Entrevista a Pablo Ferreyra: “El macrismo ha logrado pensar en una ciudad bastante exclusiva que se mira las zonas más pudientes”

por Gustavo Yuste

“Hay que pensar una ciudad conectada, donde de alguna manera el trabajo de la ciudad, su movimiento, su dinámica, la imprimen los trabajadores que vienen de otros lugares”, sostiene el legislador porteño electo por Alternativa Popular en 2013. Cuál es la situación actual de la oposición porteña para intentar combatir a Macri, el rol trascendental de la juventud en la política y cómo ve al kirchnerismo ante la sucesión del 2015. ”No veo tan diferente a Scioli de Massa”, sostiene, y agrega que “hay que dar un debate más franco que tiene que salir de la militancia”.

 

– A nivel nacional, en estos últimos años, siempre se habla a partir de la dualidad oficialismo/oposición, mientras que en la ciudad no se suele tener en cuenta tanto a la oposición. ¿Por qué crees que pasa eso?

Sí, es verdad. Hay una lógica, a nivel nacional, que ha logrado fortalecer a una oposición, muchas veces con argumentos bajos o no muy sólidos. En la ciudad de Buenos Aires esa lógica binaria se intentó traducir como la manera de lograr un hecho político que mellara la influencia de Macri. Como a nivel nacional es el kirchnerismo el que impone la agenda de los temas, junto con las corporaciones mediáticas del lado opuesto, en la ciudad esa lógica resultó una estrategia incorrecta ir por ese camino de disputa discursiva contra el macrismo. ¿Por qué?, porque el Pro ha logrado apropiarse de algunas banderas de lo público, cooptación en villas, una política de gestión muchas veces cosmética para los sectores medios a partir de su intervención en la planificación urbana y el tránsito; y los sectores más pudientes se han beneficiado con las políticas de regulación del mercado inmobiliario o mismo con los diferentes negociados con los que el macrismo fortalece a los sectores más altos. En algún punto ha logrado hacer que Buenos Aires no se piense como una ciudad que tiene una relación fuerte con el área metropolitana, con el conurbano, donde 2 millones de trabajadores ingresan diariamente a la Capital. Ha logrado pensar una ciudad bastante exclusiva mirando siempre hacia la zona más del centro de la Ciudad de Buenos Aires. Así, las discusiones de la oposición sobre si es un gobierno de derecha, con ciertas ineptitudes, que representa lo anti-popular no han dañado al macrismo. Eso también habla de las profundas raíces que tenemos los porteños.

– Capaz en estos años se logró plantear lógica de pensar a la Capital como un consorcio, donde Macri sólo administra y no tiene que generar recursos.

Claro, es parte de su lógica empresarial de administración de la Ciudad, que ha sido muy efectiva. Se logra eso, que Macri quede como un buen administrador. Hay una sobreactuación de su rol de Ingeniero, verlo con el casco amarillo genera que se piense que es eficiente. Se exagera un rol que tiene muchas sombras, hay comunas muy postergadas, donde podes encontrar necesidades básicas insatisfechas. Eso es lo que logra el macrismo, una ciudad que se mira las zonas más pudientes, más allá de un intento en este tiempo de revalorar esos barrios para volverlos apetecibles al mercado inmobiliario únicamente.

– ¿Cómo se puede revertir eso?

Hay que desandar todo eso: pensar una ciudad conectada, donde la zona Sur también sirva como una zona de conexión con el AMBA, donde de alguna manera el trabajo de la ciudad, su movimiento, su dinámica, la imprimen los trabajadores que vienen de otros lugares. Hay que proyectar una ciudad de otra manera, pero para eso no se tiene que disputar discursivamente o ideológicamente, sino que para mí claramente tienen que estar orientadas a tener una política de gestión. Para cada cosa que haga el macrismo, uno tiene que encontrar una forma discursiva y en la práctica de demostrar el por qué con esta gestión sólo se está favoreciendo a un cierto sector de la población. Ideológicamente hay que presentar una ciudad mucho más participativa, con políticas integrales para el transporte o la vivienda, por ejemplo. Se ha logrado en los primeros meses de este año una cierta unificación en la oposición en ciertos temas como la inscripción online a las escuelas o la toma del predio de Villa Lugano. Esto logró romper el cerco que tiene el macrismo, pero se hace muy difícil con una oposición tan fragmentada, porque si hay una chance de quitarle el manejo del Estado porteño al Pro, lo tiene el frente UNEN. Entonces, ante esa posibilidad, ese frente termina negociando con el macrismo en muchos casos. En enero hubo una unificación del UNEN, el Kirchnerismo y sectores de izquierda contra la inscripción online. Difícilmente esto se repita ahora en una carrera electoral, donde UNEN sabe que tiene que hacerle el juego al Pro para vencer al gobierno nacional, sobre todo después del nacimiento de FAUNEN. Hay que lograr un frente amplio que represente a toda la oposición de centro izquierda y de izquierda, que plantee una continuidad de las políticas nacionales en la ciudad, pero con un discurso propio de la ciudad de Buenos Aires, no calcado a lo que ocurre en el país.

– El proteccionismo mediático que se le suele aplicar a Macri, ¿dificulta la tarea de la oposición porteña?

Sí, realmente sí, más allá de que algunas veces hay formas de rasgar eso. Un ejemplo fue durante la inscripción online de educación, donde los medios que nos acompañaron fueron sobre todo medios que de alguna manera responden a un alineamiento más cercano al gobierno nacional. Hay claramente una protección mediática que nos dificulta la tarea. Ahora, nosotros estamos haciendo algo mal, porque no nos debería importar tanto la cuestión mediática. Sí capaz durante el periodo electoral, pero en este momento debería alcanzar con repensar la ciudad desde lo territorial, lo barrial, las organizaciones sociales que tienen su representación en la legislatura. Hay que generar una red que efectivamente influya sobre los ciudadanos: ahí la oposición porteña está lenta. Nosotros estamos pensando una campaña por Comuna sobre estas cuestiones, lograr que la legislatura pueda descender a esos territorios y dar un debate sobre los problemas que tienen los vecinos en la ciudad.

– Ya en un terreno más personal, contaste muchas veces que fue durante el conflicto de la Ley 125 cuando te acercaste al kirchnerismo y te alejaste de las izquierdas más tradicionales, ¿qué fue lo que te provocó tomar esa decisión?

Yo venía dejando la izquierda más tradicional desde antes, pero tenía una profunda desconfianza por el kirchnerismo por la propia caracterización que uno tiene desde la izquierda del kirchnerismo. Lo que me atrajo fue el debate que irrumpió en cada lugar de trabajo, en la calle, en los hogares. Ese debate que colocaba al gobierno Nacional de un lado y a todo el arco opositor del otro lado con una argumentación totalmente regresiva, con una sucesión de caras conocidas y malas, digamos. El mal llamado “campo” que era un sector de la oposición que se desnudó y mostró su faz más antidemocrática, y que son los mismos que apoyaron golpes militares en otras épocas como la Sociedad Rural. Fue la aparición de este sector transformado en “el campo”, cuando el campo profundo estaba y sigue sufriendo los atropellos de las patronales, desde los trabajadores esclavos hasta los que cosechan o producen leche. Ese mismo trabajador del campo, con una identificación de sectores de la oligarquía, terminó defendiendo un discurso que no lo favorecía. Aumentar las retenciones apuntaba a generar los mecanismos para que Argentina sea un país más competitivo y no quedarse en la exportación de materias primas.

Quizás lo más interesante de todo fue que después de eso se rasga la credibilidad de los medios tras el lobby hacia los sectores de la oligarquía nacional; se visualizan los enemigos del gobiernos y por ende, para mí, los enemigos de los interés populares; y por último y quizás lo más importante, es que, a pesar de la derrota, el gobierno sale con una agenda hacia delante a favor de los sectores populares, generando un clima muy interesante desde el rescate de la política, del debate. Se dan una cantidad de medidas progresivas que terminan definiendo mi adhesión a este proyecto.

– Vos dijiste que si Alternativa Popular es el kirchnerismo de izquierda, es porque hay un kirchnerismo de derecha, ¿cómo conviven esos dos lugares y a cual ves mejor posicionado para la sucesión presidencial?

Está claro que la salida que se plantea ahora está a la derecha del gobierno actual, a pesar de salir de un sector que viene acompañando al gobierno, como es el gobernador Daniel Scioli. Está claro que es el mejor candidato para el establishment, para el agro, para muchos sectores.

– Hay una frase que se le atribuye al kirchnerismo que sostiene: “Dentro de los que no son nuestros, Scioli es el mejor candidato”…

Para mí es el mejor candidato para el establishment, no para nosotros. Scioli representa en algún punto parte de una negación del kirchnerismo, no podría entenderse como una continuidad. Ahora, lo que me extraña es que la militancia y la juventud estén tan preocupadas por la gobernabilidad de este gobierno y sea ese el principal argumento para pensar a Scioli como una salida. No veo tan diferente a Scioli de Massa, por ejemplo. Ninguno va a poder atacar los pilares de este proyecto; ni van a poder atacar lo que queremos que ataque. Entonces, como veo a la derecha del kirchnerismo, al sciolismo lo veo fuertemente posicionado. Más con la omisión de Cristina de designar candidato, Scioli sale beneficiado. Por el contrario, si lo designara, saldría debilitado, porque tiene que buscar votos antikirchneristas también. Tampoco la presidenta va a dejar atado su capital político a la izquierda kirchnerista o algún otro sector que no llegue ni a los diez puntos.

-Entonces, ¿no ves un buen panorama para el 2015?

En algún punto la situación es mala y se vuelve peor con la baja calidad argumentativa que los militantes tenemos para dar este debate. No se puede pensar a Scioli como lo “menos peor”. El esfuerzo militante debería estar en generar esos candidatos, aún fuera del aparato del Partido Justicialista, para no caer en el sciolismo y representar el capital político del kirchnerismo. No veo que tengamos claridad y Scioli sí. Porque él se presenta como la continuidad para adentro y hacia afuera no. Me lo imagino en los últimos tres meses de campaña como un acérrimo antikirchnerista o, al menos, buscando un equilibrio para seducir al electorado massista.

-Randazzo y Urribari, se posicionaron como candidatos también, ¿los ves como mejores candidatos que Scioli?

Sí, claro, a ambos. Capaz más a Urribari, sobre todo tras demostrar lealtad al gobierno y enfrentar a ese sector mal llamado “campo” en el 2008. Ambos son interesantes, pero deberían demostrar interés, más allá de presentarse como un número para las encuestas. Creo que esa dinámica de estar tan pendientes sobre qué se dice desde la Casa Rosada, debilita a los candidatos, porque eso impide que tengan cierta libertad y demostrar una agenda propia. Sobre todo en este año, donde se han dado discusiones difíciles en el terreno económico. Hay que buscar una agenda propositiva, de cambio, que profundice. El kirchnerismo debe retomar la vieja fórmula de profundización del modelo y no una mera continuidad. Todo eso es lo que nos muestra a los sectores más de izquierda kirchnerista por detrás del PJ y esos sectores. Ahí hay que dar un debate más franco que tiene que salir de la militancia. El ser dócil frente al PJ te lleva a las mismas salidas que años anteriores.

-¿Puede ser que se esté queriendo evitar el linchamiento mediático de algún candidato? Como le pasó a Capitanich, por ejemplo.

Puede ser eso. Es una estrategia muy arriesgada, porque se los va a linchar igual en menos tiempo. Se ahorran medio año de campañas, pero no sé si es muy beneficioso. Lo de Capitanich me parece que fue una estrategia de Cristina, que por problemas propios de salud buscó salir un poco del centro de la escena.

– Por último, ¿cuáles crees que son las cuentas pendientes de estos años de kirchnerismo?

La discusión sobre la matriz productiva para salir de una situación de dependencia tanto de sectores internacionales como regionales, como en el caso de Brasil; la extranjerización de la economía; tener una política diferente con respecto al extractivismo, con los recursos naturales. Profundizar la reducción del trabajo precario, del trabajo en negro, más allá de que ha sido bastante interesante lo que se hizo hasta ahora. Terminar con el trabajo tercerizado, también. Yo entiendo que este período histórico fue el mejor para dar esta discusión y ahora, con las posibles salidas, no creo que se pueda llevar a cabo. El gobierno que venga, de las opciones que hay, no va a poder llevar a la profundización  de un modelo y una agenda que le devuelva a los sectores populares lo quitado durante tantas décadas.

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