Entrevista a Salvador Biedma: “Los personajes tienen su lógica propia y se escapan a lo que vos decidas”

por Gustavo Yuste

“Hubo momentos de la escritura en los que terminé temblando, no fue algo fácil de escribir”, señala Salvador Biedma acerca de Siempre empuja todo (Eterna Cadencia, 2018), su segunda novela que acaba de ser publicada. En esa dirección, agrega en relación a la problemática de la violencia de género que aparecen en el relato: “es un tema muy complejo y mi intención es aportar algo más que ayude a plantear el tema sobre la mesa”. 



Sobre el autor

Salvador BiedmaSalvador Biedma nació en 1979 en Buenos Aires. Ha trabajado como editor, traductor, periodista y corrector. Está a cago de la librería Colastiné. Publicó en 2013 la novela Además, el tiempo y en 2017 el libro de poemas Quizá fuera volviendo.

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“Todo es una suerte de ensayo para algo posterior”

A pesar de lo que se puede llegar a pensar, el realismo en la literatura puede derivar en relatos que ponen  en juego y corren las barreras de la realidad misma. Eso sucede en Siempre empuja todo (Eterna Cadencia, 2018) de Salvador Biedma, donde un pueblo costero chico como Coronel Frías da lugar a una historia donde todo puede llegar a pasar pese a las limitaciones propias del lugar e incluso de sus personajes. De esta manera, Rubén, un jubilado solitario y viudo, decide volver a la localidad que sirvió de escenario de numerosas vacaciones familiares, dando lugar a una historia donde realidad, deseo y los laberintos de la psiquis se entrecruzan.

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Al respecto, Biedma señala a La Primera Piedra: “No sé si sería “psicosis” lo que sufre Rubén, al menos en términos psiquiátricos, sí hay una fantasía. Eso se mezcla con la confusión que se genera con la vejez y el estar solo en un lugar que no es el suyo. Sin el hijo, al ser viudo, no hay una red de contención. Sí te puedo decir que hubo momentos de la escritura en los que terminé temblando”. ¿Qué desafíos plantea encarar un relato donde la violencia de género aparece en escena? Eso y mucho más, en la siguiente entrevista.

— ¿Cómo surgió la idea de Siempre empuja todo? Sobre todo teniendo en cuenta que al principio parece una novela costumbrista y dispara para otro lado.
 De donde surge todo es de pensar el lugar, no de otra cosa. Antes había escrito Además el tiempo, que transcurría en una localidad de la provincia de Buenos Aires y la idea era seguir con un balneario también de provincia de Buenos Aires. Fue el lugar el que definió la trama. La editora me dijo algo similar a vos, pero no fue una búsqueda deliberada, aunque me gusta que se haya dado así. Para mí es la historia de alguien que llega al lugar que no es el suyo y es lógico que eso se termine tornando raro, me parece.

— Es interesante que esa transición en la novela se da en medio del texto, sin necesidad de una separación más formal como un capítulo. Ahí también entra esa suerte de psicosis que muestra el protagonista.
 En las novelas, que es el terreno que yo manejo, los personajes tienen su lógica propia y se escapan a lo que vos decidas. Como soy un poco lerdo para escribir, me olvido de momentos del proceso de escritura. Sí estaba claro la importancia de la música en la historia y la presencia de una adolescente para que haya algún acercamiento con Rubén. Después, que aparezca una fantasía de violación, no estaba claro al principio.

Es un tema de mucha sensibilidad en cualquier momento. Fue difícil porque soy un varón, aunque en un punto eso no debería ser un problema

— ¿Qué desafíos te planteó a vos narrar a un personaje como Rubén?
 No sé si sería “psicosis” lo que sufre Rubén, al menos en términos psiquiátricos, sí hay una fantasía. Eso se mezcla con la confusión que se genera con la vejez y el estar solo en un lugar que no es el suyo. Sin el hijo, al ser viudo, no hay una red de contención. Sí te puedo decir que hubo momentos de la escritura en los que terminé temblando, no fue algo fácil de escribir. Es un tema muy complejo y mi intención es aportar algo más que ayude a plantear el tema sobre la mesa.



Salvador Biedma


— En ese sentido, ¿cómo te preparaste para tocar un tema como la violencia de género en el contexto tan delicado que se vive en la actualidad?
 Es un tema de mucha sensibilidad en cualquier momento. Fue difícil porque soy un varón, aunque en un punto eso no debería ser un problema: soy blanco y estoy en contra del racismo, tuve una educación católica -por más que ahora sea ateo- y estoy en contra del nazismo. Sin embargo, hay muchas cosas que están a flor de piel y se están modificando constantemente. Siento que Siempre empuja todo se escapa de ciertos parámetros, como el vínculo que uno a los protagonistas. En la narrativa, en mi opinión, queda todo claro sin la necesidad de bajar línea. Nadie puede leer este libro y pensar que uno esté a favor de algo así. Si yo pudiera, me encantaría escribir sobre un caso como el de Romina Tejerina, de los que hay miles, pero no sé si podría.

Siempre empuja todo, para mí, puede llegar a sumar a visiblizar aún más la problemática. Hay que verlo con una mirada muy retorcida para pensar que está mal.

— Hace poco, Carlos Chernov me señalaba que un escritor no escribe lo que quiere, sino lo que puede.
 Sí, claro. Siempre empuja todo, para mí, puede llegar a sumar a visiblizar aún más la problemática. Hay que verlo con una mirada muy retorcida para pensar que está mal. Espero que nadie lo mire así (risas). Además, es un libro que está lejos de ser Lolita, donde hay un planteo moral mucho más complejo. También, esta novela no se centra solo en eso, también se aborda temáticas por la vejez.

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— Teniendo en cuenta tu carácter de escritor, pero también de periodista y librero, ¿notás que hay una mayor demanda del público lector hacia libros que traten la problemática de la violencia de género?
Sí sucede que muchas mujeres jóvenes vienen a buscar bibliografía sobre feminismo, no sé si tanto ficción. O al menos no se plantea así. Pero autoras Judith Butler, Chimamanda Ngozi Adichie, Virginie Despentes o Luciana Peker se piden mucho. En poesía sí sucede que se busca más poetas feministas.

Yo veo un panorama súper interesante, cuando era joven, en los 90’s, no existía que hubiera 10 escritores menores de 45 años que sea reconocidos, que venden, que tienen una obra detrás.

 ¿Y cómo ves el panorama de la literatura actual?
 Yo veo un panorama súper interesante, cuando era joven, en los 90’s, no existía que hubiera 10 escritores menores de 45 años que sea reconocidos, que venden, que tienen una obra detrás. Pienso en Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Federico Falco, Mariano Quirós y así podemos seguir nombrando. Eso está buenísimo. Eso también va de la mano con el surgimiento de nuevas editoriales independientes, algo que continuó el trabajo realizado por algunas en los 80’s y los 90’s.

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 Considerando que también escribís poesía, ¿intercambiás recursos de un género con el otro? ¿O los ves con mayor distancia?
 Son dos formas de entender y de mirar muy distinta. Si abusás de recursos poéticos en una novela, te puede cortar la fluidez de la narración. Uno de mis autores preferidos es Saer, otra es César Pavese, y los dos suelen hacer cosas muy interesantes en el cruce de ambos registros. Sin embargo, para mí son procesos distintos, miradas distintas. Son mundos apartes, aunque haya elementos en común.



Salvador Biedma


 Recién nombrabas a Saer y a Pavese, ¿qué otros autores tenés como referentes?
 Julio Cortázar es uno y lo quiero nombrar porque me parece bastante tonto decir que “envejeció mal” y ese tipo de cosas. Arthur Schnitzler, que es un autor austriaco que a mí me gusta mucho y antes solía tener la costumbre de leer un libro de él todos los veranos. Como poeta me gusta mucho Joaquín Giannuzzi. Después está Schweblin, aunque no note que mi escritura se asemeje a la suya. n cierto sentido, es muy loco saber que uno es contemporáneo de personas que van a perdurar: los poemas que escribe Julia Magistratti, van a quedar. Los cuentos de Samantha, también. Lo mismo Mariana Enríquez. Seguro me olvido de muchas personas. Con respecto a Siempre empuja todo,  me han dicho la influencia de Mempo Giardinelli.

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En cierto sentido, es muy loco saber que uno es contemporáneo de personas que van a perdurar: los poemas que escribe Julia Magistratti, van a quedar. Los cuentos de Samantha Schweblin, también. Lo mismo Mariana Enríquez.

 ¿Suele suceder en la escritura la presencia de influencias que uno no tiene tan presentes a nivel de la conciencia?
 Sí, y también lo contrario: en mi primera novela tenía cierto miedo de que se note mucho la presencia de Saer, que tiene un estilo muy personal, un trabajo con la lengua que es tan particular que hace que se te pegue. Es como si quisiera que se note que está escribiendo, la escritura como tema.  Sin embargo, nadie vio ese parecido (risas).

 A la hora de escribir, ¿tenés alguna rutina o mecanismo?
 Para escribir narrativa, sobre todo novela, me parece fundamental escribir con regularidad. Eso te ayuda a tener la historia en la cabeza. Yo siempre escribo a la mañana, después de leer el diario. Yo tengo cierta tendencia a un lenguaje enrevesado, y leer noticias, que están escritas obligatoriamente pare que se entiendan, me ayuda a evitar irme a esos lugares.

Todo es una suerte de ensayo para algo posterior. Está bien que haya cosas que no se publiquen. Por ejemplo, las dos primeras novelas que escribí quedaron en un cajón

 ¿Sentís que en Siempre empuja todo lograste ese resultado de un lenguaje fluido y simple?
 Sí, en parte porque tuvo mucha corrección, y eso ayuda mucho a quitar ciertos excesos. A parte, escribir una historia en un balneario bonaerense, con una refinación decimonónica del lenguaje, quedaría un poco extraño. Además, eso le quitaría la riqueza que puede tener el habla de los protagonistas de esas historias.

 Por último, para alguien que da sus primeros pasos en literatura, ¿podrías darle algún consejo?
 Tengo en claro que no soy nadie para dar consejos, en primer lugar. De todas formas, creo que hay tres cosas fundamentales: leer mucho, escribir todo lo que se pueda y tener paciencia. Eso implica no apurarse para publicar, no hay ninguna carrera contra nadie. Todo es una suerte de ensayo para algo posterior. Está bien que haya cosas que no se publiquen. Por ejemplo, las dos primeras novelas que escribí quedaron en un cajón, por suerte. Uno hace un montón de búsquedas y hay que saber esperar.



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