Padre Pedro: un cura y un feligrés contra las cuerdas

por Laura Gómez

Padre Pedro se perfila sin dudas como una de las mejores propuestas de la cartelera teatral porteña. Sustentada en una dramaturgia potente y en dos interpretaciones memorables, la pieza indaga el vínculo entre un cura y un feligrés de una parroquia de pueblo. Esa relación maestro/discípulo estará plagada de secretos, omisiones, pequeñas mentiras y engaños de alto voltaje; aquí temas como la violencia, el abuso, la deslealtad y diversos dilemas morales jugarán un rol trascendental para demostrarnos que no existen buenos tan buenos ni malos tan malos. Puede verse los domingos a las 20.30 hs. en Espacio Callejón (Humahuaca 3759).


Padre Pedro es una pieza teatral de gran densidad dramática que aborda un vínculo poco transitado en nuestras dramaturgias: aquel entre un cura —el Padre Pedro (Jorge Fernández Román)— y un feligrés —Dante (Ricardo Torre)— en el contexto de una parroquia situada en lo que parece ser un pequeño pueblo del interior del país. Todo empieza con una conversación cotidiana entre estos hombres después de la misa: hay que lavar un par de manteles manchados con la “sangre de Cristo” y se hace preciso arreglar la instalación eléctrica de la capilla. Ángeles, la esposa del feligrés, puede encargarse de lo primero; y él mismo puede darse maña para lo segundo.

Pero esa conversación relajada comienza a teñirse de oscuridad en cuanto Dante le confiesa al Padre Pedro unos sueños inquietantes que lo oprimen cada noche y, según una vidente del pueblo, son de carácter premonitorio: una cara difusa que poco a poco va haciéndose más nítida, la cara de un hombre. “Yo quiero matar a alguien, Padre”, lanza Dante. Ese ida y vuelta inicial se construye a partir de un tono más bien risueño e incluso hilarante con cada petición de confesión de este feligrés que padece una combinación letal de brutalidad y sumisión. Es allí donde aparece la cuestión de la violencia y el abuso dentro del ámbito doméstico.



Dante asegura que es estéril; su esposa Ángeles ha quedado embarazada y de esta forma él pudo confirmar el engaño que venía sospechando hace tiempo. La pregunta que lo atormenta es: ¿con quién ha cometido adulterio? Él recurre al cura con la esperanza de que la amistad que se ha forjado entre ellos lo impulse a romper el secreto de confesión y pueda decirle lo que la mujer le ha confiado. El Padre Pedro, sin embargo, tampoco tiene un historial impoluto, y su traslado desde Pergamino parece haber sido consecuencia de un escándalo.

Contar más detalles supondría arruinar algunos giros narrativos. Padre Pedro es una obra potente, que sostiene su ritmo e intensidad todo el tiempo. El texto de José Ignacio Serralunga es de una gran densidad dramática y tiene peso específico. La dirección de Matías Gómez es muy acertada porque consigue crear todos los climas y matices que cada momento requiere (desde la hilaridad inicial hasta la sordidez del final). Sin embargo —y es preciso destacarlo— buena parte de la eficacia de estos trabajos reside en las enormes actuaciones de Jorge Fernández Román (a quien ya vimos en un éxito del circuito independiente que va por su cuarta temporada, El amor es un bien) y Ricardo Torre (a quien ya vimos en Angá Rodolfo, un excepcional unipersonal sobre las frustraciones en tiempos navideños).



La puesta es tan sencilla como eficaz: la escenografía de Javier Parada incluye la figura de una virgen que vigila cada confesión desde una esquina, los manteles manchados con vino, las prendas inmaculadas y bendecidas, un par de baúles, una Biblia y cuatro cuerdas que definen los límites del espacio escénico en el que se mueven estos personajes (muy similares a los de un ring de boxeo). La iluminación de Ricardo Sica, la sugerente música de Lukas Bustamante y el vestuario de Patricia Ramírez Barahona contribuyen también a que estas dos criaturas atraviesen esa curva que los llevará desde la pura inocencia hacia lo siniestro. Aquí queda claro que no existen buenos tan buenos ni malos tan malos; los personajes encarnados por Fernández Román y Torre son, esencialmente, humanos, y no se los juzga desde la moralidad sino que se los acompaña en ese tránsito donde exponen todas sus bellezas y miserias.

La religión, la moralidad, el bien y el mal, el pecado, los engaños, el adulterio, la idea de posesión sobre la mujer, las “desprolijidades” en el seno del sacerdocio y las violencias y abusos que se desatan al interior del espacio doméstico son algunos de los tópicos que toca la pieza; lo hace con altura y compromiso, sin ánimo de enjuiciamiento aunque con un claro propósito de alcanzar alguna reflexión sobre ellos. Padre Pedro merece ser vista y aplaudida de pie.


FUNCIONES: Domingos a las 20.30 hs. en Espacio Callejón (Humahuaca 3759)
LOCALIDADES: $330

FICHA TÉCNICA
Dramaturgia: José Ignacio Serralunga
Actúan: Jorge Fernández Román, Ricardo Torre
Vestuario: Patricia Ramírez Barahona
Escenografía: Javier Parada
Iluminación: Ricardo Sica
Música original: Lukas Bustamante
Diseño gráfico: Verónica Martorelli, Valentina Marvaldi
Asistencia general: Julieta Korenman
Prensa: Kazeta Prensa
Producción ejecutiva: Mariana Zarnicki
Dirección: Matías Gómez

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