El gato de Schrödinger: física cuántica, fútbol, anarquismo y zombis en un vestuario

por Laura Gómez

El gato de Schrödinger es una pieza escrita por el uruguayo Santiago Sanguinetti y dirigida por Pablo Seijo en la versión argentina que participó de la tercera edición del Festival Internacional de Dramaturgia. Con altas cuotas de humor delirante y mucha testosterona en el aire, la puesta mezcla física cuántica, fútbol, anarquismo y zombis en el micromundo de un vestuario. Puede verse los lunes a las 21 hs. en TIMBRe4 (México 3554).


Néstor (Facundo Aquinos) es el 10 de su equipo, pieza clave y posible salvación. Pero en el entretiempo del partido más peleado decide abandonar la cancha por cuestiones científicas.  Ellos van perdiendo tres a cero pero —conforme a los enunciados de la teoría de Erwin Schrödinger (la que reza el título de la obra y aquella que Néstor ha absorbido de dudosos tutoriales colgados en YouTube)— en el mundo físico es posible que ocurran dos hechos al mismo tiempo en distintas dimensiones del “multiverso”: un gato puede estar vivo y muerto a la vez. Entonces, Néstor deduce que su equipo puede estar ganando y perdiendo simultáneamente. Si los ojos del observador no se posan sobre el acontecimiento, este no tiene por qué ocurrir.

A partir de su decisión se desencadena una serie de episodios que desembocan en la paranoia frente a una posible invasión zombi. En ese micro-universo que es el vestuario de un estadio de fútbol (un espacio que desborda testosterona y homofobia), se ven obligados a convivir el jugador en cuestión, el DT (Pablo Cura), uno de los dirigentes del club (Horacio Acosta) y las mascotas del equipo, Roberto y Alfredo (Juan Isola y Guido Losantos), dos peluches gigantes con forma de gato. La situación empieza a complicarse cuando entran a escena las versiones replicadas de algunos personajes (Manuel Malaspina, Emanuel Parga) que habitan esos mundos paralelos en donde todo puede ocurrir.

El texto es ocurrente y está excelentemente sostenido por los actores. El desempeño del elenco es parejo, pero vale la pena mencionar la performance de Isola, quien actúa todo el tiempo dentro de su disfraz e incluso dobla a otro de los personajes. A la hora de poner estos delirios en escena, los recursos son ingeniosos y generan sorpresa entre los espectadores. La carcajada es inevitable frente a la mascota que decide renunciar a su humanidad para convertirse en gato o durante el acalorado debate que se desata cuando intentan identificar a qué cuadro pertenecen: ¿Unidos por Ho Chi Minh, Apóstatas de la Moral, Rusa Luxemburgo o Liberalismo y Cerveza de La Pampa, Fútbol y Paddle Club?

En su texto Sanguinetti hace colisionar la vida cotidiana con la física cuántica y el resultado es poderosamente lisérgico. Los sentidos estallan cuando ciencia, fútbol y política entran en cortocircuito. Pero la pieza también puede ser analizada desde otra perspectiva: su necesidad de explicar lo humano a través de la animalidad. Ese instinto está representado no sólo en las mascotas sino en el comportamiento de estos hombres del fútbol derrotados por la ciencia o por los fracasos de su propia vida.

Para explicar esta confrontación entre locura cotidiana y pensamiento filosófico, Sanguinetti explica: «De ahí viene mi elección de abordar sentidos gruesos, sentidos filosóficamente pesados, y esto es lo que probé con la trilogía: proponer procedimientos de escritura, juegos, pero al mismo tiempo hablar de Hegel, de [León] Trotsky, de [José Carlos] Mariátegui».  ¿Quién dijo que no puede haber ciencia ficción y física cuántica sobre las tablas? El gato de Schrödinger es la muestra de que esto es posible y pueden lograrse resultados de una comicidad descollante. ¡Vayan a verla!


FUNCIONES: Lunes a las 21 hs. en TIMBRe4 (México 3554)
LOCALIDADES: Por web o en boletería

FICHA TÉCNICA
Autoría: Santiago Sanguinetti
Actúan: Horacio Acosta, Facundo Aquinos, Pablo Cura, Juan Isola, Guido Losantos, Emanuel Parga
Vestuario: Magda Banach
Escenografía: Ariel Vaccaro
Iluminación: Matías Sendón
Diseño sonoro: ZYPCE
Realización de vestuario: Ricardo Rosas
Fotografía: Ignacio Iasparra,
Asistencia de vestuario: Luciana Hernandez
Producción: Poppy Murray
Dirección: Pablo Seijo

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