el divorcio prácticamente desapareció de las novelas para niños. No recuerdo si hay algún hijo de padres divorciados que protagonice los últimos libros que he leído. Seguramente lo hay, pero el hecho de que no los recuerde puede indicar que ya ni siquiera reparo en ello.

nicolas tiene“Nicolás tiene 2 papás”, libro infantil escrito por la psicóloga Leslie Nicholls. Foto: diario16.pe

— ¿Cómo considera o califica a los libros infantiles que abordan esa diversidad cultural o sexual?

— En la mayoría de los casos se trata de una reivindicación válida planteada a través de obras de pésima calidad literaria. Son libros escritos para trabajar un tema, transmitir un mensaje/consigna, inculcar una enseñanza, satisfacer un contenido pedagógico. En estas historias, los personajes suelen ser estereotipados, planos, al servicio del conflicto a representar. La trama suele ser esquemática en exceso, mono-causal, simplificadora y ella nunca plantea verdaderos conflictos. Las resoluciones, ejemplarizantes y vacuas. Es paradójico, mucha de la literatura pedagógica intercultural, feminista, cristiana, estalinista comparte una estructura narrativa, una concepción de la lectura y una funcionalidad moral semejante. Se diferencian en los contenidos que buscan transmitir pero son estructuralmente mucho más parecidos de lo que sus autores o editores estarían dispuestos a reconocer.

En estas historias, los personajes suelen ser estereotipados, planos, al servicio del conflicto a representar. La trama suele ser esquemática en exceso, mono-causal, simplificadora y ella nunca plantea verdaderos conflictos. Las resoluciones, ejemplarizantes y vacuas.

— ¿Qué modelo o concepción de infancia propone la literatura infantil? ¿Qué prejuicios acerca de los niños cree que se encuentran arraigados en esa imagen?

— Partamos de la idea de que los libros infantiles también son documentos culturales: es mucho lo que un libro para chicos nos puede decir acerca de la sociedad en la que se inscribe. Leyéndolos con atención nos plantean tanto cómo una sociedad quiere verse a sí misma como las contradicciones inherentes a sus valores. Pensemos, por ejemplo, en Robinson Crusoe. Se trata de una obra originalmente escrita para adultos de la cual se apropiaron los jóvenes. Ella encarna los ideales de la naciente burguesía protestante capitalista y, tal como era habitual en la época, explícitamente alecciona a sus lectores sobre las nefastas consecuencias de quienes desobedecen el mandato paternal. Sin embargo, cuatro décadas más tarde de su publicación, Rousseau ofrece una interpretación radicalmente distinta a la de Defoe. En su Emilio, plantea a Robinson Crusoe como un ideal educativo a seguir. Elogia la vida en aislamiento, protegida de las normas y usos sociales, centrada en el conocimiento empírico y en el trabajo artesanal. Esa sería para Rousseau la mejor doctrina pedagógica, el modelo a imitar. Aquí ha habido un cambio en la concepción de infancia, del libro y de la lectura. A mí me interesa mucho estudiar estas transformaciones. Otro aspecto que me interesa subrayar de los modelos de infancia planteados en los libros para chicos tiene que ver con una reflexión desarrollada por el profesor y teórico norteamericano Perry Nodelman. Nodelman sostiene que cuando un niño nace, no sabe en qué consiste ser niño. Un niño aprende a ser niño a partir de las imágenes que nosotros, los adultos, les transmitimos de la infancia. La literatura infantil es, entre otros, un repertorio de imágenes de las cuales puede valerse el niño para hacerse niño. Aquí hay otra línea de investigación que me interesa especialmente.

Los libros infantiles también son documentos culturales: es mucho lo que un libro para chicos nos puede decir acerca de la sociedad en la que se inscribe. Leyéndolos con atención nos plantean tanto cómo una sociedad quiere verse a sí misma como las contradicciones inherentes a sus valores.

— ¿Qué sucede en ese sentido con los cuentos tradicionales?

Los cuentos tradicionales también reflejan representaciones de la infancia. Representaciones que entran en conflicto con las de nuestra época. De allí que unos condenen su violencia, machismo, fantasía y superstición, mientras que otros están dispuestos a asimilarlos bajo el ropaje de lo simbólico, la psicología profunda, la tradición lingüística o nacional.

— ¿Cuál es el modelo de literatura infantil que usted propone? ¿Cómo se podría comenzar a marcar un quiebre con lo establecido?

Muchos de quienes se dedican a hacer libros para niños parten de una perspectiva más o menos autoritaria y asumen al niño como un individuo más o menos pasivo. Esquemáticamente represento esta concepción desde la imagen de una relación vertical en la que hay un adulto que tiene algo que considera que es importante transmitírselo a un niño y condescendientemente se dirige a él. Contrapongo a esta imagen aquel otro planteamiento horizontal en la que hay un adulto que tiene algo propio que contar y, por la razón que sea, desea contárselo a un niño. Para conseguirlo, tiene que (pre)ocuparse por despertar su interés y llegarle a su interlocutor. Este cambio de perspectiva exige mucho trabajo y no garantiza necesariamente que alcancemos los resultados deseados. A cambio, funda las bases de un comunicación auténtica y respetuosa.

Muchos de quienes se dedican a hacer libros para niños parten de una perspectiva más o menos autoritaria y asumen al niño como un individuo más o menos pasivo. Esquemáticamente represento esta concepción desde la imagen de una relación vertical en la que hay un adulto que tiene algo que considera que es importante transmitírselo a un niño y condescendientemente se dirige a él.

— ¿En qué consiste la Escuela Peripatética que dirige en España?

Me gusta investigar, me gusta enseñar y me gusta ser partícipe del proceso de creación de otras personas. Por una razón u otra no termino de sentirme cómodo con los espacios de investigación, enseñanza y creación institucionales que se dedican a la literatura infantil. En mi recorrido docente me he dado cuenta de que hay otras personas que también buscan caminos apartados de los senderos comerciales y de las agendas académicas. Teniendo en cuenta esta realidad y buscando constituir un foro de reflexión e intercambio fundé hace tres años la Escuela Peripatética de Literatura Infantil. En términos concretos, en la actualidad se trata de un seminario y un taller que van cambiando a lo largo del año. En el primero, estudiamos y discutimos sobre planteamientos y perspectivas poco transitadas en la reflexión sobre la literatura para niños. Acabamos de terminar el estudio de los programas de radio para chicos de Walter Benjamin y el nuevo curso que iniciamos en enero va sobre la Bauhaus y el diseño para niños. Por su parte, el próximo taller está dirigido a ilustradores y en él nos planteamos el problema de cómo apropiarse de un texto no ficcional, que en principio no ha sido concebido para el público infantil, y convertirlo en un relato que sea, por un lado, capaz de despertar el interés del chico y, por otro, que nos permita expresar nuestras propias interpretaciones y lecturas. Es un taller que tiene mucho de juego, de experimentación, de búsqueda. De esto justamente se trata la Escuela Peripatética de LIJ.

pedro melenasPedro Melenas y compañía, de Heinrich Hoffmann. Clásico de la literatura ilustrada del siglo XIX reeditado por Gustavo Puerta Leisse para Impedimenta. Foto: abcblogs.abc.es

— ¿Por qué decidió reeditar Pedro Melenas?

— Pedro Melenas es, antes que nada, tremendamente divertido. También es un libro de gran importancia histórica y constituye una referencia cultural importante y no tan conocida en el ámbito hispánico. Leerlo hoy en día exige del lector, cualquiera sea su edad, un posicionamiento. En la edición que yo he coordinado para Impedimenta, el posicionamiento planteado es doble pues además de recuperar las historias originales, le propuse a diez ilustradores hispanoamericanos que crearan sus propios cuentos protagonizado por un niño que desobedece o transgrede un precepto adulto. Cada quien asumió el reto de una perspectiva muy distinta, cada quien nos ofrece su personal diálogo con el género  de los cuentos de admonición y con la concepción de la literatura infantil como instrumento de formación moral. El resultado es realmente estimulante.

El niño Jesús del cielo
premia a los niños modelo,
y si se comen la sopa
sin ensuciarse la ropa,
si se entretienen solitos
sin molestar con sus gritos
y caminan, claro está,
de la mano de mamá,
les trae al fin, muy dichoso,
un álbum maravilloso

Prólogo de Pedro Melenas

— ¿Cuál es la interpretación que se le puede dar  a sus historias en el contexto actual?

— Mi intención ha sido justamente plantearle al lector la pregunta que me formulas: ¿qué interpretación le puedes dar a estas historias en el contexto actual?, ¿tiene sentido?, ¿son para niños? Recuperar Pedro Melenas es recuperar su capacidad de interpelarnos.

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5 Comentarios

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