Mon Roi: una fusión explosiva

por Laura Gómez

Hoy se incorpora a la cartelera local el film de la francesa Maïwenn, que ha cosechado 8 nominaciones en los Premios César, incluyendo mejor película, mejor director, mejores actor y actriz protagónicos, mejor actor de reparto y mejor música original. Se trata de un intenso melodrama, puro y realista, que adquiere potencia conforme avanza el metraje, gracias a la ductilidad de sus dos protagonistas: Vincent Cassel y Emanuelle Bercot.

Mon Roi puede definirse, en principio, como un melodrama de gran intensidad, potente y de sólidas actuaciones. El núcleo de la trama se concentra en la pareja conformada por Georgio (Vincent Cassel), y Tony (Emanuelle Bercot), dos personas de carácter aparentemente incompatible que, a pesar de ello, deciden encarar una vida juntos. Desde las primeras escenas, la directora logra delimitar con claridad las fronteras entre dos temporalidades bien definidas: por un lado el presente, marcado por el proceso de rehabilitación de Tony tras un accidente de esquí; por otro, el pasado reciente que registra los recuerdos tormentosos de su historia de amor junto a Georgio, una historia plagada de pasión y dolor.

Mon Roi es un gran melodrama porque sus protagonistas le proporcionan toda la credibilidad, el realismo y la densidad dramática que este género requiere.

Georgio y Tony se conocen en un bar. Tony se le insinúa, y Georgio accede al coqueteo, continúa el juego y terminan juntos. Así es como comienza una historia de amor/odio (una más entre tantas), que se prolongará hasta el nacimiento de su hijo Simbad. Y este inicio será precisamente el corazón de todos los reproches que Georgio lanza sobre Tony en sus cruces más ásperos: «No me conociste en una biblioteca, me conociste en un bar en medio de una ronda de amigos; esto es lo que soy, y lo mismo que te gustó de mí es lo que ahora te aleja». Todo el guión se apoya sobre esta permanente dicotomía entre el ser y el deber ser, entre lo que ambos son en verdad y aquello que el otro espera que sea; la eterna disyuntiva entre la versión original de ellos mismos y la versión corregida por sus amantes, para poner la cuestión en términos de una intrincada pero no menos eficaz analogía con el mundo editorial.

Mon Roi es un gran melodrama porque sus protagonistas le proporcionan toda la credibilidad, el realismo y la densidad dramática que este género requiere. El rostro polimórfico, el agudo histrionismo y el carisma en pantalla de Vincent Cassel junto al gran despliegue interpretativo de Emanuelle Bercot (ganadora al Premio César como Mejor Actriz Protagónica), hacen de esta película una pieza contundente, con situaciones que podrían desatarse perfectamente en la vida real de cualquier pareja. No hay excesos ni sobreactuaciones en el trabajo de estos actores, sino vigor, pasión, arrebato y una gran solidez en las escenas más jugadas, de mayor intensidad. Ambos recrean la dinámica propia y esperable de una pareja explosiva, y son estas pulidas interpretaciones las que nos permiten ingresar sin reparos en este universo turbulento desde el primer minuto. Aquí no hay razón, tan sólo pasión. Quienes vayan en busca de comportamientos racionales y móviles lógicos para las conductas desenfrenadas, absténganse. Estos personajes no están motivados por la lógica, y ni siquiera por el instinto de autopreservación; ellos sólo intentan sobrevivir en medio de una selva oscura e impredecible, entre cócteles peligrosos e impulsos autodestructivos.

Mon Roi 2

Georgio y Tony son, sin dudas, dos seres muy distintos y, en algún sentido, opuestos. Los problemas comienzan desde el momento en que ambos deciden unirse en matrimonio;  ellos son algo así como dos componentes químicos que registran una muy mala reacción a cualquier tipo de fusión.

Georgio trabaja en el mundo de la moda y el espectáculo, es muy sociable y anda por la vida rodeado de amigos, amante de la noche y la juerga, se caracteriza por su espíritu libre y desprejuiciado, sin ataduras ni compromisos sólidos con ninguna causa; más bien parece ser de esos sujetos que nunca llevan demasiado equipaje. A pesar de su estilo de vida liberal, él decide unirse a Tony bajo la condición de mantener una relativa autonomía: se casan, apuestan a la convivencia y conciben un hijo, pero al parecer él ha quedado atado a una vieja historia del pasado y se siente en la obligación de acompañar a la joven Agnes (su ex) durante el largo proceso de recuperación a causa de su adicción a las drogas; así, cada vez que ella lo necesita él acude a socorrerla, y esta actitud incondicional por supuesto acarrea varios problemas en la convivencia con Tony, que se ve desplazada por la constante dedicación de su esposo hacia esta vulnerable mujer.

Georgio y Tony son, sin dudas, dos seres muy distintos y, en algún sentido, opuestos.

Tony es muy diferente: ella es abogada, tiene una carrera exitosa y un carácter centrado que la impulsa a cargar con todas las responsabilidades en la pareja; sin embargo, el instinto parece haberle jugado una mala pasada, ganándole a la racionalidad que siempre ha dominado todos y cada uno de sus comportamientos. Y es que Tony se ha sentido atraída desde el primer segundo por el carisma y la soltura de Georgio, y esa poderosa atracción será el origen de todos sus padecimientos. Tony ha decidido compartir su vida junto a él, pero a diferencia de Georgio, su amor y compromiso son incondicionales, y todo su universo gira en torno a la admiración que por él profesa.

Estos dos personajes están construidos bajo el manto de la irracionalidad, con una energía que a veces resulta un tanto pasada y corrosiva, pero que es útil a la hora de retratar el absurdo en el que permanecen envueltos desde el momento en el cual sus miradas se cruzaron por primera vez. El amor no es para nada racional, y estos personajes tampoco aspiran a serlo. Como apoyo de los roles protagónicos, cabe destacar las participaciones de los dos actores de reparto: Louis Garrel (nominado a los Premios César) en el papel de Solal, el hermano menor de Tony, e Isid Le Besco en el papel de la novia de Solal. Es él quien socorre a Tony cada vez que ella se encuentra al borde del abismo, de modo que el soporte actoral se traduce también en soporte narrativo; no se trata de personajes antojadizos sino con un propósito definido, aunque siempre están en la órbita magnética y devoradora de los protagonistas.

La eterna disyuntiva entre la versión original de ellos mismos y la versión corregida por sus amantes

Entre Georgio y Tony parece haber un abismo. Es esa diferencia en sus formas de amar la que agiganta la distancia y los separa irremediablemente; es esa incompatibilidad entre sus modos de ser la que provoca el estallido de locura y las crisis más agudas, que incluyen gritos, llantos, silencios, maltratos, reproches, palabras duras, violencia psicológica, destrucción de vajilla y mobiliario, juegos perversos, idas y venidas, pasión y dolor. Los decibeles aumentan hasta alcanzar niveles insospechados, y todo desemboca en un divorcio tortuoso, vilmente negociado, para nada sencillo. Pero una vez separados, Georgio y Tony parecen capaces de llevar una relación madura y comportarse como dos verdaderos adultos (al menos por la salud mental de Simbad, su pequeño hijo). Es a partir de ese cruento divorcio que ambos pueden congeniar mejor.

Pero el camino hacia ese horizonte luminoso no estará exento de obstáculos y padecimientos. Mon Roi es una muy buena opción para los amantes del drama romántico y de las buenas actuaciones.

 

 

FICHA TÉCNICA
Título original: Mon Roi
País: Francia
Año: 2015
Dirección: Maïwenn
Guión: Etienne Comar, Maïwenn
Dirección de fotografía: Claire Mathon
Música: Stephen Warbeck
Reparto: Vincent Cassel, Emanuelle Bercot, Louis Garrel, Isild Le Besco
Duración: 130 minutos

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR