Al cine con amor: recuerdos de un crítico

por Laura Gómez

Tal vez ustedes no tengan ni la más remota idea de quién fue Roger Ebert. Yo tampoco estaba enterada hasta que vi el documental de Steve James, Al cine con amor (Life Itself). Sintetizar el asunto diciendo que se trata de un crítico de cine sería una brutal simplificación y un insulto para el dedicado trabajo de James.

En estos 120 minutos no sólo se narra la biografía de Roger Ebert sino también algunos fragmentos de la historia del cine y del periodismo norteamericanos que atraviesan su vida de un modo intenso. Pero a lo largo de este recorrido no perdemos de vista ni por un minuto los hechos que marcaron –para bien o para mal– la vida del querido Roger. Y me refiero a él como “el querido Roger” porque al término de este film uno indefectiblemente se siente un poco más cerca de ese personaje que al comienzo nos resultaba ajeno. Gracias a una exhaustiva recopilación de material de archivo y a la destreza en el montaje, podemos ver en pantalla muchas aristas de la personalidad del crítico: vemos su gracia, su sarcasmo, su ironía, su amargura, su solemnidad, su humor, sus caprichos, su enojo, su pánico, su ternura. Se trata sin lugar a dudas de un personaje peculiar, un ser contradictorio, algo excéntrico y, por supuesto, con una gran riqueza biográfica. En él (como en la mayoría de los seres humanos) convive una gran dualidad: por momentos parece inquebrantable en su omnipotencia; en otros, será el simple hombrecito regordete que se oculta detrás de unos gruesos lentes por temor al mundo. Luego de la película uno comprende que su vida ha sido algo así como un torbellino. En dos horas que no se hacen notar, James nos lleva desde su precoz inicio en el mundo del periodismo hasta sus últimos días en los que se dedica a escribir en su blog desde el hospital donde luchó hasta el final contra un cáncer de mandíbula fulminante.

Ebert tuvo una carrera brillante como periodista. Dio sus primeros pasos en el Chicago Sun-Times y a los 21 años logró convertirse en el flamante jefe de redacción. Hacia sus treinta ya era un sólido profesional y en 1975 fue el primer crítico de cine en ganar un Premio Pulitzer. Hasta ese momento, la crítica cinematográfica en tanto género periodístico era completamente ignorada, pero gracias a sus intervenciones, los ojos del periodismo se posaron con algo más de atención en el cine. Resulta interesante la relación (primero laboral y luego amistosa) entre Roger y Gene Siskel, el afamado crítico del Chicago Tribune (un diario leído por las elites cuyo oneroso edificio se ubicaba justo enfrente de las modestas oficinas del periódico donde trabajaba Roger). Ese pequeño abismo los convertía automáticamente en rivales profesionales. Sin embargo, años más tarde Ebert y Siskel terminarían compartiendo un proyecto televisivo que duró hasta la muerte de Siskel en 1999: Siskel & Ebert at the movies, un programa en el que estos excéntricos personajes se sentaban en sus sillones a criticar los estrenos de la semana; todo solía desembocar en acaloradas discusiones entre ambos. Se trataba de una relación de niños: se odiaban y –al mismo tiempo– se adoraban. Tenían serias diferencias en sus juicios pero no los ocultaban frente a cámara; más bien todo lo contrario. Estos matices en la relación con su colega y amigo son retratadas con gran maestría en el documental, y la inclusión de algunas tomas de prueba, luego descartadas para el show de TV, ha sido un gran acierto.

En este film también se desarrollan algunos momentos sórdidos de la vida de Ebert (como su afición a la bebida o las etapas más duras de su enfermedad), pero esto de ningún modo opaca sus éxitos, que no se remiten sólo a su perfil público como periodista sino también a su vida privada. Cuando nadie lo creía capaz, él logró armar una familia junto a Chaz, una mujer afroamericana a quien conoció en una reunión de AA (¡gran anécdota!). A partir de allí, su vida cambiaría por completo.

James se vale de una gran variedad de recursos para reconstruir la vida de Ebert: fotografías añejas en blanco y negro, entrevistas a sus familiares y amigos, material de archivo, cartas, diarios y algunas tomas conmovedoras de sus últimos meses en el hospital. Roger padeció un cáncer fulminante que le impidió comer, beber y hablar, pero no escribir, y esto fue lo que hizo hasta el final para mantenerse con esperanza. El director logra desarrollar lo que en mi opinión es el aspecto más atractivo de la vida de Ebert: su amor por la escritura, por el periodismo y… por el cine.

Imagino que muchos de los que estábamos ahí, sentados en nuestra butaca, garabateando frases en una libretita bajo la penumbra o pensando qué podríamos decir acerca de esta película, nos sentimos un poco identificados con esa pasión (aunque, claro, no le llegaríamos ni a los talones). En este momento me encuentro sentada escribiendo la crítica e inevitablemente pienso qué diría Roger Ebert sobre la película que lo tiene como protagonista. Probablemente se despacharía con un chiste o una ironía al respecto, pero imagino que en el fondo estaría complacido con el trabajo de James, porque ha logrado mostrar con altura toda la paleta de colores en su vida: desde los momentos gloriosos hasta los más miserables.

Vale la pena ver este documental en el que, además, intervienen grandes exponentes del séptimo arte como Martin Scorsesse o Werner Herzog, compartiendo algunas de las mejores anécdotas que los han unido a este querible personaje.

 

Ficha técnica:

Dirección: Steve James

Año: 2015

País: Estados Unidos

Duración: 120 min

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