Juan Gelman: la resistencia a la última dictadura cívico militar desde la literatura y la militancia

por Gustavo Yuste

La reciente reedición de Ni el flaco perdón de Dios (Planeta, 2017) vuelve a poner en escena la a figura de Juan Gelman y una vida marcada por la resistencia a la última dictadura cívico militar. Este libro hecho en conjunto con Mara La Madrid, publicado originalmente en 1997, rescata la voz de los hijos de desaparecidos. ¿Qué tenían para decir los sobrevivientes al horror en una década marcada por el neoliberalismo y el indulto? Gelman, una vez más, ofrece las respuestas necesarias para alimentar la memoria.


Gelman, 20 años después

La dictadura cívico militar que tuvo lugar en Argentina entre los años 1976 y 1983 todavía deja marcas en la sociedad. Con el descubrimiento del horror de los crímenes cometidos, la sociedad guardó durante la década de los 90’s un incómodo silencio propiciado por el indulto firmado por el entonces presidente Carlos Ménem y es por eso que libros como Ni el flaco perdón de Dios (Planeta, 2017) resultaron imprescindibles en esa época, para colaborar con la memoria de un pueblo que seguía diciendo Nunca Más. Es en este lugar donde la figura de Juan Gelman, fallecido el 14 de enero del 2014, se agiganta cada vez más.

Ni-el-flaco-perdón-de-Dios-389x292La primera edición de este libro, hecho en conjunto por el poeta y la psicóloga Mara La Madrid, data del año 1997, cuando hablar de la dictadura todavía generaba temores a muchas personas y los desaparecidos eran un tema tabú que rondaba silenciosamente en las sobremesas. Sin embargo, había sobrevivientes que querían ser escuchados, que no dudaban en hablar del tema y para desnudar a aquellos que perpetuaron un plan sistemático de muerte, tortura y desaparición. El objetivo era concreto: que todos se familiarizaran con el término Terrorismo de Estado.

Libros como Ni el flaco perdón de Dios resultaron imprescindibles en esa época para colaborar con la memoria de un pueblo que seguía diciendo Nunca Más. Y es en este lugar donde la figura de Juan Gelman se agiganta cada vez más.

Este libro, junto con muchos otros, se encargó de recuperar las historias de los hijos de desaparecidos, al mismo tiempo que añadió los testimonios de referentes en la lucha por la Memoria, Verdad y Justicia en Argentina, como lo son Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Sin embargo, el propósito de Ni el flaco perdón de Dios – clave para entender el horror del final del siglo XX en el continente – fue dar voz a aquellos hijos que crecieron con padres desaparecidos por una dictadura genocida.

El violento oficio de escribir LSF

Cabe destacar que uno de los logros de este libro es permitir que sean los propios hijos de desaparecidos quienes tomen el protagonismo, haciendo que cada capítulo sea la historia contada en primera persona, quitándose del centro de la escena tanto Gelman como La Madrid. Es por eso que el título nace del testimonio de una de las entrevistadas: “Ya que nos robaron la persona, recuperemos lo que aún es nuestro. El flaco perdón de Dios no nos alcanza”.


La resistencia militante desde la palabra

gelman jovenEn su juventud, Gelman se integró a la recién formada organización Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), de orientación guevarista, la cual combatía desde la clandestinidad a la dictadura militar autodenominada Revolución Argentina (1966-1973). Seis años después, el 12 de octubre de 1973, FAR oficializó su fusión con el movimiento armado Montoneros, que por ese entonces se encontraba en buenas relaciones con el flamante presidente Juan Domingo Perón.

Gelman fue uno de los principales dirigentes de la dirección de Montoneros entre 1973 y 1979, sirviendo como secretario de prensa de Montoneros en Europa, aprovechando su reconocimiento como intelectual. En la jerarquía montonera, llegó a teniente. Cuando abandonó sus funciones, en 1979, expresó en un comunicado que lo hacía para «proseguir la lucha revolucionaria contra la dictadura y por la liberación del pueblo argentino»

En la jerarquía montonera, llegó a teniente. Cuando abandonó sus funciones, en 1979, expresó en un comunicado que lo hacía para «proseguir la lucha revolucionaria contra la dictadura y por la liberación del pueblo argentino»

Su exilio del país comenzó involuntariamente en abril de 1975, cuando viajó a Roma enviado por Montoneros para denunciar internacionalmente la violación a los derechos humanos en la Argentina en el gobierno de Isabel Perón, con los comienzos de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A). Durante esa misión, que también incluía contactarse con otras organizaciones, se produjo el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Salvo por un breve regreso clandestino ese año, Gelman permaneció fuera de Argentina desde entonces, decidiendo radicarse definitivamente en México para construir una de las corrientes poéticas con más peso de la región. 


La desaparición y la búsqueda

El 26 de agosto de 1976, un comando parapolicial de la dictadura cívico militar ingresó a su hogar y secuestró a sus hijos Nora Eva (19) y Marcelo Ariel (20), junto a su nuera María Claudia Irureta Goyena (19). María Claudia se encontraba por ese entonces embarazada de siete meses. Dos años después, en 1978 Gelman supo a través de la Iglesia católica que su nuera había dado a luz, sin precisar el  lugar ni el sexo. En el proceso de búsqueda, la figura de Berta Shubaroff, madre de Marcelo, también fue clave en la búsqueda.

Ni el flaco perdon de dios LSF

Juan Gelman con su nieta.La investigación lo llevó a establecer que su hijo y su nuera fueron secuestrados y trasladados a centros clandestinos de detención: él en Argentina, ella en Uruguay, todo como parte del Plan Cóndor. Nora y su novio fueron liberados pocos días después del secuestro. A fines de 1989 y comienzos de 1990, el Equipo Argentino de Antropología Forense, reconocido internacionalmente por su profesionalismo, logró identificar los restos de su hijo Marcelo, encontrados en un río de San Fernando (Gran Buenos Aires), dentro de un tambor de grasa lleno de cemento, asesinado a sangre fría de un tiro en la nuca.  Su nuera había sido mantenida con vida al menos hasta dar a luz a una niña en el Hospital Militar de Montevideo.

El Equipo Argentino de Antropología Forense logró identificar los restos de su hijo Marcelo, encontrados en un río de San Fernando (Gran Buenos Aires), dentro de un tambor de grasa lleno de cemento, asesinado a sangre fría de un tiro en la nuca.  Su nuera había sido mantenida con vida al menos hasta dar a luz a una niña en el Hospital Militar de Montevideo.

Tras sortear dificultades de los gobiernos democráticos de Argentina y Uruguay para investigar su caso y dar con el paradero de su nieta, en el año 2000 Gelman recibió la noticia más esperada: María Macarena Gelman García  Iruretagoyena, nieta número 61 restituida por Abuelas de Plaza de Mayo, había sido encontrada. Macarena, recién nacida, había sido dada en adopción a un comisario uruguayo y su esposa quienes la anotaron como hija propia bajo el nombre María Macarena. Sus padres habían pensado ponerle Ernesto o Ana, dependiendo el sexo.  Su madre aún continúa desaparecida.


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