Reseñas Caprichosas – “Cumbia y religión” de Guido M. Delía: escribir desde la inseguridad

por Gustavo Yuste

Los poemas que integran Cumbia y religión (Caleta Olivia, 2018), de Guido M. Delía, forman un conjunto que hacen de la duda y de los terrenos inestables su mayor fortaleza. Lejos de querer dar respuestas a lo que pasa, el yo poético bucea por sus inseguridades, las analiza y sigue sin un rumbo fijo, intentando encontrar aferrarse de algo, ya sea una canción tropical o un sentimiento. 



Sobre el autor

Cumbia y religiónGuido M. Delía nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Cumbia y religión es su primer publicado. Además, forma parte de las antologías El Rayo Verde (2013 y 2016) junto a sus compañerxs del taller de Osvaldo Bossi.

(Leer nota relacionada: Entrevista a Osvaldo Bossi: “La realidad me permite ficcionar mejor”)


Escribir desde la inseguridad

Comprender por qué se mueve el propio cuerpo no es una tarea fácil. Más complicado, aún, es preguntárselo y eso puede encontrarse en el primer libro de Guido M. Delía, Cumbia y religión (Caleta Olivia, 2018), donde un yo poético se centra en sus propias inseguridades, buscando respuestas que solo ofrecen más interrogantes. “Tengo alma de niño o de niña que se las ingenió para caminar/ solo por la terraza”, escribe el autor.

A lo largo del libro se puede ver un tono reflexivo que hace foco en lo que no se comprende de uno mismo, aceptando los puntos inestables del propio ser: “Siempre con el dolor en mi pecho (…)/ Siempre con miedo”, puede leerse en el poema que abre Cumbia y religión. Sin embargo ese viaje interno que propone cada uno de los versos de este libro no son en vano, no son una simple autoreferencia que gira sobre sí mismo, sino que también existe la noción del trayecto. Por ejemplo, en el poema “Anormalidad”, Delía parece discutir consigo mismo: “Porque ya no tengo miedo/ soy un perro que sabe más de sí/ que cualquier hombre del mundo”.


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Cumbia y religión



El poemario en su conjunto parece ser una invitación a mostrar lo que normalmente se esconde debajo de la alfombra: la incertidumbre, la apatía, la falta de un norte claro. Eso que muchas veces se deja de lado, en Cumbia y religión es constitutivo de una identidad, es lo que hace que una persona pueda distinguirse entre el resto. “Él tiene la palabra para decir lo que quiera/ y sin embargo no le es tan fácil/ encenderse como una mecha”, se describe en el poema “La tartamudez de mi amigo”.

La aparente debilidad es fortaleza y la inseguridad puede llevarnos a lugares de reflexión poco explorados por una conciencia que siempre busca las piedras más sólidas para caminar. De lo dubitativo, puede crecer la confianza, como “cuando el rival de la pelea/ me mira y me enfrenta sin saber/ que no puede ganar”. Después de todo, cuando no se busca la definición, sino el goce, la cumbia hace las veces de religión moderna. No hace falta definirse como bueno o malo, sino saberse alguien que opta por la mejor opción cuando hace falta. Cumbia y religión transmite ese mensaje con poemas sinceros, autocríticos y esperanzadores, como una buen tema tropical.



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