Reseñas Caprichosas – “Luces blancas intermitentes” de Giuliana Kiersz: el teatro es poesía

por colaboradores

Luces blancas intermitentes, de Giuliana Kiersz, es el segundo libro publicado por la editorial Rara Avis. Al igual que el primero, es una colección de tres obras de teatro de la misma autora, que volviéndose libro se prestan a ser leídas más allá de la interpretación. En los tres textos reunidos en el libro, el teatro muestra su íntima relación con la poesía.

*Por Tamara Grosso


Sobre la autora

Giuliana Kiersz

Giuliana Kiersz nació en 1991 en Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. Se formó como dramaturga en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático.

En 2016 fue invitada al Laboratorio de Residencias Artísticas del Instituto Nacional de Artes Escénicas de Uruguay, y a la Residencia de Reflexión e Intercambio organizada por el Centro Cultural Recoleta junto al Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires.

Sus obras obtuvieron varios premios:  “El fin” ganó el primer puesto en el X Premio Germán Rozenmacher a la nueva dramaturgia; “Isabel I” recibió el tercer premio en el XV Concurso Nacional de Dramaturgia organizado por el Instituto Nacional de Teatro y  “B”, una mención en el IX Premio Germán Rozenmacher y posteriormente fue publicada.  “El día que ella dijo que había matado al perro agarré el auto” fue seleccionada por Grupo Alejandría en su ciclo de cierre y publicada por Editorial INTeatro.


El teatro es poesía

Un lector poco acostumbrado a leer teatro puede sorprenderse al abrir Luces blancas intermitentes (Rara Avis, 2018) de Giuliana Kiersz: en este libro no nos encontramos con las descripciones de escenas y los diálogos entre varios personajes habituales en el teatro clásico, sino con textos mucho más parecidos a la poesía. Son textos que no solo pueden disfrutarse mediante la interpretación de la obra, sino también desde la lectura.

Como señala acertadamente Maruja Bustamante en el prólogo o introducción, estos textos también pueden confundirse con largos monólogos, pero tampoco son eso. Están llenos de diálogos, a veces con personajes implícitos y a veces con el interlocutor. Son textos escritos desde y para la libertad: “La libertad de imaginar qué se dice y cómo se dice, [que] no tiene nada que ver con las estructuras de piedra que rigen la comunicación masiva”.



Giuliana Kiersz


La primera de las tres obras, “502″, es una sucesión de escenas desérticas, despobladas de una o de otra manera: rutas, precipicios, montañas, o simplemente la niebla, un espacio impreciso e indefinido que se motoriza narrado por un personaje que no sabe de donde ni hacia donde va, solo sabe que está yendo. La segunda, “B”, comienza en la ruta una vez más, y vuelve a tener como tema central esa soledad del que va de un lado a otro. El texto es movimiento constante. La última, “El día que ella dijo que había matado al perro agarré el auto”, la más corta, tiene a la ruta como eje una vez más, esta vez como el escenario por el que se desplazan un hombre y un perro hacia un final delirante.

Más allá de la centralidad de la ruta, los tres textos funcionan muy bien juntos por compartir un lenguaje, que es el de la dramaturgia y al mismo tiempo el lenguaje poético. Este es un excelente libro para animarse a leer teatro aunque no sea el género que más acostumbramos leer, porque el trabajo de la autora sobre el lenguaje vuelve las tres obras textos independientes, que pueden leerse y disfrutarse más allá de la intención de ser llevadas al teatro, y encontrar los vínculos íntimos que existen entre el género dramático y la poesía.



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