Las negras: juguemos mientras la señora no está

por Laura Gómez

Los lunes a las 21 hs. en el Teatro No Avestruz (Humboldt 1857) tiene lugar uno de los sucesos teatrales más potentes de la cartelera porteña: Las Negras. En este pequeño y cálido rincón palermitano, el gran texto amasado por Christian Inglize cobra vida gracias a las poderosas actuaciones de María De Pablo y Lía Viñao. La obra narra la historia de dos mucamas que juegan a ser quienes no son en ausencia de su patrona; en medio de ese juego, ambas comienzan a obsesionarse con la idea de matarla. 


Christian Inglize es el autor de Las Negras pero también quien encarna a “la señora”: Berta Barberini de Lavallén. La decisión de que un hombre sea quien interprete a esta dama de la alta sociedad es en sí misma un gran hallazgo. Inglize no apela a la impronta del travestismo o el transformismo tan utilizado en otros géneros, aunque algo de ese universo aparece en escena y se contrasta de una manera cruda con el tono impreso en las interpretaciones de Viñao y De Pablo. Cuando vemos a Berta encontramos a una mujer de voz ronca, piernas atléticas y espalda monumental; pero una mujer al fin.

La obra de Inglize se sitúa a fines de la década del setenta —una de las peores para la Argentina— pero sin dudas recrea algunas criaturas que hoy emergen con renovado esplendor

El relato se sitúa a fines de la década del setenta, y esta mujer videlista de aires aristocráticos parece ser la combinación tan perfecta como terrorífica de varias señoras conocidas de la más alta alcurnia. Ella sólo demuestra un interés genuino por sus tapados de bisonte, sus zapatos, sus joyas o las sales para sus baños de inmersión. Pero una noticia la arranca de su zona de confort y la sumerge en el tan temido bochorno. Una sospecha cae sobre su esposo, aunque Berta parece más preocupada por lo que dirán los vecinos que por la integridad de su cónyuge.

En medio de ese estado de alteración, dos mucamas pululan por el cuarto de la señora y parecen casi imperceptibles. Sin embargo, la acción comienza cuando ella se va de la casa para visitar a su marido. A partir de ese momento, Lidia (Lía Viñao) y su hermana Teresa (María De Pablo) inician el juego y protagonizan un peligroso cambio de roles: Lidia será la señora y Teresa será Lidia. La primera es quien da las órdenes; la segunda las acata obedientemente. Hay aquí un deseo interno muy fuerte que va creciendo conforme avanza la obra: matar a la señora. Al principio llevan a cabo el asesinato simbólicamente como parte del juego, pero esa semilla no tardará demasiado en plagar sus realidades.

Las negras habla de las oscuras relaciones de poder que se tejen al interior de cada casa de clase media o alta entre señoras y sirvientas

Las actuaciones de Viñao y De Pablo son muy poderosas e imprimen en la historia el tono justo que mixtura humor y tragedia (dos caras de una misma moneda). La obra de Inglize se sitúa a fines de la década del setenta —una de las peores para la Argentina— pero sin dudas recrea algunas criaturas que hoy emergen con renovado esplendor: señoras que vuelven a ostentar el poder de antaño frente a la pérdida de muchos de los derechos adquiridos en los últimos tiempos por las empleadas domésticas, entre otros tantos colectivos.

Fotografía: Martina Perosa

Fotografía: Martina Perosa

Las negras habla de las oscuras relaciones de poder que se tejen al interior de cada casa de clase media o alta entre señoras y sirvientas. La proverbial dialéctica entre el amo y el esclavo aparece aquí como un elemento que atraviesa el vínculo entre estas tres mujeres. Lidia es fuerte e imaginativa, el cerebro de este dúo maquiavélico; pero Teresa es capaz de alcanzar bordes de locura insospechados cuando piensa en las múltiples formas en que podría acabar con la vida de la señora. Aún así, ninguna de las dos parece dispuesta a dar el paso decisivo que las condene o las redima para siempre.

La vida privada al interior de esas casonas de Belgrano R, Palermo o Recoleta son un verdadero misterio, y algo de esa oscuridad aparece en la puesta de Inglize. ¿Quiénes son los amos y quiénes los esclavos? Esta obra puede remitirnos a la excelente película de Agustín Toscano y Ezequiel Radusky —Los dueños— en donde se cuenta la historia de un grupo de peones rurales que toman el lugar de sus empleadores y emulan sus vidas mientras ellos no están. Ante la realidad de un casa vacía, el deseo de poder avanza desde las profundidades de la desigualdad y se revela en unos dientes apretados. Magistral retrato sobre los vínculos de poder que subyacen en lo más íntimo de la esfera privada.


Funciones: Lunes a las 21 hs. en Espacio NoAvestruz (Humboldt 1857)
Localidades: Alternativa Teatral

FICHA ARTÍSTICO-TÉCNICA:
Dramaturgia/Dirección: Christian Inglize
Intérpretes: María De Pablo, Christian Inglize, Lía Viñao
Diseño de luces: Ricardo Sica
Diseño gráfico: Constanza Fernández Ochoa
Asistencia de dirección: Lailén Alvarez
Producción ejecutiva: Mariana Zarnicki

 

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