Vicente Luy: puntual como un proyectil

por Gustavo Yuste

Catalogada bajo la cómoda y ya inerte etiqueta de “poeta maldito”, la obra de Vicente Luy emerge del olvido que ni siquiera su propio suicidio pudo consumar. Los escritores, y sobre todo los poetas, parecen estar condenados al mismo canon que la música clásica: la única obra que vale la pena es la del autor muerto. 



“Coteja todo; siempre
El que te educa puede ser un ignorante”

“Con amor digo”

Editoriales que antes cerraban puertas bajo el gastado lema, que por repetido ya se cree cierto, de que la poesía no vende, ahora lanzan lujosas y caras ediciones bajo el cartel de neón que anuncia “Poesía completa”. ¿Cuánto faltará para que uno de los monstruos editoriales que inclinan la cancha en la Feria del Libro edite toda la obra de Vicente Luy?

Lo cierto es que a pesar de todo, los versos de Luy ganan adeptos de boca en boca, sin grandes aparatos comerciales, como cualquier buena poesía debería hacerlo. Alternando poemas largos con otros brevísimos, Luy se esmera por dar en el blanco, lográndolo muchas veces, como en estas dos definiciones sobre la poesía:

“-Empiezo por la más obvia: ¿qué es la poesía?
-En teoría, la única ciencia que se ocupa del problema”

“Poesía es conflicto; se atiene uno al conflicto”


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Foto: Alejandro Pihué


Dueño de una provocación cargada de ternura, Luy patea tableros, desafía esquemas y rompe el corset de lo políticamente correcto con el fin de encontrar la palabra certera. Entre sus paletas de colores estaban el amor, la política, la amistad, el sexo, la locura, la actualidad, entre tantos otros, mezclados con una precisión casi escandalosa.

Al respecto, Hernán, uno de los amigos más cercanos de Luy y compañero del grupo Verbonautas durante la década del 90′, señala: “Me causa un poco de extrañeza que gente de generaciones tan diferentes a la de Vicente escriba de forma tan coloquial sobre sexo, televisión, fútbol, tenis, política, y rock nacional casi en la misma forma en que lo hacía él.Generacionalmente Luy fue criado por Luis Alberto Spinetta y Charly García. Por más que la gente de veinte años lo sienta muy próximo, él estaría cerca de los 60 años, es de la “generación long play”

(Leer nota relacionada: ¿Qué es la poesía? #6 Hernán: “Quizá lo que más cerca esté de un poema es donde más lejos esté el que escribe”)

Dueño del pincel, Luy pedía “si me equivoco contradíganme con amor, porque con amor digo”, con ese mismo amor con el que intentaba “llevar a los extras a la victoria”. Poeta de los márgenes, intentaba siempre hallar el centro.

“Vos sos un sol
alguien te lo va a decir.
Decile lo que quieras
que la vida es para bien.
No por la canaleta.
Canalizar la canaleta.
Uno es el paraíso. Que no te roben eso.”


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“Si va a morir gente, votemos quiénes”

A los 50 años, el 23 de Febrero del 2012, Vicente Luy se suicidó saltando desde un séptimo piso en la ciudad de Salta, coronando con ese epílogo lo que había sido una vida tormentosa:

  • Por parte de su abuelo, el poeta Juan Larrea, había recibido una abundante herencia que dilapidó con una vida excéntrica en su Córdoba natal, una provincia un tanto conservadora que aún hoy lo sigue siendo, dándole como resultado una vida estrecha costeada en sus últimos meses en Salta con una pensión por invalidez otorgada tras ser diagnosticado de trastorno bipolar.
  • Luy fue criado por ese mismo abuelo, ya que sus padres fallecieron en un accidente aéreo cuando el poeta tenía apenas un año de edad.
  • Apostó mucho, casi todo, a la poesía y perdió.
  • Estuvo internado un año en el Borda en Buenos Aires.
  • Enfrentó a la policía en Córdoba numerosas veces.

En definitiva, todos capítulos de una vida border que causa rechazo en vida y una atracción pornográfica después de muerto, formando el póster inofensivo que cualquiera pudiera colgar en la pared de su habitación.

Osvaldo Vigna, otro amigo cercano y compañero de Verbonautas, señala al respecto que: “Es como con la pintura: los pintores se cotizan más una vez muertos. Es muy loco porque hay una cosa importante en la búsqueda de Vicente porque él quería ser muy popular pero como poeta, no como otra cosa. Me acuerdo una discusión que era una pelotudez cuando sacamos el libro de los Verbonautas, estaba la foto de cada uno en la contratapa. Vicente decía que eso estaba mal, que el poeta no tiene que ser visibilizado por la cara, sino por lo que escribe, pero perdió por votación democrática”

(Leer nota relacionada: ¿Qué es la poesía? #5 Osvaldo Vigna: “La poesía es lo que permanentemente se va escapando cuando la queremos atrapar”)

“Puntual como un proyectil el sorgo de alepo previene a las cacatúas.
Es tarde de domingo y el picnic termina en mateada.
Los cardos soportan más el viento que al frío y la parte que va de
tus manos a tu falda se sube las medias, me muestra las piernas.
Voy a amarte siempre, siempre”

Vicente Luy siempre fue “puntual como un proyectil”, un estilo directo lleno de imágenes escalofriantemente nítidas que esperan una respuesta por parte de quien lea su poesía. Así y todo, tuvo que costearse por su cuenta sus libros, salvo Poesía popular argentina, aparecido por primera vez en 2009 en CILC y re-editado póstumamente en 2013 por Añosluz editora.

También acuñó el concepto de poesía exprés, que sirve para calificar sus últimos versos, unos aforismos espesos, que condensan en muy poco los que tantos otros dirían de forma larga e ineficaz. “La poesía exprés implica un lenguaje oral, rápido. Y, remite, como todo, a la política. Así hables sólo de sexo”, señalaba Luy en una entrevista al diario La Voz del Interior, y de la cual me gustaría tomar prestado el final para cerrar este texto:

“-Tenés la última palabra. ¿Cómo te querés despedir de esta entrevista?
 -Sonriendo.”

 

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