Y el verbo se hizo carne

por Laura Gómez

Terrenal. Pequeño misterio ácrata, la última creación de Mauricio Kartún, recientemente estrenada en el Teatro del Pueblo.

Empecemos por el origen de todo, un procedimiento más que pertinente en este caso: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis, I, 1).

Conocemos el mito de la creación del mundo, o al menos podemos tocar de oído. Sabemos que primero fueron Adán y Eva, y luego sus revoltosos hijos: Caín y Abel. También sabemos que Caín mató a su hermano por celos, puesto que Dios supo mirar con agrado las ofrendas de Abel pero no las suyas. Ahora bien, ¿por qué toda esta introducción? ¿Acaso se trata de un curso acelerado de teología? A no desesperar.

Estos grandes temas –universales, desde ya– son algunos de los que retoma Mauricio Kartún en su última obra: Terrenal. Pequeño misterio ácrata, recientemente estrenada en el Teatro del Pueblo. Con proverbial destreza, el gran dramaturgo nos acerca al mito de la creación del mundo a través de una narración en clave paródica,  ambientada en el conurbano de los ’50 o ’60. Esta pieza es algo así como una pésima obra bíblica, un teatro que se autoproclama malo. Adán y Eva son borrados de escena para poner el foco en la historia de los hermanos y su vínculo con Dios; aquí los personajes hablan con un lenguaje afectado –aunque inesperadamente espontáneo– y vagan en un paraíso chueco, mal hecho: el Varieté Mundi (versión vulgar y deshilachada del Theatrum Mundi). En el universo creado por Kartún, Abel es Abel, Caín es Caín, pero Dios es Tatita: un personaje gauchesco que –según palabras del propio autor– fue construido a partir de la inspiradora imagen de Horacio Guarany. Kartún, al igual que el Creador del mito bíblico, se permite resignificar el personaje de Dios –nada más y nada menos– para convertirlo en un Dios zurdo, marxista, algo ebrio, un poco cachivache, musiquero de los pueblos, pero creador al fin.

Con esta obra, el autor se aleja de toda pretensión de rigurosidad en el relato y logra esquivar las convenciones del género, romperlas; así, se ubica en una suerte de “limbo genérico-estilístico”, en un espacio flotante donde la exaltación de lo vulgar es aquello que prima. Si el espectador consigue establecer un acuerdo con el autor y aceptar esas premisas, entonces su experiencia perceptiva será gratificante.

Hasta aquí hemos hablado tan sólo de cuestiones de pura forma, aspectos que quizás sean los más interesantes a la hora de apreciar una obra y desmontar sus mecanismos de construcción. Pero Terrenal nos presenta, además, grandes temas universales: la relación entre el hombre y la propiedad, la concepción del tiempo de trabajo y del tiempo de ocio en el marco de un sistema que exige producir sin distracciones, el vínculo entre el teatro y la vida, y la relación controversial entre los hermanos, los pares. Dice Tatita por ahí: “La miseria no es pelear. Miseria es matar al par. El uno crece de a dos. El dos peleando es armonía. Es vuelo. El uno solo crece monstruo”.

Esta obra es una de las tantas joyas que ofrece el submundo del teatro independiente; luego de ver esta pieza, uno inexorablemente sale transformado. En la pequeña sala del legendario Teatro del Pueblo, los parlamentos de los personajes resuenan con potencia magistral. En este punto, es necesario destacar las excelentes actuaciones de los protagonistas: Claudio Rissi (Tatita), Claudio Martínez Bel (Caín) y Claudio Da Passano (Abel). Estos actores parecen haber descifrado correctamente el código kartuniano que habilita los modos perfectos de decir cada frase con una musicalidad que enaltece el texto. En esa melodía que anima el lenguaje y en la dignificación de la palabra, reside gran parte del valor de la obra.

Si luego de leer estos párrafos se despertó en ustedes el interés por ir a comprobar lo atinado o erróneo de ellos, permítanme un último consejo: vayan a ver esta obra dispuestos a escuchar su música (tal como propone Tatita), vayan dispuestos a danzar al compás de los ritmos que propone el gran Mauricio Kartún.

Funciones:

Teatro del Pueblo (Av. Roque Sáenz Peña 943 – Capital Federal)

Viernes 21 hs – Sábados 21.30 hs – Domingos 20 hs

Entrada general: $100

Ficha técnico-artística:

Autoría/Dirección: Mauricio Kartún

Reparto: Claudio Da Passano, Claudio Martínez Bel, Claudio Rissi

Escenografía/Vestuario: Gabriela Fernández

Iluminación: Leandra Rodríguez

Diseño sonoro: Eliana Liuni

Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin

Duración: 90 minutos

Por Laura Gómez

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1 Comentario

rodolfo 17 noviembre, 2014 - 10:02

ya reservé las entradas para diciembre, por lo visto el público concuerda con esta crítica porque antes de esa fecha no hay localidades, dieron ganas de no perderse esta obra.

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