Entrevista a Bernardo Cornejo: “Con la fotografía uno termina interpretándose a sí mismo”

por Gustavo Yuste

“La fotografía se fue instalando como un hábito primero y después como una necesidad. Es una cuestión de la percepción, una inquietud”, señala el joven fotógrafo y diseñador gráfico que ya lleva realizadas numerosos trabajos que abarcan desde lo periodístico a lo netamente artístico. Entre ellos, se destaca la muestra “Centenario”, en homenaje a Julio Cortázar, con la particularidad de que Bernardo Cornejo vivió durante ocho meses en el departamento que fuera del escritor de Rayuela. “El hecho de estar durmiendo con una cámara en la habitación de Cortázar me obligó a hacerlo”, cuenta el fotógrafo de 23 años, y agrega que la vivienda “tiene una carga muy fuerte”. La historia personal y profesional de Cornejo en esta entrevista que abarca sus inicios, sus proyectos, su relación con la antigua casa de Cortázar y el particular barrio Rawson donde ésta queda ubicada, y muchas historias más.

– ¿Cómo te acercaste a la fotografía?
– Es una pregunta muy difícil, porque no sé por dónde empezar a constestarla. Empecé a sacar fotos acá, en Buenos Aires, hace 5 años aproximadamente, antes de irme a Salta. El paisaje de ahí, la naturaleza, más el hecho de estar en un contexto distinto, se prestaba a incursionar más en la fotografía. Después empecé a trabajar en turismo, lo que me daba más posibilidad de sacarle a paisajes distintos. Por otra parte, siempre me gustó lo social. En Salta estudié antropología y acá en Buenos Aires lo sigo haciendo, y la cámara es otra forma de captar la realidad. Por lo menos a uno le hace trabajar la percepción de otra manera, porque cuando tenés la cámara prendida estás atento a otras cosas. La fotografía se fue instalando como un hábito primero y después como una necesidad. Es una cuestión de la percepción, una inquietud. Además mi papá, Mariano Cornejo, es artista plástico, vengo de una familia con interés artístico, y de alguna forma te pica el bicho… a mí me dio por la fotografía.

– Es una pregunta algo compleja, pero ¿cómo definirías a la fotografía?
– No sé si la podría definir, porque ni yo tengo definido bien qués es, si es una herramienta para algo en particular, como un medio de expresión, de denuncia. Cuando fotografío paisajes, como te contaba antes, es otro asunto completamente distinto. Es tan variado que no te podría dar una definición.

El Cruce Columbia 2014

 

(El Cruce Columbia 2014)

– ¿Alguna vez te pasó, después de sacar una foto, darte cuenta que lo que registraste era distinto de lo que habías observado?
– Sí, todo el tiempo. Para bien y para mal. Son muchos momentos la fotografía, como por ejemplo después de captarla cuando ya la trajiste a tu casa para revelarla, ahí se reviven momentos. También es una muy buena manera de llevar un diario de campo, pero con otros tipos de símbolos, no lingüísticos, sino con imágenes. Además te abre muchas puertas y genera distintas consecuencias: el hecho de estar durmiendo con una cámara en la habitación de Cortázar me llevó a fotografiar, me obligó a hacerlo. Con esa muestra de fotos me pasó algo particular, porque Cortázar con sus textos, a través del lenguaje, jugando con  lo fantástico, con el espacio y el tiempo, rompía la lógica y también el hábitus. Él juega con eso, pone en relieve lo que está implícito. Con la fotografía me pasó algo similar: al sacar las fotos de esta casa, que era como mi segunda casa, uno necesariamente genera un extrañamiento y es otra manera de romper lo cotidiano, de interpelar lo que está tácito, naturalizado. La muestra “Centenario” la hice con ayuda de mucha gente, entre ellas la dueña de la casa, Nelly Schmalko, que se la había comprado a la familia de Cortázar, así que nadie más que ella podía tener naturalizado el vivir en esa vivienda, pero lo que pasó fue algo muy fantástico en términos cortazarianos. Tomando mate con ella en el living, viendo las fotos, ambos empezamos a sentirnos en un espacio que estaba visitado, transitado. De repente estábamos de visita en el departamento, ya no era la rutina diaria. Además de ser muy bello el departamento, tiene una carga muy fuerte. La casa siempre te despierta algo: yo estaba en un momento de vuelta, en un momento muy sensible, de cambio, y sinceramente te penetra el espíritu y la magia de Cortázar.

¿Cómo fue recibida la muestra “Centenario”?
– Por suerte fue muy bien recibida. Salió reproducida en la BBC, en La Nación, en Encuentro, por nombrar algunos medios, siempre con comentarios positivos. Después, nunca la organicé como una exposición con revelado de las fotos, la muestra física por llamarla de cierta forma. Hasta ahora todo se manejó por lo digital y por lo medios. Tengo que encontrar la ocasión de hacerlo, por suerte con Cortázar siempre hay puertas abiertas. Por otra parte tampoco quiero apurarlo, lleva tiempo, las imágenes tienen que estar bien curadas, por ejemplo.

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(“Fortaleza” . Vista aérea al Barrio Rawson, edificio de los Cortázar )

– ¿Cómo fue que llegaste a vivir en el departamento que fuera de Cortázar?
– Yo me crié en ese barrio, después me mudé por la ciudad en la época del secundario y viví por San Telmo, la zona del centro, volví al barrio un tiempo, un montón de mudanzas. Posteriormente me fui a vivir a Salta por cuatro años y cuando decido volver a vivir a Buenos Aires, tenía el inconveniente que donde podía vivir, tenía que esperar 8 meses hasta que se desocupe quien lo estaba alquilando. Entonces, me ofrecieron quedarme en esa casa que pertenece a una familia muy amiga mía: Nahuel, el hijo de Nelly Schmalko, es muy amigo mío, casi un hermano. Lo mismo Nelly, es como una segunda madre para mí. Esa casa la conocía desde siempre, era como una segunda casa, por lo que tenía naturalizado ese ambiente. Recién estando muchos años lejos, en Salta, volver a esa casa me generó un extrañamiento, que antes no tenía, como te conté en la pregunta anterior. Además el azar hizo coincidir la mudanza justo con el año del centenario de Cortázar y, claro, había un revuelo en la ciudad impresionante: me tocaban el timbre, me llamaban por teléfono constantemente.

-¿Qué relación tenías con la obra de Cortázar anteriormente?
– Siempre fui muy fanático de sus cuentos, más que del lado de las novelas como Rayuela. Además, me interesa mucho como personaje. Cortázar generalmente tiene eso con sus lectores, que logra que se interesen por él como personalidad también, no sólo por lo que escribe, sino por lo que hacía, su trayectoria personal. Y bueno, para colmo me quedé en esta casa tan especial y dormía en el cuarto que era de Cortázar. Yo ya lo conocía, por supuesto, pero vivir ocho meses y despertarse en ese cuarto en el momento que se daba el aniversario era algo bastante particular.

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(“Rechiflao”. Biblioteca personal de Julio)

-La casa, además, está ubicada en el barrio Rawson, una zona bastante peculiar de Capital. Vos como conocedor del barrio, ¿cómo lo describirías?

-Es muy particular ese barrio. Yo creo que hoy en día no es lo mismo que era cuando vivía Cortázar, a diferencia de lo que uno siempre suele pensar, que el barrio se mantuvo en el tiempo. Antes era un suburbio medio alejado y hoy en día es una fortaleza que está rodeada por edificios. Por suerte pudo mantener los espacios verdes, la arquitectura, y sobre todo el ambiente que se forma ahí adentro, pero realmente está asediado por los edificios y el crecimiento urbano. También se puede decir que está amenazado, no basta con decir que me gusta mucho el barrio, me encanta destacar eso de que está muy cuidado dentro de todo, pero también hay que señalar que no va a poder mantenerse mucho tiempo ahí a menos que uno intente hacer lo contrario. Están construyendo mucho sobre la Avenida San Martín, están enrejando Agronomía, el club Comunicaciones lo llevaron a la quiebra muchas veces…. Digamos que hay vampiros internacionales que siguen ahí dando vuelta, que tienen sus secuaces  locales hace muchos años. Por ahora sigue siendo una excepción, custodiada por gatos y gorriones, eso siempre. Casualmente una foto que tomé la hice desde un edificio que están construyendo cerca del barrio, y el ingeniero me dijo que donde antes no se podía construir, ahora se puede. Todavía dentro del barrio Rawson está protegido, pero hay que ver cuánto dura. Creo que es ser fiel a Cortázar que cuando uno hable del barrio, hable de los peligros que corre.

-El barrio tiene esa particularidad de estar rodeado por esos tres lugares que nombraste (la avenida San Martín, Agronomía y el club Comunicaciones), los cuales convocan mucha gente y movimiento, pero sin embargo cuando uno hace media cuadra hacia adentro se siente en un lugar espacio y tiempo distinto.
– Esa sensación de la que hablas es muy cierta, la tenemos grabada todos los que vivimos en ese barrio, es una constante. Por eso la gente que vive ahí no se quiere ir, es realmente una desconexión. Eso está registrado por Cortázar en el cuento “Ómnibus”: el camino que hace Clara, pero en el sentido inverso, mirando a los gorriones, al cielo. Es otro mundo. Podés pensarlo de esta forma también: Cortázar fue alguien con mucho mundo, que viajó por varios lugares, pero no habla de todos. En cambio del barrio y de Buenos Aires, sí.

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(“Siempre empezó a llover” . Vista desde la habitación de Julio)

– Anteriormente describías una suerte de relación entre la fotografía y lo escrito, tomando los textos de Cortázar. Actualmente estás trabajando en el diseño de portadas de libros en la colección “Pez náufrago” de Ediciones del Dock , ¿qué relación ves entre el arte gráfico y la escritura?
– Particularmente la poesía es una secuencia de imágenes, osea que relaciones hay constantemente. La poesía juega mucho con la metáfora, la metonimia, hay muchas maneras de decir las cosas y en cada matiz te está diciendo algo nuevo. En el caso del diseño de esta colección, yo me formé de manera autodidacta en mi contexto familiar, lo que no es poco, y ese trabajo empecé a hacerlo de a poco y es muy divertido. Además me pone a disposición un montón de autores que no me eran tan conocidos, no tenía una relación muy cercana con la poesía. Siempre por el hecho de estudiar y por mi interés en lo social, tenía más contacto con otros géneros, como los ensayos. Me costaba mucho ese lado poético, que no tenga un fin definido.

– Hiciste muchos trabajos en fotografía, en distintos contextos, pasando de paisajes al fotoperiodismo. ¿Cuál es el que disfrutás más?
– Están todas esas formas asociadas a contextos diferentes, de los cuáles a todos les saco provecho o creo disfrutarlos. Viene al caso que acá en Buenos Aires estoy disfrutando lo urbano, que fue una necesidad que me primó de un momento para el otro. Lo mismo con la naturaleza en Salta, era otro contexto. Muchas veces no pasa por el producto final, por la fotografía que te guste más, sino por el momento de estar sacándola y las consecuencias posteriores que esa foto pueda provocar.

– De todas las fotografías que llevás sacadas, ¿te acordás de alguna en especial que te haya gustado mucho o tenga algo de especial?
– Es complicado, no sé si hay una. Es como si le preguntaras a un músico cuál es su canción favorita. Conviven de cierta forma todas juntas.

Fuera Austin Powder ! (1)2

(Marcha desesperada de los vecinos, Metán, Salta)

-Por ejemplo, si te dijeran “mostrame tu trabajo en una sola foto”, ¿qué foto mostrarías?
– Mostraría la última serie que saqué, que es la que tengo más en mente. Son fotos que estuve sacando en Cachi, Salta. Tuve la oportunidad de visitar a una pareja de señores ya ancianos, que fueron pastores toda su vida. La señora, Saturnina, me pidió que le sacara dos fotos que necesitaba. Yo fui y le saqué, obviamente, más de dos fotos, a ella y a su esposo. La sensación la tengo presente aún hoy en día, porque la mirada de esas dos personas me dejaron algo adentro que no sé qué es. Me fui de ahí muy tranquilo, pero con algo nuevo adentro mío. Después de reflexionar mucho sobre los hechos, me di cuenta que eran las miradas lo que lo habían generado. Es un caso muy especial, son personas que no saben su edad ni les importa, cuánto calzan en los pies tampoco les importa; la hora que compartí con ellos tomando mate, no encuentro manera de definirla. Viendo las fotos, tiempo después, me puedo dar cuenta de la lectura que hice del momento y del entorno. Con la fotografía uno termina interpretándose a sí mismo, interpelándose.

-Me quedó la curiosidad, ¿qué dos fotos necesitaba la señora?
-A mí también me había quedado la curiosidad, porque no me había especificado nada. Antes de irme le pregunto y ella me contesta que necesitaba dos fotos de ella, es decir que salga ella, “para curarse”, por lo que me pidió que vuelva para llevárselas. Es algo bastante mágico, además que tengo una excusa para volver allá.

Dionisio y Saturnina

(“Dionisio y Saturnina, imágenes que curan”. Pareja de pastores de los Valles Calchaquíes )

-Se puede decir, entonces, que en vos conviven tanto la fotografía como expresión artística como la fotografía de registro, más vinculada al fotoperiodismo. ¿Te interesa alguna más sobre otra?
-En cierta forma mi interés social me inclina un poco más por el fotoperiodismo, el registrar momentos históricos es algo que me apasiona. Ver los comportamientos de la gente, sin ningún tipo de prejuicios más allá de la afinidad política que yo tenga, o si estoy de acuerdo con la marcha o no. Además de esos momentos quedan postales, como una que tomé en el congreso del Partido Obrero en el Luna Park. Esa foto se replicó por centenares, quedó como la postal de un momento histórico. Si fuera un acto de Cristina Fernández de Kirchner o Sergio Massa y representase fielmente un momento histórico también me sentiría realizado. Pero no es ése momento, aquella foto pone a la luz lo que realmente se esta gestando y ocultan los medios, los monopolios de unos o de otros. Por cierto, uno elige qué mostrar, debe saber que también construye verdad, y por lo tanto ser conciente de las implicancias políticas de cada uno de sus actos.

-Para terminar,¿cuáles son tus próximos proyectos?
-Es una buena pregunta. Con la fotografía siempre aparece algo, su dinámica misma te interpela, siempre surge algo. Tengo la intención de exponer, tengo mucho material acumulado, pero también yo soy muy exigente conmigo y con mi trabajo. Si no tengo el tiempo necesario y los recursos que necesito, prefiero no hacerlo. De todas formas yo creo que en el transcurso de este año va a salir.

CMOI, Postal de una transición histórica BCM

 

(“Postal de una transición histórica”. 10.000 luchadores deliberan en el Luna Park. Congreso del Movimiento Obrero y la Izquierda 8/11/2014)

Para conocer más de la obra de Bernardo Cornejo:
Sitio web: www.bernardocornejo.com
Facebook: Bernardo Cornejo Fotografía

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