Lucky: Harry Dean Stanton nunca se fue

por Laura Gómez

Lucky es sin dudas —y quizás por azar— la mejor despedida que el séptimo arte pudo haberle dado a uno de sus exponentes más entrañables: Harry Dean Stanton, aquel rostro y andar memorables de París, Texas (Wim Wenders). La ópera prima de John Carroll Lynch construye un relato inspirado en algunos itinerarios cinematográficos de la biografía de su protagonista, y logra tocar cuerdas sensibles con gran sutileza y humanidad. Estreno imperdible de esta semana.


Quizás su nombre y apellido no digan demasiado para quienes no se reconozcan como cinéfilos empedernidos, pero el rostro de Harry Dean Stanton (llamémoslo Harry) es de los más conocidos en la pantalla chica y también en la grande. El actor estadounidense falleció en septiembre del año pasado, a los 91 años. Su recorrido está plagado de personajes secundarios y roles menores, pero el papel que lo catapultó a la fama fue el de Travis Henderson, aquel hombre perdido en el desierto que hace lo imposible para reencontrarse con su fragmentada familia en París, Texas de Wim Wenders. Además, participó en series televisivas que formaron emocionalmente a generaciones enteras durante los años ’60 —Bonanza, Combate, El hombre del rifle, y trabajó codo a codo con directores de la talla de Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Ridley Scott o David Lynch (este último íntimo amigo del actor, quien además tiene una fugaz aparición en el film).

Lucky (apodo que remarca su fortuna exacerbada por el hecho de estar vivo a sus 90 años) es un “típico hombre del oeste”: rústico, secote, de humor más bien amargo, obsesivo con sus rutinas matutinas de yoga, metódico en su extenso listado de ritos cotidianos, extremadamente adicto al tabaco y un poco melancólico después de algunas copas en el único antro de ese pueblo que nunca se nombra, pero que podría ser cualquiera en nuestro difuso imaginario del “Far West”. Sus movimientos son más o menos predecibles hasta que un desmayo —en apariencia insignificante— lo obliga a someterse a toda clase de estudios y a poner las cosas en perspectiva. Repentinamente, Lucky advierte que el umbral entre la vida y la muerte es mucho más estrecho de lo que parece, y cada evento adquiere una nueva dimensión.


David Lynch y Harry Dean Stanton


La película de Lynch está plagada de guiños para los cinéfilos amantes de Harry, y no sólo se incluyen referencias a sus trabajos cinematográficos, sino también a su propia biografía y a algunas de sus declaraciones ante la prensa. Quizás la más clara de todas sea ese travelling con su cuerpo espigado como eje de un plano abierto, con sus botas texanas, su sombrero de cowboy y su andar aletargado recortando el horizonte desértico. Esa toma nos conduce directo a la escena de París, Texas en la que Travis replica los ademanes de su hijo desde la vereda opuesta, en la vuelta a casa desde la escuela. Lo interesante es que Lucky funciona a la perfección aún sin reparar en ninguna de estas referencias porque está hecha con calidez, sensibilidad y profunda humanidad: cada plano revela algún matiz de Lucky/Harry, y queda demostrado que el buen cine debe ser —por sobre todas las cosas— humano.

La interpretación de Stanton es gloriosa. El agudo crítico Roger Ebert declaró alguna vez: «Ninguna película con Harry Dean Stanton o M. Emmet Walsh como actores de reparto puede ser del todo mala», y tenía razón. Gracias a este protagónico obtuvo el galardón póstumo como Mejor Actor en el Festival de Cine de Gijón en 2017. Lucky es un film entrañable y un bellísimo registro de la última actuación de Harry en la gran pantalla; contiene las dosis justas de ternura, reflexión (para nada empalagosa), melancolía, crudeza y amargura. Sí, todo eso junto. Además, hay momentos invaluables como la fugaz aparición de Howard (David Lynch), su mejor amigo en la ficción y en la realidad, un hombre al que “se le escapa la tortuga” del modo más literal que alguien pueda imaginar; el canto de Lucky en medio de una fiesta de cumpleaños; o la sorpresa del plano final.

La canción mexicana que él entona —primero a capella y luego acompañado de mariachis— es un clásico y sus versos dicen: «Este amor apasionado, anda todo alborotado/Por volver/Voy camino a la locura, y aunque todo me tortura/Sé querer/Y volver, volver, volver, a tus brazos otra vez/Llegaré hasta donde estés/Yo sé perder, yo sé perder/Quiero volver, volver, volver». Y cada vez que alguien vea Lucky, Harry volverá a estar un rato con nosotros, aunque sabemos que nunca se fue.


FICHA TÉCNICA
Título original: Lucky
Dirección: John Carroll Lynch
Guion: Logan Sparks, Drago Sumonja
Música: Elvis Kuehn
Fotografía: Tim Suhrstedt
Compañías productoras:
Superlative Films, Divide/Conquer, Magnolia Pictures
Año: 2017
Duración: 88 min.
País: Estados Unidos
Género: Comedia dramática
Distribuye: Maco Cine

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