Sobre la gravedad de la intervención a la AFSCA

por Carolina García

El gobierno de Mauricio Macri no tardó en hacer llegar las primeras medidas que cambiarían el rumbo de las políticas estatales sobre comunicación (ver Macri vs la Ley de Medios: ojos que no leen, corazón que no siente).  La zona más crítica tiene que ver, precisamente, con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y con el organismo dedicado al control de medios creado por la misma Ley, la AFSCA, que fue intervenida la semana pasada por un lapso de 180 días, según el Gobierno Nacional. A continuación, traemos los principales puntos a tener en cuenta para entender la gravedad del asunto y la trascendencia que tendría la modificación de esta Ley para ciertos sectores relacionados al poder.

Tenemos que partir de la base en la que todos estamos de acuerdo: una ley es una ley y no debería poder modificarse, evadirse o adaptarse arbitrariamente según quiera el Presidente o partido político de turno. A pesar de ello, el principal motivo de la intervención tuvo que ver con el ensañamiento del Presidente y su partido con remover del cargo a la actual autoridad de la AFSCA, Martin Sabbatella. Según el actual Ministro del Interior, Rogelio Frigerio, la razón es que el organismo “se convirtió en un centro de militantes en el que se multiplicaba todo el tiempo la cantidad de empleados sin una función fija, con el objetivo principal que era financiar la militancia política”. En contraposición, la legisladora porteña Gabriela Cerruti declaró que ese tipo de acusaciones colocaban a  los más de mil trabajadores del organismo como ‘víctimas’ de un sistema de financiamiento que no era tal:  “Quienes hoy realizamos el aporte en la AFSCA somos 61, y lo hacemos a partir de una decisión militante”, señaló.

Hilando más fino, hay otra realidad. La concentración de medios debilita a la democracia y no es muy difícil entender por qué. Es fáctico que los medios influyen sobre los temas de los que habla la sociedad y de la forma en que lo hacen. Si un medio nos dice todo el tiempo sobre qué pensar, vamos a pensar en eso. No porque seamos tontos sino porque es infinita la realidad y es técnicamente imposible que una persona conozca todo lo que sucede en el mundo a la vez. Se conoce lo que se vive personalmente pero también se conoce a través de la información que uno recibe. Tampoco somos una esponja, atención: hay determinados temas que son palpables en la vida cotidiana y con algunos podemos acordar y con otros no. En este sentido, entonces, el punto importante está en aquello que se pone en agenda y en aquello que se omite. En los medios dominantes siempre hay intereses. A Clarín le convenía que el presidente fuera Macri y redunda decir que hay una guerra entre el multimedio y el kirchnerismo, pero la necesidad de modificar la regulación mediática era indiscutible.

El punto importante está en aquello que se pone en agenda y en aquello que se omite. En los medios dominantes siempre hay intereses.

Ante un panorama en el cual históricamente los multimedios monopólicos siempre marcaron las reglas del juego de la comunicación, factores como una nueva distribución de las licencias son fundamentales para garantizar mayor pluralidad de voces y construir una sociedad tenga una visión más amplia de la realidad. En la democracia entramos todos, desde los que tienen la vida salvada para las cinco generaciones que los sucederán, hasta los que no tienen para comer, ni tomar, ni dormir, desde hace años. Y de ahí pasando por todos los grises. Si existen tantas realidades distintas: ¿por qué solo pueden hablar de la realidad los poderosos? ¿Por qué no darle “AIRE” a todos los sectores sociales?

Ante un panorama en el cual históricamente los multimedios monopólicos siempre marcaron las reglas del juego de la comunicación, factores como una nueva distribución de las licencias son fundamentales para garantizar mayor pluralidad de voces y construir una sociedad tenga una visión más amplia de la realidad.

La intervención del AFSCA no solo es preocupante por lo que significa la correcta regulación de los medios, sino también porque atenta contra una ley sancionada por ambas cámaras. Si tomamos como válido el planteo que dice que Sabbatella es un militante K y por eso no puede ser titular del AFSCA, entonces tampoco puede serlo alguien relacionado con un partido político. Pero, créase o no, el interventor y nueva autoridad de la AFSCA es Agustín Garzón, un ex legislador porteño y actual coordinador de Profesionales PRO. Entonces: ¿En qué quedamos? ¿Es correcto intervenir un organismo proclamado autárquico y suspender el mandato que su titular tenía, por Ley, hasta el 2017 para reemplazarlo por un militante del partido gobernante? ¿No suena todo un poco a devolución de favores? Si se justifica la remoción de Sabbatella por su vinculación a un partido, ¿por qué se nombra en lugar a Agustín Garzón?

La intervención del AFSCA no solo es preocupante por lo que significa la correcta regulación de los medios, sino también porque atenta contra una ley sancionada por ambas cámaras.

Mientras tanto es importante informarse. No quedarse con lo que dicen solo unos. No pensar que determinados temas dejan de ser importantes si el medio al que estamos acostumbrados a escuchar no los menciona. Dejar de lado prejuicios. Entender que la democracia es fuerte si la cuidamos entre todos. Participá, preguntá lo que no entendés, dudá de lo que te imponen como verdad. Si hay que investigar, que se investigue. Pero no te olvides de que una Ley, es una Ley.

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