Volcán, de Valentina Varas

por Gustavo Yuste

Los poemas que integran Volcán (Caleta Olivia, 2018), segundo libro de Valentina Varas, forman un mapa sentimental en donde se puede ver una mirada atenta por los detalles y los momentos fugaces. Con un estilo confesional y narrativo, este libro describe a su forma una época de amor líquido e inseguridades que no son otra cosa que pilares constitutivos de la identidad. A continuación, 5 poemas de la autora. 



Sobre la autora

Valentina VarasValentina Varas nació en Buenos Aires en 1991. Estudió Marketing.

En 2016 publicó La velocidad de una fiesta (Pánico el pánico). Volcán (Caleta Olivia, 2018) es su segundo libro.

(Leer nota: Editoriales Independientes #4 – Caleta Olivia: “De a poco surgen nuevas voces o editoriales que trabajan para que sea todo más federal”)


1 – Cuidar y guardar

Los domingos trato de aprender algo,
capitalizar el desgano y la presión
en el pecho, el bloque de mármol
que se forma entre las clavículas
y las costillas, darme consejos
a mí misma que en cuarenta
o cincuenta años le sirvan a mis nietos.

Cuidar los días que pasamos
juntos, los que pasamos separados,
extrañándonos, los que pasamos lejos,
enojados, para no olvidarnos,
para no volver a hacernos mal
otra vez, sin querer,
de la misma manera,
para no volver a llevarnos
a los mismos lugares
de lo que nos costó tanto salir.

Volvamos a mi cama y a la vista
panorámica, el horizonte es otra
forma de referirnos al futuro cercano;
“esta hamburguesa es horrible
pero no importa, tenemos todo
el tiempo del mundo” dijiste.

Era mentira, ahora veo sola
la espuma verde de las copas
de los árboles que bordea las vías
y empuja el andén hasta perderse
en la curva antes de la mezquita;
sus dos torres pinchan el cielo,
descubro partecitas
del paisaje que nunca vimos.

Te llamaría para avisarte
que los pájaros están volando bajo
y pasan cerca de los balcones:
llegó esa época del año,
nos (la) vamos a perder;
te llamaría para avisarte
cualquier cosa.


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2 – Es difícil ser feminista y estar enamorada

Por esos tiempos
no estábamos
nada empoderadas,
éramos un grupo de
chicas que se entregaban
cuerpo y alma a los caprichos
de unos pibes, chicos, chabones,
sólo porque en alguna arista
sus ganas coincidían con las nuestras
pero nuestra obstinación tenía
más que ver con el amor eterno
y ellos eran de la escuela del
“vamos viendo”.

Faltaba poco para marcha del 8M,
pero al revés del dicho,
la procesión solo iba por fuera
y por dentro éramos estampidas
descontroladas de enamoramiento
hormonas y, supongo, del deseo
de ser novias y después esposas
y después madres; queríamos
aborto legal pero más queríamos
amor seguro y estábamos tan lejos,
había tanta gente y tanto ruido
entre nosotras y la felicidad
y aún más, aun más imposible,
la calma.


3 – Buen lejos

Su equipo y mi equipo perdieron
4 a 0 este fin de semana;
los casamientos y los días de sol
me deprimen, no me gusta sentir
que tengo que pasarla bien.

Llovió hoy a la mañana
y me lo perdí,
dormí hasta las 9:38
dos horas y media más
tarde de lo habitual;
despertarme en una cama
que no es mía tiene algo
de vacación y algo de cárcel.

En casa me esperan
platos sucios,
ropa para ordenar
y regalos suyos que escondí
en cajones que no abro nunca.

La protección del hermetismo:
si no entra oxígeno
las cosas no se pudren;
el freezer es mi parte favorita
de mi casa y está vacío.

Me gusta el nombre Superliga,
pero me gusta más Bundesliga,
aunque no sé qué es;
hay cierta inseguridad en
saber que algo existe
y no conocerlo demasiado,
me hubiera gustado
quedarme en esa etapa con él,
bajarme antes.

Hacia el final una noche
tomamos el subte juntos
por única vez en esta ciudad.

Cada tanto me fijo
por la ventana del living
si está parado en el andén
yendo o, mejor aún, viniendo.



4 – Ravensburger de 1000 piezas

Lo único que quiero
y lo único que voy a querer
por un tiempo es que
me abraces un ratito
y ese ratito va a ser
insuficiente y voy a
querer otro ratito más
y así
hasta que un día
sin darnos cuenta
estemos durmiendo
juntos todas las noches
trenzados, encastrados;
un rompecabezas terminados,
interrumpido solamente,
diariamente, por la vida,
las obligaciones, los amigos,
la familia, los trabajos:
el paisaje que completa
la figura de la felicidad,
por por ahora solo hay
una pieza, un pedacito
en el que estoy yo
en un plano lejano,
nada protagónico,
cerca del punto de fuga,
diciendo que te extraño.


5 – Resiliencia

Solo quedan los ácaros
en los libros usados
que compramos juntos.



 

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1 Comentario

dale 6 octubre, 2018 - 03:03

una cheta que escribe de sus viajes al exterior y de sus drogas ¡y de su militancia 8M!

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