Fabián Casas llega vivo al ritmo de Peter Frampton

por Gustavo Yuste

Con una obra de teatro breve, la cual puede ser leída tranquilamente como una novela, Fabián Casas vuelve a sorprender a propios y extraños con la publicación de Luis Ernesto llega vivo (Blatt & Ríos, 2018). Puesto en escena 2017, este libro demuestra como la poesía y la narrativa se entremezclan en la obra del autor, a la vez que comprueba la voluntad del escritor de ir en contra de su propio talento para desentrañar fenómenos como la identidad, la familia y los ídolos. 



Pocos autores en la literatura argentina lograron con tanta naturalidad lo que sí pudo hacer Fabián Casas: tomar prestados recursos de diferentes registros, tonos y espacios para encontrar la propia voz. En ese sentido, Luis Ernesto llega vivo (Blatt & Ríos, 2018) es un claro ejemplo de se componente camaleónico del autor nacido en el barrio de Boedo, donde a partir de un recital fallido de Chayanne y la tapa del vinilo Peter Frampton llega vivo (versión argentinizada de Framptom comes alive!) se puede comenzar a construir la historia disfuncional de una familia que parece mirar solo el espejo retrovisor. 

(Leer nota relacionada: Entrevista a Fabián Casas: “Trato de trabajar en contra del confort”)

“Las cosas operan por acumulación y por sustracción. ¿Viste, mamá? Primero somos muchos y después somos pocos. Ahora somos pocos”, dice la Hija, uno de los personajes de esta obra de teatro que juega con la apertura de los sentidos. Siempre que se presenta la posibilidad de explicar o cerrar algo, Casas elige tomar otra dirección, dejando el interrogante abierto. Para eso, al igual que en sus poemas, el autor se nutre de recursos que coquetean con la ironía y la sagacidad.  

Siempre que se presenta la posibilidad de explicar o cerrar algo, Casas elige tomar otra dirección, dejando el interrogante abierto. Para eso, al igual que en sus poemas, el autor se nutre de recursos que coquetean con la ironía y la sagacidad.

Luis Ernesto llega vivo es la primera obra de teatro que el autor decide publicar. Después de trabajar durante años en una obra llamada La felicidad, tal como se puede ver en Diarios de la edad del pavo (Eloísa Cartonera, 2016), Casas elige ir en contra de su propia habilidad y volver a tomar un riesgo: primero con el estreno teatral durante el año 2017 de esta obra y, meses después, con la publicación de este libro. El teatro, bien se sabe, es un género siempre conflictivo para el mercado editorial, pero Casas bien supo romper prejuicios al agotar su poesía reunida en Emecé.


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Luis Ernesto llega vivo



De esta manera, lo que hace a Luis Ernesto llega vivo un libro vital e importante dentro de la obra de Casas no es el gesto provocador de lanzar una obra de teatro, sino comprobar la ductilidad que posee el autor de Ocio para moverse dentro de distintos géneros como la novela, el cuento, la poesía y el ensayo, sin resginar su universo de intereses. En esta obra de teatro, los personajes representan esa búsqueda en diálogos que por breves no pierden su profundidad: “Podríamos jugar a ser otros. Para ver si podemos estar juntos de nuevo, pero siendo otros. No en el sexo, en la vida cotidiana. Es cuestión de intentar”, puede leerse en esa dirección.

Para ser leída de una sentada, esta obra de teatro que bien pudiera ser una nouvelle con registro poético, invita a repensar los vínculos familiares y la nostalgia que se puede tener del pasado.

Para ser leída de una sentada, esta obra de teatro que bien pudiera ser una nouvelle con registro poético, invita a repensar los vínculos familiares y la nostalgia que se puede tener del pasado. Frampton no encarna solo al autor del entrañable hitazo “Baby, I love your Way”, sino a la época en la que todavía se podía tener grandes ídolos y los consumos de masas eran algo que servía para formar una personalidad en primera instancia, hasta llegar a una identidad. La familia, por su parte, era la red de contención de todo ese proceso, donde un vinilo comprobaba la vieja frase de John Lennon: ser más grande que Jesús. 

“No es una copia. Es…un acto de amor. Todos somos bandas tributo e alguien. No se hagan los originales”, se afirma cerca del final, demostrando por qué el rock, en todas sus variables como la balada pop de Frampton, pegó tan fuerte en una generación. No eran sus letras o sus melodías únicamente, era ese intento obstinado por hacer cosas nuevas siguiendo las mismas fórmulas, algo que tranquilamente se puede aplicar a la vida cotidiana de todos: siguiendo las instrucciones familiares, buscamos no cometer los mismos errores. Las bandas, al igual que las familias, no duran para siempre y Luis Ernesto llega vivo sirve para ver este fenómeno de manera poética e íntima. 


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