Arpón: seleccionar para salvar

por Laura Gómez

Hoy se estrena Arpón, la ópera prima de Tom Espinoza que narra el choque generacional entre una alumna y su director de escuela a partir de un accidente en el lago; de manera lateral, el film también toca el tema de la trata de personas y la estética de los cuerpos como elemento de pertenencia. La Primera Piedra estuvo en la conferencia de prensa junto al director y las actrices Ana Celentano y Nina Suárez Blefari.


Arpón narra el encuentro generacional entre una adolescente de 14 años —Cata (Nina Suárez Blefari)— y su director de escuela, el señor Argüello (Germán de Silva). Ambos buscan desesperadamente una pertenencia que de sentido a sus vidas: ella lo intenta a través de la belleza y es capaz de poner en riesgo su salud inyectándose colágeno en los labios; él desde el pequeño poder que ostenta en la escuela, y diariamente se dedica a revisar las mochilas de sus estudiantes.

Pero, ¿qué ocurre cuando las vidas de estos personajes se cruzan accidentalmente fuera del contexto escolar? ¿Qué sucede cuando intentan relacionarse sin ese marco de contención? Allí emergen nuevos roles y un intento de adaptación por parte de ambos.

Mi intención no era hacer un documental sobre la trata de personas porque hay muchos y muy buenos; aquí está puesto como un dispositivo dramático para que el protagonista se active en la búsqueda


— ¿Por qué Arpón?

Tom Espinoza: — A diferencia de la pesca con red donde uno captura azarosamente cualquier cosa, el arpón es un arma para elegir y para matar. Yo creo que Argüello tiene ese pensamiento de selección y agresión cuando ve a sus alumnos-peces nadando en la pileta.

— Hay mucha cámara en mano, ¿cómo surgió esa elección estética?

TE: — Bueno, ha sido una cuestión de presupuesto también. De todos modos siempre quise que mi primera película tuviese mucha cámara en mano para capturar los cuerpos en movimiento, y además porque concibo esta película como un actor que atraviesa la historia, y para eso no había más opción que la cámara en mano.


Cuando se le pregunta por el tema de la trata de personas, Espinoza advierte que a la hora de escribir el guión lo tomó muy por encima. “Mi intención no era hacer un documental sobre la trata de personas porque hay muchos y muy buenos; aquí está puesto como un dispositivo dramático para que el protagonista se active en la búsqueda”.

— ¿Cómo se sintieron con sus personajes?

Nina Suárez Blefari: — La verdad que me gustó mucho hacerlo porque si bien es un personaje fuerte al que le pasan cosas muy intensas, cuando lo interpretás todos esos rasgos que son tan distintos a los de uno de alguna manera te protegen, ¿no? En ese momento no somos nosotros mismos, somos otras personas y tenemos que lograr que ese personaje cobre vida para que pueda contar la historia.

Ana Celentano: — Sí, coincido con lo que dice Nina. Me parece que el actor lo primero que busca son esos puntos de contacto que puedan proporcionarle cierta contención. En el caso de Sonia, mi personaje, está directamente relacionado al de Argüello en esa tensión de poder que tienen dentro de la escuela y, de pronto, el lugar que debería ser de amor y aprendizaje se convierte en un espacio de cacería.



Entre las paredes de esa escuela el poder se ejerce bajo métodos bastante poco ortodoxos: el director revisa cotidianamente las mochilas de sus alumnos y Sonia, su mano derecha, entra en el juego propuesto por los jóvenes desafiándolos en plena clase. En la conferencia surgió la cuestión de la verosimilitud y Ana Celentano aseguró: “Creo que todas las historias pueden ser posibles, y si bien el tema de la trata no es central… está ahí, latente, porque son cosas que pasan acá, en el conurbano o en Salta”.

“Todos los temas que se tocan en la película son muy reales: la trata de personas, el manejo autoritario de una escuela y el problema de Cata, su imposibilidad para sentirse cómoda con ella misma, con su cuerpo y en la relación con los demás”, afirma Nina. Tom Espinoza marca la cancha desde el primer minuto de metraje y establece sus propias reglas de juego: en este esquema Argüello tiene el poder de inmiscuirse en la privacidad de sus alumnos revolviendo sus pertenencias. “No es un documental y no tiene por qué ser un reflejo de la realidad”, aclaró el director.

Arpón relata un choque generacional: habla del ejercicio del poder y de los cánones instaurados de belleza adolescente. Cata intenta pertenecer aumentando el volumen de sus labios; Argüello intenta legitimarse a través del autoritarismo. Se trata de una historia interesante excelentemente interpretada por Ana Celentano, Nina Suárez Blefari y Germán de Silva (un actor que sin dudas merece muchos más protagónicos en cine). El relato se sirve de los extremos para poner en escena problemáticas tristemente cotidianas.

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