Que sea Domingo para domingo, que sea Vereda para Vecina

por Antonella Abatemarco

Caen las hojas maduras sobre las veredas de Colegiales de un verano que las vio enverdecerse y teñirse dulcemente de un marrón nostálgico. De invierno a otoño, los árboles siguen allí, creciendo, vestidos de ramas rebeldes que quieren colgarse de algunos balcones, subirse a algunas terrazas o simplemente dejarse caer al suelo. Los árboles siguen, los domingos de Vecina versión Vereda también, inmortalizados pero a “puro movimiento” como cantan sus voces.

Llegar hacia este dúo de melodías cálidas es cosa fácil en tiempos fríos. Vas derecho por Álvarez Thomas hasta la plaza “de los caños”, doblas en Virrey Loreto hasta llegar al 3300, aunque de tanto en tanto, te desvías para Gregoria Pérez porque allí es la cita. O podés hacer el camino que hacen ellas, que caminan derecho por tu oído, pasando por tus cuerdas vocales y se deslizan desde un tobogán hacia tu corazón. No importa el camino que elijas…al final de él, ellas siempre están.

“Correr o caminar”, algo más que una canción. Cuando llegas a la Vereda, ya no querés ni correr ni caminar. Aunque te estaciones en su rincón de colores, de familia mezclada con mate, mezclada con un poco de torta casera de la abuela, de niños corriendo, de bicicletas andantes que han abandonado -por un rato- su vuelo, de espontáneos jóvenes bailarines que se han dejado llevar por el ritmo de domingo, sentarse nunca significó más que estar en movimiento. Por más que todo frene, “nos vamos volviendo viento”.

Vecina son Marianela Cuzzani y Laura Ledesma, sencillez y armonía que hacen de los domingos un evento espontáneo. Más allá que la invitación a la Vereda recorra las redes sociales o el boca en boca una semana antes, hay quienes asisten con agenda de por medio pero hay quienes pasan y se detienen allí. Para tardes de domingos, de siestas y descansos de casa planificados, ellas salen a la calle convocando a que salgamos, a que revaloricemos esos espacios de un compartir y un estar juntos, sin importar la edad, el sexo, la nacionalidad. Pareciera que en la Vereda es el lugar donde las diferencias sociales se diluyen en un tupper de pastelitos que corren de un lado a otro, en un mate que besa a la mayoría de las bocas, en melodías que habitan los cuerpos y los sacuden de emociones haciéndolos vibrar.

“Vecina empezó a comienzos del 2010. Con Nela veníamos cantando juntas en una banda anterior que estaba llegando a su final en la que hacíamos Folclore Latinoamericano” expresa Laura. “De a poquito fuimos queriendo lo mismo, seguir cantando en armonías, con composiciones propias y sin responder a un formato de género” reafirma Marianela. Ambas, compañeras de acordes, de ritmos y de vida, tuvieron ganas de cantar a dos voces, de reencontrarse y coincidieron. Luego de viajar separadas, Trelew fue el lugar que las vio abrazarse de expectativas y deseos de darle forma a sus canciones. Así, surgieron las primeras y ya a mitad de año habría un repertorio.

A partir de los primeros conciertos que eran realizados en los típicos lugares cerrados donde las bandas suelen tocar comenzó el camino-Vecina. Y ya para principios del 2011, “con lo que teníamos puesto” asegura Laura, salieron a la Vereda, sin sonido, escenario ni luces artificiales. Sólo sus voces y sus instrumentos. “Intentamos con Lau idear la manera más simple en todos los sentidos, simple de no requerir de tanto previo aviso, la posibilidad de ser instantáneos en el momento de salir a tocar, simple en el formato de pensarlo parecido a un ensayo” completa Marianela. Salieron en busca del sol y el sol las estaba esperando para verlas brillar. “La primera Vereda éramos 15 entre amigos y parientes. Y a fuerza de insistencia y de constancia de salir cada dos domingos, fuimos sumando curiosos y gente que tuviera ganas de compartir un rato de tranquilidad. Y esto fue creciendo cada vez más hasta transformarse después de 3 años en lo que es hoy: un espacio visitado por cerca de 200 personas en cada encuentro, donde siempre hay música nueva porque las bandas que abren son diferentes. Una buena excusa para juntarnos con músicos amigos, para sentarnos y vernos la cara con los vecinos y gente que viene de otros barrios” expresa Marianela.

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Cada Vereda es única y diferente. Calles sumergidas en el tránsito de la rutina, se transforman en un escenario tan posible como cercano. Algo de todos los días valorado como un espacio que contagia las ganas de regalar y de compartir lo que cada uno tiene. “El que cocina un budín, lo lleva y lo comparte. El que lleva un banquito, se lo da a una abuela para que se siente. Hay un clima de solidaridad que excede lo musical” insiste Laura.

Pero la Vereda puede mudarse de vereda y también de país. A principios de junio, Vecina emprende una gira a México que durará un mes. A la vuelta, las espera el proyecto de su segundo disco. El primero, “Foto de un buen día”, pintado de verde naturaleza y de esponjosas melodías, es la mejor receta para un viaje en colectivo. De parada a parada, sus voces recorren todos los paisajes urbanos posibles y cuando te bajas, las baldosas de la calle suenan diferentes. La gris ciudad se tiñe de Vereda, del arcoiris que atraviesa su música. La monotonía se vuelve poesía, la prisa…un motivo de Calma.

Cuando se avecina Vecina, se avecina la música que no cobra para ser escuchada, que quiere que de 15, vayan 200. La música que no entiende de derecho de admisión, ni de entradas vendidas, ni de capacidad que limite la cantidad de personas que puedan entrar en el universo-Vecina. Esta concepción de la vida y de la música, nace de una simple coincidencia de momentos, de pensares y sentires que se complementan, de un compañerismo que entrelaza la dulzura de Laura con la simpatía de Marianela.

“Pensamos que todo lo que logramos es producto de nuestra música y de nuestra insistencia en no aflojar y salir a pesar de todo” expresa Laura. “Estaría bueno que las veredas sigan, que crezcan y que no paren de crecer hasta el día que no nos parezca más divertida y tengamos que buscar otra manera para seguir encontrándonos” afirma Marianela.

Y yo, me quedo con todo lo que me entregan…una tarde de domingo a las 16:30hs, 12 canciones grabadas en un cd, dos voces, una armonía y una forma nueva de transmitir y entender la música que te llena el alma.

Si las buscas, no importa el camino que elijas…al final de él, ellas siempre están.

 

 

Si las queres escuchar:  http://vecinacanciones.bandcamp.com

Si las queres sentir: http://www.vecinacanciones.com.ar

Si las queres encontrar: https://www.facebook.com/vecinacanciones

Y si queres podes ir a verlas este Sábado 24/05 a las 16:30hs en el Museo Histórico Nacional (Defensa 1600, CABA). Entrada LIBRE y GRATUITA.

 

Fotografía: Alexis Choclin

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