Año electoral: la política más allá de los medios de comunicación

por Giuliana Sordo

El 2015 es un año electoral de comienzo a fin.  Durante este mes de abril comenzaron los primeros esbozos de lo que deparará el escenario nacional. Los candidatos a los distintos cargos de Estado se exponen sin pensar en las consecuencias de sus mensajes. Así, se terminan naturalizando opiniones, generalizando ideas y banalizando el propio concepto de lo que implica la política. ¿Qué pasaría si tensamos el análisis político dejando de lado la liviandad de los medios de comunicación?

Las PASO que pasaron

En abril, muy temprano, se comenzaron a divisar los posibles escenarios de la nueva configuración política nacional, y en algunos casos local, con que finalizará el 2015. En las provincias de Salta, Mendoza y Santa Fe ya se realizaron las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias (PASO) que, además de funcionar como internas de los partidos abiertas, cumplen el papel de ser las “encuestas” más confiables sobre los próximos ganadores.

La mayor sorpresa fue el alto nivel de votos que obtuvo Miguel Del Sel (PRO) como candidato a gobernador de la provincia de Santa Fe –si bien se ha difundido en estas últimas horas que faltan recontar el 10% de los votos y los resultados pueden cambiar, no obstante la reflexión es la misma. ¿Realmente se puede hablar de una sorpresa? En las elecciones anteriores, el actual gobernador Antonio Bonfatti (Partido Socialista) ganó por muy poca diferencia sobre el candidato de Mauricio Macri dejando preocupados a miles de santafesinos. Preocupación que se hizo carne el pasado domingo.

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Además de hablar específicamente del candidato (Leer nota: “Las putas” de Del Sel y la política seductora), el análisis debería estar puesto en qué es lo que lleva a la gente a votar a una persona que lejos de tener que ver con la política, se llena de discursos que no dicen absolutamente nada -en la misma línea que sus jefes en el partido- sobre sus proyectos políticos. ¿Será que justamente esa es la visión de la política que atrae? ¿La que deja de lado las raíces más profundas de su constitución como ciencia y, sobre todo, la negación de cualquier tipo de ideología? Acá empezamos a plantear la necesidad que tienen muchos candidatos de negar la propia subjetividad de los seres humanos, es decir, el rechazo a asumir una posición específica frente a la realidad. El problema es que no hay nada más ideologizado que esto.

Retomando las elecciones que se dieron en las distintas provincias, el Frente de Izquierda y de los Trabajadores festeja ser la tercera fuerza en Salta y en Mendoza, esperando un gran resultado en la Ciudad de Buenos Aires, con la intención de “combatir desde adentro” del ámbito parlamentario los ajustes e injusticias contra los sectores populares.
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Mientras tanto, es notorio el avance de la derecha de la mano de candidatos radicales, supuestos progresistas y neoliberalistas. Eso se vuelve más alarmante si se piensa en los candidatos más mencionados -por los grandes medios- de cara a las elecciones nacionales del mes de octubre. Ante estos resultados, sin duda los análisis deben complejizarse. ¿Qué tipo de representación busca la sociedad argentina? ¿Qué llama la atención para votar a determinados candidatos? ¿Prima la elección consciente de estos, o la versión anestesiada que los medios crean de cada uno?

La cuestión PRO en la Ciudad de Buenos Aires

El próximo domingo 26 de abril se llevan a cabo las PASO para definir los candidatos concretos a Jefe de Gobierno de la Ciudad. La enorme cantidad de boletas de diferentes postulantes ya se analizaron hasta el hartazgo en los distintos medios de comunicación. Lo importante sería pensar en los matices de una campaña en la que los problemas de fondo no se discuten en profundidad: para quién se gobierna realmente.

Retomando al PRO específicamente, la discusión entre sus candidatos es sólo una cuestión de nombres y no por propuestas, si bien hubo acusaciones fuertes entre ambos, la realidad es que después de todo son exactamente lo mismo: el modelo de ciudad que proponen es igual al que viene primando desde los ocho años macristas, es decir, sin inclusión. En torno a la gestión de estos años, se puede decir que Horacio Rodríguez Larreta es uno de los mayores culpables del proyecto impuesto en la ciudad, sabiendo que siguió de cerca -por decir un eufemismo- su gestión. ¿Qué conclusiones se pueden sacar de esto?

Las conclusiones son de índole práctica: el endeudamiento increíble que deja la ciudad -que sin dudas va a limitar muy fuerte al próximo intendente. El constante conflicto con los centros culturales, sin mencionar específicamente la infravaloración de estos, y la puesta en mayor jerarquía de productos culturales propios de una industria que sólo busca lucro –si bien en este último punto se destaque mucho más Hernán Lombardi, candidato de la lista de Michetti, reafirmando las magras diferencias entre ambos candidatos. Uno de los “logros” del gobierno era su campaña llamada Ciudad Verde –que hasta ahora no superó la etapa de slogan político-, en el que, entre muchas otras cosas, miles de recuperadores urbanos se formaron en cooperativas respaldadas por el estado y la Dirección General de Reciclado Urbano. Sin embargo, estos últimos actores denuncian el vaciamiento del sistema de residuos en la ciudad, con el objetivo de la privatización del mismo. ¿Es que no se estaba buscando solucionar la gran problemática con los residuos? La lista podría seguirse.

Como se mencionó anteriormente, presentan sus propuestas con frases “limpias”, sin un entramado político que -según ellos- ensucia, dejando atrás a las “ideologías que tan mal le hicieron a la Argentina”, y triunfando con un discurso en el que las palabras no tienen contenido, están vacías de significado. Sin profundidad y sin ocultar que gobiernan para unos pocos. El caso más claro pueden ser las promesas incumplidas de urbanización de las villas, y se puede indagar un poco más acerca del porqué del incumplimiento, y hasta se podría conjeturar que la razón es la de no querer incluirlas en el mapa de la ciudad, por lo tanto, que sigan siendo invisibles a los ojos de los porteños. ¿Los ciudadanos que votan optimistamente al PRO están de acuerdo con esto?

Por otro lado, mientras llevan la bandera de la libertad de expresión, o eso hacen creer desde los medios que ciertos candidatos defienden, la revista villera La Garganta Poderosa denuncia las amenazas sufridas por parte de la dirigencia del Club Atlético Boca Juniors -en clara convivencia con el Gobierno de la Ciudad- para no poder preguntar al jugador estrella del club, Daniel Osvaldo, sobre Gastón Arispe Huaman, un chico que murió por la negligencia y culpa del gobierno de la ciudad en el Barrio Rodrigo Bueno, ubicado en la Costanera Sur. Es decir, para no visibilizar una problemática latente en todas las villas de la ciudad y la falta de respuesta del gobierno porteño.

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Redes sociales: lo obsceno de la obviedad 

Un punto de análisis interesante que está brindando el año electoral, es la relación existente en la actualidad entre las redes sociales y los candidatos, donde estos últimos intentan mostrarse de forma más fresca frente a sus seguidores. Muchas veces, esto produce una falta de planificación en lo que se muestra, o mejor dicho, queda más al descubierto su ideología, sus próximos proyectos y su pensamiento respecto a los “otros”. 

Gabriela Michetti, por ejemplo, salió públicamente a decir a través de su Facebook: “Señores vendedores ‘ilegales’ no me voten”. Es en este punto donde la obviedad de su propuesta de gobierno es obscena. En vez de pensar en posibles soluciones frente al llamado “trabajo ilegal”, en brindar nuevos puestos de trabajo, pensar en capacitaciones a los trabajadores que no están en el mercado laboral “legal” -ni hablar de promover la cultura popular-; se expone con toda crudeza la visión que tiene sobre ciertos “otros”.  Es completamente visible su posición -cargada de prejuicios-, y por consiguiente, su proyecto político. ¿Dónde aparece acá la idea de la política como una práctica igualitaria?

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Por otro lado, para mencionar otro caso, Elisa Carrió salió a manifestar públicamente -si bien después trató de negar la implicancia de sus dichos- su apoyo a la defensa y promoción del uso de glifosato en el campo, un herbicida que hace pocos días fue confirmado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de ser cancerígeno. Siguiendo en la línea de lo obvio, esta declaración no tiene problemas en asumir su posición: “no importa que las comunidades sean fumigadas, no somos nosotros, lo que importa es estar con el campo”. Parafraseando al periodista Darío Aranda, diría: “¿Qué pasaría si las fumigaciones del herbicida fueran en pleno centro de la Ciudad de Buenos Aires?”. Una vez más, se da cuenta de la carga subjetiva de cada declaración, por lo tanto, ideológica. Entonces, ¿se puede seguir pensando a la política como algo puro?

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En búsqueda del análisis honesto perdido

Quizás el mayor problema actual sea con el concepto que hay sobre la política. La misma puede ser transformadora, participativa y democratizadora, pero no siempre lo muestran de esa forma. Por lo general, se presenta como algo sectorizado, de unos pocos, a lo que la mayoría de los ciudadanos no accede ni quiere acceder. Y los medios son fundamentales a la hora de configurar esta forma de (no)práctica política. A través de lo que se refleja en la pantalla, se repiensa la relación de la sociedad y su participación en el ámbito de lo público o lo privado.

Sin embargo, cualquiera debería apropiarse de la práctica política, de la participación, de la toma de decisión que caracteriza, en teoría, a una democracia. El problema es creer que la intervención sólo es permitida cuando se introduce un sobre en una urna. Sin dudas esta es una visión muy pobre de la política. En este sentido, lo importante sería pensar que es lo que los candidatos promueven, como lo harían y qué tipo de concepto sobre la política cubre todos esos avatares.

En Argentina, a lo largo de toda su historia la clase dominante nunca pudo formar un partido realmente masivo que pueda ganar en las elecciones, lo que explica la cantidad sucesiva de golpes de estado. Si bien los ‘90 fueron épocas plenas del neoliberalismo, la realidad es que Menem no ganó con una campaña que defendía proyectos e ideas de “derecha”. Entonces, lo que habría que preguntar hoy, es si eso ha cambiado. Si a través de la publicidad, la televisión, los medios y los asistentes que preparan a los candidatos para ser más presentables masivamente, han conseguido que ese engrudo sea más digerible para los ciudadanos. Si a través de las infinitas mediaciones que existen con un candidato que asume el rol de ser “simpático”, permite olvidar cuál va a ser realmente su política de estado. En conclusión, lo que habría que indagar es cuál es el sentido que se le da a una práctica como la política, que en vez de ser igualitaria, vuelve a presentarse como propiedad de unos pocos.

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