Dos vidas: Las otras huellas de la guerra

por Lucía De Dominicis

1935. En Alemania la obsesión nazi por la pureza racial engendra el perverso programa Lebensborn, que consistió en hacer que soldados arios tuviesen hijos con mujeres que cumplieran con los requisitos de su raza (principalmente noruegas) para luego quedarse con los bebés y criarlos según sus ideales. Todos esos niños fueron enviados a orfanatos y, luego de la guerra, fueron marginados al igual que sus madres. Años después, en medio de la Guerra Fría, la Stasi (servicio de seguridad de la Alemania Oriental) reclutó a muchos de ellos (o simplemente robó sus identidades) para hacer espionaje del otro lado del Muro. La mayoría de los registros fueron destruidos y hoy en día aún no hay mucha información sobre lo que verdaderamente sucedió con todos esos niños.

1990. Cae el Muro de Berlín y un nuevo horizonte se extiende frente a los ojos del mundo. Muchos de los secretos del pasado parecen volver a abrirse lentamente. Quienes habían callado, comienzan a hablar. Y en ese contexto se ubica la película alemana Dos Vidas (Zwei Leben, en su idioma original), una historia atrapante que cuenta la vida de Katrine, una mujer que lleva una vida normal con su marido y su hija en Noruega hasta que un insistente abogado se cruza en su camino: él quiere resolver el misterio del caso Lebensborn y necesita de su ayuda. Katrine fue una de las niñas criadas en ese orfanato y es una clave para comprender qué pasó allí, pero desde el primer momento se niega a colaborar. A partir de allí, el por qué de su negativa será el hilo conductor de toda la película, junto con algunas escenas que desde el minuto cero hacen dudar de que la historia que ella cuenta sea la verdadera.

La dualidad del film se muestra en esta doble vida pero también en su temporalidad, ya que al tiempo en el que transcurre la historia se le superponen flashbacks que muestran la vida de la joven Katrine en tiempos de la Guerra Fría. Como en todo buen thriller (y especialmente en todo buen relato de espías) el espectador desde el primer momento debe seguir las pistas para lograr saber más que los personajes mismos. Todo el film tiene un tono gris que pinta la época de una forma muy particular: las esperanzas del mundo nuevo siguen teñidas de la amargura del pasado reciente. Por su ritmo y el interés que atrae su historia, Dos Vidas fue seleccionada para competir por el Oscar representando a Alemania. La vida personal de Katrine y la relación con su familia tienen mucha importancia en la película y ayudan a pensar un poco más profundamente en las consecuencias de la guerra a largo plazo, sobre todo teniendo en cuenta que toda la historia se basa en hechos reales. Las ideas de bondad y maldad quedan de lado porque la película parece preguntarnos, al fin y al cabo, ¿quiénes de los que sobrevivieron la guerra no fueron víctimas de ella?

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1 Comentario

vera 25 septiembre, 2014 - 11:10

Vi la película y me abrió los ojos a una realidad que desconocia, muy buena por cierto. ymuy buena tu reseña.

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